La comunicación comunitaria, históricamente arraigada en la lucha por la democratización de la palabra, se encuentra hoy en un punto de inflexión crucial. La irrupción de las mediaciones digitales ha reconfigurado sus prácticas, ampliando sus horizontes de acción al tiempo que introduce nuevas y complejas tensiones (Kaplún 2007; León 2025). Este monográfico se propone cartografiar este territorio donde se anclan prácticas para la transformación comunicacional, reuniendo investigaciones que, marcadas por un enfoque crítico y decolonial, interrogan y se preguntan de manera crítica sobre las intersecciones entre lo comunitario, lo digital y lo político. Los textos aquí compilados no abordan la tecnología como un mero instrumento neutral, sino como un campo de batalla simbólico y material donde se disputan sentidos, memorias y proyectos de futuro.
Este número de Uru invita a comprender que las tecnologías no son neutrales. Como sostiene Latour (2008), los aparatos sociotécnicos implican mediaciones que transforman las relaciones humanas, así como su tejido social, político y cultural. En este sentido, los dispositivos tecnológicos no solo son herramientas con un fin, sino que establecen jerarquías, además de alcances y límites de agencia. Por lo tanto, las tecnologías aportan constituyendo dinámicas de poder que atraviesan tanto instituciones sociales como conductas individuales.
Esas dinámicas de poder mediadas por las tecnologías se potencian por la violencia cultural y estructural (Galtung 2016), que faculta otras formas de violencia directa como la exclusión, el racismo, el clasismo, la violencia epistémica o el machismo, por nombrar algunas.
Es contra esas formas de violencia que las mediaciones digitales en la comunicación comunitaria juegan un rol fundamental. La reapropiación y resignificación de la tecnología no deviene únicamente en la amplificación de voces diversas, sino en potenciar la construcción de subjetivaciones diferentes, politizadas y capaces de exponerse como ciudadanías comunicacionales alternativas, populares y comunitarias.
En este escenario, las epistemologías y teorías de la comunicación comunitaria se ven desafiadas a trascender ese perverso binarismo acceso/uso para complejizar las dimensiones de la apropiación digital y la soberanía tecnológica. Se trata de comprender cómo las comunidades y las nuevas ciudadanías comunicacionales (Dagnino 2004) no solo consumen dispositivos y plataformas, sino que los resignifican y ponen al servicio de sus propias lógicas culturales y organizativas.
Abordar las mediaciones digitales desde la óptica de las ciudadanías comunicacionales alude a procesos sociales y políticos en los que la comunicación se convierte en práctica activa de participación, deliberación y construcción democrática (Dagnino 2004). Frente a la despolitización promovida por el neoliberalismo, este enfoque, desarrollado en el presente monográfico, propone recuperar el sentido colectivo de la ciudadanía como ejercicio de agencia y producción de significados en el espacio público; y comprende a la comunicación comunitaria como el medio para materializar dichas ciudadanías, al generar espacios horizontales de diálogo, representación y reconocimiento mutuo que fortalecen la participación social y amplían el derecho a la comunicación.
Esta reapropiación es un acto político de desobediencia epistémica que cuestiona la colonialidad inherente a muchas tecnologías hegemónicas que vienen reproduciendo ideologías ligadas al capital global, proponiendo en su lugar una relacionalidad distinta entre los seres humanos y no humanos como parte de una ontología comunicacional y relacional con y desde sus territorios y sus herramientas comunicativas. De este modo, la comunicación deja de ser un mero instrumento informativo y se vuelve una práctica política de transformación cultural y social orientada a redefinir las nociones de democracia, de Estado y de participación desde la acción colectiva.
Dos de los ejes centrales que se abordan en este dossier son la tecnopolítica (Han 2014) y el activismo digital comunitario. Lejos de la idea de un ciberactivismo no situado, los casos de estudio muestran cómo las luchas digitales están ancladas en territorios específicos, desde la Amazonía ecuatoriana hasta los barrios populares de Cali. La tecnología se convierte así en un recurso significado para la defensa del territorio material y simbólico, una alerta comunitaria para la vigilancia ante el extractivismo y una ventana para visibilizar resistencias que los medios tradicionales silencian. Este activismo "desde abajo" genera lo que uno de los artículos denomina "gramáticas insurgentes", formas creativas de usar lo digital para tejer comunidad y enfrentar las lógicas de despojo.
Paralelamente, el monográfico profundiza en el análisis de las mediaciones digitales en la producción y circulación de narrativas comunitarias. Se exploran estrategias transmedia, podcasts, radios online y musicales que no solo buscan informar, sino construir contranarrativas capaces de desestabilizar los sentidos de las narrativas hegemónicas. Estas narrativas operan desde la educomunicación, fortaleciendo identidades, revitalizando lenguas ancestrales y fomentando una cultura de paz. La cocreación y la investigación-acción participativa emergen como metodologías clave para garantizar que estas narrativas no sean extractivas de sentidos o epistémicos, sino que emerjan de y para la comunidad.
Finalmente, se abordan los desafíos éticos y políticos inherentes a esta nueva ecología mediática. La brecha digital, la vigilancia corporativa y estatal, el exceso de lo espectacular y el riesgo de folclorización de las luchas comunitarias son algunas de las sombras que proyecta lo digital. Frente a ello, los artículos enfatizan la necesidad de una formación digital crítica y de procesos de educomunicación que equipen a las comunidades no solo para usar herramientas, sino para comprender y transformar las estructuras de poder que las rodean. Este dossier, en su conjunto, es una invitación a repensar la comunicación comunitaria como un espacio vital de invención política, donde la soberanía tecnológica se erige como condición indispensable para la soberanía de la vida misma.
A continuación, se presenta una síntesis breve de los artículos que forman parte de este número monográfico:
El artículo "Aproximaciones a las audiencias comunitarias de una radio indígena: El caso de La Voz de la CONFENIAE", de Ana Cristina Benavides Morales, Andrés Tapia Arias, Nicholas McGuire Simpson y Carolyn Smith-Morris ofrece un análisis fundamental sobre la materialización de la soberanía comunicacional en la Amazonía ecuatoriana. Lejos de limitarse a un estudio de audiencias convencional, Benavides revela cómo la radio La Voz de la CONFENIAE construye una esfera pública indígena donde la programación -desde las noticias hasta la música- funciona como un ritual comunicacional de reafirmación identitaria y resistencia política. Críticamente, el estudio evidencia que el éxito del medio no se mide por su rating, sino por su capacidad para mediar el compromiso comunitario, revitalizar lenguas amenazadas y servir como herramienta de lucha contra el cerco mediático y el extractivismo. El artículo subraya que, incluso en la era digital, la radio FM mantiene una vigencia crucial como tecnología de proximidad y resistencia cultural en territorios con conectividad limitada.
Por su parte, el artículo de Ángela María Lopera Molano "Apropiación social de las TIC: Una experiencia de alfabetización mediática desde la investigación participativa" presenta una reflexión metodológica y teórica profundamente necesaria, que desplaza el foco desde el acceso a la tecnología hacia los procesos de significación cultural. Su trabajo con comunidades agrícolas en Colombia demuestra que la verdadera apropiación tecnológica ocurre cuando las TIC dejan de ser herramientas externas para integrarse a las prácticas sociales, los valores y los proyectos colectivos preexistentes. El artículo critica implícitamente los modelos de "capacitación" verticales, proponiendo en su lugar la investigación-acción participativa como el camino para una alfabetización mediática significativa. Se concluye que la apropiación es, en esencia, un proceso comunicativo que fortalece la asociatividad y convierte la tecnología en un vehículo para la autonomía y la mejora de la calidad de vida desde una lógica comunitaria.
En su artículo "Los regalos sabrosos: Totemismo y semiosis animal en el documental Descenso a la prehistoria (1980), de Erwin Patzelt", Alex Schlenker realiza una deconstrucción decolonial del cine etnográfico al analizar el documental de Patzelt como reflejo de la mirada desarrollista y extractivista del pensamiento occidental. A través del estudio del episodio en el que un gallo ofrecido por el investigador es totemizado por la población waorani en lugar de ser comido, Schlenker evidencia el choque entre dos regímenes de sentido: el científico occidental, que busca clasificar y dominar, y el indígena, que establece relaciones simbióticas y espirituales con lo no humano. Convierte el documental en una metáfora de la insurgencia ontológica de los pueblos originarios y de su soberanía cognitiva frente al saber hegemónico. El autor propone así una reflexión crítica sobre la ética de la representación audiovisual y la necesidad de reconocer otras epistemologías que desafían la jerarquía del conocimiento moderno-occidental.
En "La grieta del espectáculo: Juventud shuar, comunicación e insurgencia tecnológica territorial", Diego José Rivas Moreno propone la "coteorización circular" como método para analizar de qué modo los jóvenes shuar arutam reconfiguran la tecnología desde una lógica territorial y comunitaria. El autor muestra que, lejos de ser víctimas de la colonización digital, estos jóvenes transforman herramientas como el celular y la radio en instrumentos de soberanía, vigilancia y revitalización cultural. Su análisis revela una "gramática insurgente" que desafía la lógica extractivista y reubica lo tecnológico al servicio de los proyectos de vida colectiva, ofreciendo una alternativa crítica a las visiones tecnoutópicas y tecnopesimistas.
Por su parte, en "Educomunicación para la paz: Una estrategia digital para visibilizar procesos organizativos del distrito de Aguablanca, Cali (Colombia)", Carlos Tobar Tovar, Izabella Maldonado Córdoba y Malorin Mora Vélez aplican la educomunicación como herramienta para construir paz en contextos urbanos marcados por la violencia y la estigmatización mediática. A través de la estrategia cocreada "Habitancia Transmedia", los autores promueven narrativas locales de convivencia y memoria que contrarrestan los discursos criminalizantes. El artículo demuestra que la paz cotidiana se sostiene en la producción de relatos propios y que la educomunicación digital puede fortalecer los vínculos sociales y la agencia comunitaria en territorios marginados.
En el artículo "Comunicación comunitaria antirracista y afectos: Una crítica corporizada a la digitalización de la vida", Luis Andrés Padilla Suárez y Lorna Samira Folleco Canga analizan la experiencia de la Cochita Amorosa Lectora, un espacio de comunicación comunitaria antirracista en Ecuador, que emerge como una crítica encarnada a la digitalización de la vida y a la despersonalización de los vínculos. En un contexto de recrudecimiento de la violencia y la racialización de los cuerpos negros-afrodescendientes, esta iniciativa colectiva prioriza los encuentros presenciales y los afectos como dispositivos pedagógicos y políticos. A través de una metodología que integra autoetnografías comunitarias y el análisis de testimonios, el estudio explora cómo la lectura compartida de autores afrodescendientes, la reapropiación del espacio público y la expresión de emociones colectivas configuran una resistencia activa, transformando el dolor en vínculo y reafirmando la dignidad de la existencia negra y afrodescendiente más allá de la virtualidad.