Dossier
URU - Revista de Comunicación y Cultura, No.
13
(Enero - Junio 2026), 28-42. e-ISSN: 2631-2514
DOI: https://doi.org/10.32719/26312514.2026.13.3
Recepción: 28/02/2025,
revisión: 24/09/2025,
aceptación: 30/09/2025, publicación: 09/01/2026.
RESUMEN
Este artículo aborda el desarrollo de un proceso participativo de alfabetización mediática para la apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con comunidades agrícolas campesinas en contextos de brecha digital. El estudio se enfocó en determinar cómo se puede desarrollar ese proceso participativo para desde allí aportar a las necesidades económicas de las asociaciones agrícolas —como los procesos de comercialización de sus productos—, pero también se incluyó el contexto social y cultural en el que las tecnologías empiezan a formar parte de la cotidianidad de los campesinos. Se llevó a cabo desde un enfoque cualitativo y desde la perspectiva dialéctica, a partir de la investigación participativa. En concreto, se desarrollaron tres etapas: la primera, enfocada en el diagnóstico de los usos de las TIC en la asociación, relacionados con aspectos sociales, culturales y geográficos; la segunda, a partir de la realización de talleres diseñados con la comunidad para la apropiación de las TIC, en coherencia con sus necesidades particulares como agricultores; y la tercera, la evaluación participativa del proceso completo de alfabetización mediática. La investigación permitió establecer el desplazamiento teórico que va de la trilogía lineal acceso-uso-apropiación a poner de relieve la construcción de significaciones sociales alrededor de las tecnologías, es decir, subrayar el proceso comunicativo que permite que eso suceda, que esas significaciones se construyan y se transformen en la interacción entre las personas y las tecnologías.
Palabras clave: Apropiación tecnológica, TIC, Agricultura, Alfabetización mediática.
ABSTRACT
This article presents the development of a participatory process of media literacy for the social appropriation of Information and Communication Technologies, ICTs, with peasants framing communities that live in contexts of digital divide. The study focused on determining how this participatory process can be developed and, from there, contribute to the economic needs of the agricultural associations, such as the commercialization processes of their products, but also included the social and cultural context in which the technologies begin to be a part of the daily life of the farmers. This process was carried out from a qualitative approach and from a dialectical perspective, based on participatory research. Specifically, three stages were developed, the first focused on the diagnosis of the uses of ICTs in the association, related to social, cultural and geographical aspects. The second, from the realization of workshops design with the community for the appropriation of ICTs, in coherence with their particular needs as farmers. The third stage was the participatory evaluation of the complete process of media literacy. The research made it possible to establish the theoretical shift from the linear trilogy access-use-appropriation to highlight the communicative process that allows this to happen, that these meanings are built and transformed in the interaction between people and technologies.
Keywords: Technological appropriation, ICTs, Agriculture, Media literacy.
El sentido de la apropiación tecnológica "no está solamente determinado por el uso de la tecnología, sino que remite también a prácticas, representaciones y concepciones compartidas de diferentes grupos de usuarios" (Andrés 2014, 28). Asimismo, Juan Gigli (cit. por Noreña Wiswell 2014, 8) afirma que la apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es "un fenómeno en el cual una persona absorbe, sistematiza y procesa la información, creando nuevas relaciones y nuevo conocimiento, que puede comunicar a otros y aplicar para solucionar necesidades concretas".
Por consiguiente, la apropiación social de las TIC consiste en un proceso formativo, creativo y propositivo de los grupos sociales en su relación con la tecnología, anclado a necesidades individuales o colectivas que buscan un cambio social. En dicho cambio está implicada una serie de prácticas culturales, discursos, imaginarios y representaciones de cada una de las comunidades, los cuales van a modificar de diferentes maneras a la tecnología en cuestión. De acuerdo con ello, "desde esta perspectiva, el uso de una tecnología como internet no es la relación con un objeto, sino con el universo de representaciones culturales con las cuales esa tecnología se articula en la vida de las familias" (Benítez-Larghi et al. 2016, 64).
Benítez-Larghi (2013) afirma que, al ser la apropiación una práctica social, esta involucra un capital simbólico -término tomado de Bourdieu-, que puede evidenciarse a nivel individual o colectivo.
En un nivel individual, esos recursos pueden ser aquellos implicados en la propia vida del sujeto (identidad, subjetividad, relaciones sociales, sexualidad) [...]. La apropiación individual supone un proceso de reflexividad en relación con el reconocimiento de ser sujetos de poder y deseo. Reflexividad que puede o no ser consciente, pero que es condición y al mismo tiempo resultado de ese movimiento de apropiación. (Morales 2018, 30-1)
Lo anterior implica una transformación de esquemas de pensamiento (Crovi Druetta 2008) o características psíquicas del sujeto (cognición y emoción), porque la apropiación ocurre en contextos y en condiciones histórico-culturales específicos, y parte de una relación dialéctica entre el sujeto y el objeto (López 2018). Dicha actividad puede o no estar mediada, pero debe ocurrir a partir de un aprendizaje significativo; es decir, consiste en "la adquisición de un conocimiento que afecta al sujeto de modo tal que provoca en él un cambio duradero y estable del comportamiento, que puede contribuir con la producción de mejoras en su calidad de vida" (López 2018, 38).
Al crearse nuevos o diferentes discursos y representaciones de las tecnologías, se modifican las prácticas y, por lo tanto, hay apropiación (Toboso 2013 y 2014; Sánchez 2016). La apropiación tecnológica puede incluso generar procesos de innovación en los que la transformación depende del conocimiento que se ha logrado adquirir y su manejo en pro del mismo grupo social, en términos de calidad de vida y bienestar. Cada uno tiene su discurso en relación con la tecnología, discurso asociado a unos valores compartidos. En este marco, "para que haya apropiación tecnológica, debe haber un discurso favorable de la tecnología y que se desarrolle en los entornos prácticos del grupo y en los valores, representaciones y prácticas" (Toboso 2014, 47). La no apropiación -es decir, la decisión de no usar una tecnología determinada: "cuando es posible discernir cuándo es o no conveniente usar la herramienta para la resolución de problemas diarios, y cómo se puede combinar efectivamente con otros instrumentos" (Montes 2018, 16)- es también un proceso de apropiación (Toboso 2013).
De acuerdo con todo lo anterior, se puede plantear que la apropiación tecnológica se asume como una apropiación cultural de la tecnología que se desarrolla socialmente. La diferencia fundamental entre uso y apropiación es la capacidad de transformación que se logra en la segunda instancia. No obstante, no es cualquier transformación: se trata del reconocimiento autónomo de las posibilidades que brinda la tecnología y su participación dialógica en las lógicas de funcionamiento del grupo social en el que interactúa; se relaciona con necesidades e intereses, imaginarios y representaciones, valores y principios que rigen a dicho grupo social. De este modo, "la tecnología se adapta para reflejar los objetivos y la cultura" (Montes 2018, 16) y abre posibilidades "de alcanzar objetivos y concretar proyectos" (Andrés 2014, 29). Esto significa que el enfoque de la apropiación, desde esta perspectiva, es discursivo y no instrumental, porque permite también crear e implica transformaciones en el contexto (Casamayou 2016).
En suma, los procesos para el uso y la apropiación social de las TIC son en sí mismos procesos de alfabetización mediática que implican establecer un diálogo y un intercambio recíproco con los actores involucrados. El proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser participativo porque es el que propicia y evidencia las relaciones entre las personas y las TIC y, por lo tanto, las significaciones previas y nuevas que se producen sobre las tecnologías, las cuales van a favorecer la apropiación social de estas.
Estudios previos sobre alfabetización mediática y apropiación social de las TIC en el sector agrícola señalan que estas tecnologías son necesarias para lograr la innovación social (Ievoli et al. 2019; Alavion y Taghdisi 2020). Así, un estudio sobre los usos de las TIC debe incluir las diferentes variables socioeconómicas, ambientales y culturales que posibilitan o no la adopción de estas tecnologías (Samsuddin, Omar y Shaffril 2018; Parmar et al. 2019; Khan et al. 2020; Petridis, Digkas y Anastasakis 2020; Sheng y Lu 2020). No obstante, estas investigaciones se quedan cortas, no logran evidenciar procesos reales de apropiación de las TIC, lo cual se hace más concreto en los análisis cualitativos enfocados en procesos formativos y contextualizados para la alfabetización mediática con las comunidades.
Esta misma discusión ya había sido planteada por De Sousa Santos (2023) y la perspectiva crítica de las epistemologías del Sur. Desde allí se proyecta una ruptura significativa frente a la adopción de innovaciones y la necesidad de superar ideologías dominantes que impiden el reconocimiento de los contextos de acción de las diferentes culturas, al igual que la reivindicación de sus saberes. Es por esta misma razón que los procesos de capacitación no logran cumplir los propósitos para alcanzar la apropiación de las TIC (Bonilla 2016; Quinchoa 2020): no se realiza un diagnóstico inicial de la comunidad en la que se va a llevar a cabo el proceso, ni se tienen en cuenta las habilidades previas de los beneficiarios (Bonilla 2016) o los conocimientos propios, alternativos o emergentes frente al pensamiento colonial (De Sousa Santos 2023). Por esa razón, Quinchoa (2020) propone procesos formativos situados a partir del reconocimiento de los factores geográficos, sociales y culturales que favorecen o no el uso de las TIC.
A esto se le suma la necesidad de trabajar en contextos de brecha digital, como el sector rural, y con adultos mayores que aún están activos económicamente a través de sus asociaciones agrícolas, pero que no acceden al conocimiento que circula en internet, ni han desarrollado capacidades digitales para trabajar en dicho ecosistema. Al respecto, también hay que decir que los jóvenes ya no quieren trabajar en el campo, y que las TIC se convierten en aliadas de los campesinos:
Una de las posibilidades más significativas que las nuevas tecnologías juegan para las personas mayores es la ayuda que les puedan prestar para superar uno de los mayores miedos que tienen estas personas: la soledad, tanto individual como en lo que respecta al aislamiento de sus familiares. De esta forma se aumenta la interacción en el ciberespacio, facilitándose con ello su autonomía personal y social. (Matellanes 2015, 26-7)
Específicamente en Colombia, el desarrollo rural para el sector agrícola se centra en la producción, poscosecha y comercialización para fortalecer las cadenas productivas. Por su parte, las TIC se conciben como herramientas para impulsar, apoyar y soportar los procesos de gestión del conocimiento para la extensión agropecuaria (Barón y Gómez 2012; CO Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación [Colciencias], CO Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural [MADR] y Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria [Corpoica] 2016; CO Ministerio de Tecnología de la Información y las Comunicaciones 2018; Gobernación del Tolima 2019).
De los datos y planes relacionados con las TIC en Colombia se obtienen dos grandes conclusiones. La primera es que todos están orientados a destacar los beneficios económicos y sociales de las TIC y cómo el acceso y la infraestructura son los primeros pasos para lograr la alfabetización mediática. No obstante, este concepto se asume como parte natural del proceso y se evidencia en estadísticas, a partir del número de personas que se han alfabetizado.
La segunda conclusión es la ausencia de datos puntuales sobre acceso y usabilidad de las TIC en el sector rural y específicamente en las asociaciones de productores. Por ejemplo, según la Encuesta de Usabilidad de TIC y Consumo Digital en el sector agropecuario, realizada en 2016 a 2400 productores de siete departamentos de Colombia, se pudo concluir que hay "un bajo aprovechamiento de las TIC por parte de los productores agropecuarios y un uso mínimo de este tipo de tecnologías para mejorar y optimizar los procesos productivos, de bancarización o comercialización" (Mora et al. 2017, 14). Con datos suficientes, los Gobiernos podrían "entender el nivel de madurez de su región en el uso y consumo digital, y de allí partir para segmentar, incluir y democratizar los procesos de apoyo, no solo tecnológicos del campo, sino de las TIC a favor de este" (15).
La ausencia de propuestas de investigación orientadas a la apropiación social de las TIC que se construyan desde o con las comunidades es uno de los principales vacíos de la literatura sobre el tema, al igual que la ausencia de datos sobre acceso, uso y apropiación en el sector agrícola. En coherencia con lo anterior, se plantea la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo desarrollar un proceso participativo de alfabetización mediática con comunidades agrícolas campesinas para la apropiación social de las TIC?
Para dar respuesta a esta pregunta, se desarrolló un proceso para la apropiación social de las TIC con las 36 familias de la asociación Aguacatec en el municipio de Cajamarca, departamento de Tolima (Colombia). El proceso se desarrolló durante un año, desde agosto de 2021 a junio de 2022, a partir de talleres participativos en los que la misma comunidad definió el proceso a seguir. Desde el inicio se plantearon la necesidad de apropiarse de las TIC con el fin de fortalecer sus procesos como asociación y lograr exportar.
Los campesinos que participaron de este proceso se caracterizan por ser agricultores de toda la vida, con escaso o nulo acceso a internet en sus fincas. En la asociación hay 27 hombres (80,6 %) y 9 mujeres (19,4 %). De ellas, cuatro son bachilleres, una llegó hasta 2.° año de secundaria y las demás hicieron solo la formación básica primaria. De los hombres, solo uno es profesional, cinco son bachilleres, siete concluyeron la primaria y los demás no estudiaron o no llegaron hasta 3.° de primaria. Las edades de los asociados oscilan entre los 40 y los 80 años; veintiuno son adultos mayores y los quince restantes son menores de 60. Tanto la escolaridad como la edad de los participantes son aspectos que determinan la propuesta metodológica de la investigación e implican retos mayores para lograr una apropiación social de las TIC que beneficie al sector agrícola.
La metodología se sustenta en el enfoque cualitativo desde la perspectiva dialéctica; por lo tanto, el desarrollo de todas las fases es participativo. El enfoque cualitativo del trabajo con comunidades permite la comprensión en profundidad de las interacciones que se desarrollan en su vida cotidiana; es coherente con la investigación en la medida en que permite comprender las formas en que las TIC adquieren sentido en las representaciones culturales de los agricultores. Los métodos cualitativos permiten observar una realidad concreta y los significados que se desprenden de esta realidad, que varían de acuerdo con la cultura y que también representan la lectura del investigador desde su posición contextual y experiencia de vida (Hussein 2009; Tracy 2013).
Por su parte, la perspectiva dialéctica se enfoca, como señala Canales (2006), en la aplicación de la praxis en la ciencia social. Tiende a desmarcar la diferencia entre el investigador y lo investigado, porque este último se convierte en actor de todo el proceso, como ejecutor, ya que es él quien puede transformar su entorno (Alberich 2000).
Esta perspectiva dialéctica es también reconocida como una investigación-aprendizaje que genera constantemente procesos de acción y reflexión (dialécticos) en los actores, y así puede producir los cambios para atender las necesidades que se evidencian en el proceso. La perspectiva dialéctica de la investigación social "proporciona una vía de reflexión y acción que les puede permitir una toma en consideración autónoma de la génesis de sus necesidades, así como construir aquellas formas de vida e inserción social que consideren más acordes con sus intereses" (López Sánchez et al. 2018, 34).
Por consiguiente, los estudios participativos se caracterizan por captar la complejidad de la realidad social, por diseñar relaciones comunicativas que conduzcan a espacios participativos validados por todos los actores y por hacer conscientes las prácticas de estos en relación con el fenómeno estudiado, para una posible transformación. Lo anterior significa que la investigación participativa supone el desarrollo de procesos creativos para la construcción colectiva del conocimiento, pero también para que la comunidad pueda apropiarse del proceso, continuarlo sin el acompañamiento de actores externos y consolidarlo en planes de acción sostenibles (López Sánchez et al. 2018).
La propuesta para esta investigación se desarrolla en tres etapas: una primera de diagnóstico, una segunda de acción-reflexión-acción y una final de evaluación. Al no ser un proceso lineal sino uno circular, se puede representar como en la Figura 1 :
Las tres etapas confluyen hacia un fin común, que es la producción agrícola y la búsqueda de mecanismos para mejorar la calidad de vida de los agricultores. El proceso es circular porque debe ser constante y dinámico; el diagnóstico es el punto de inicio, pero también el punto de llegada para un nuevo proceso y una nueva evaluación, y así sucesivamente.
La primera etapa inicia por el diagnóstico, cuyos objetivos son: 1. caracterizar los usos que los campesinos de la asociación dan a las TIC en dos de los diferentes espacios de su cotidianidad (unidades productivas y hogares), a partir de variables generales y particulares de cada cultura; y 2. determinar las variables geográficas, culturales y sociales que posibilitan los usos cotidianos de las TIC en la asociación.
Para obtener las variables generales sobre el uso de las TIC, se acude a la revisión de la literatura, especialmente a los estudios cuantitativos sobre usos y adopción de las TIC, y se aplica la técnica de la encuesta participativa, que se construye con la misma comunidad. Para identificar las variables contextuales de la asociación (variables geográficas, sociales y culturales), se trabaja con técnicas como la cartografía social y la entrevista. Esta etapa concluyó en un plan de acción diseñado por las familias que tiene como finalidad llevar a cabo un proceso formativo para la apropiación social.
En la segunda etapa se desarrollaron talleres participativos (denominados "talleres TIC") para aprender a usar las TIC, especialmente las aplicaciones del celular, las búsquedas en internet y Office (Word, PowerPoint y Excel). Lo anterior, de acuerdo con el plan de acción que la misma asociación definió.
Finalmente, en la tercera etapa se realizó una evaluación conjunta de los talleres y una evaluación de la investigación, desde los aspectos teóricos y metodológicos, para el desarrollo de procesos formativos de apropiación social de las TIC en contextos de brecha digital.
Las variables generales que posibilitan o no los usos de las TIC sí permiten tener un panorama general, pero nunca contextualizado, del uso de las TIC en el sector agrícola. Permiten diagnosticar, pero no son suficientes para plantear el desarrollo de una propuesta de apropiación tecnológica con una comunidad específica. Determinar las variables geográficas, sociales y culturales es importante en ese diagnóstico porque están relacionadas con los significados que han construido las personas sobre las TIC y sus potenciales usos en una comunidad específica.
Las variables geográficas se evidencian en el cultivo desde el proceso de la siembra hasta el transporte al centro de acopio y la venta al consumidor. Sin embargo, en la asociación se encuentran desligadas de los usos de las TIC, es decir, hay un no uso. Las tecnologías digitales no se conciben como espacios de circulación de información o de generación de conocimiento; por ejemplo, para que todos los asociados puedan compartir, aprender o resolver dudas sobre el cultivo.
En las variables sociales hay también una necesidad que podría potenciar el uso y la apropiación de las TIC, relacionada con la elaboración y actualización permanente de las estadísticas de las fincas, incluidos los gastos y los ingresos de las familias; al mismo tiempo, se podrían potenciar los usos que hacen las mujeres de la asociación y las formas de compartir sus nuevos aprendizajes. Sin embargo, tampoco se logró evidenciar que establecieran una relación al respecto.
Las variables culturales son las más significativas, porque el sentido de pertenencia por la asociación y su cooperación constante los ha llevado a hacer capacitaciones, a vincularse con otras asociaciones, a acceder a certificaciones y a querer seguir alcanzando el deseo de exportar; estas son motivaciones importantes para que usen las TIC. Otro aspecto central es que los hijos y nietos forman parte de la asociación porque saben cuál es la importancia que tiene como legado de sus padres o abuelos; tanto hijos como nietos sí utilizan las TIC porque las requieren para sus estudios, aunque estos usos sean muy limitados. En suma, un aspecto que sí es decisivo y que no se encontró en las variables generales que posibilitan el uso de las TIC es la asociatividad. Si las personas forman parte de una colectividad y esta ha generado procesos previos para fortalecer el sentido de pertenencia y ha trabajado de manera articulada, es mucho más factible que se puedan desarrollar procesos de alfabetización mediática para la apropiación social de las TIC.
Todo lo anterior demuestra que sí hay prácticas socioculturales que caracterizan a la asociación y que pueden convertirse en prácticas potenciales para el uso de las TIC, tales como el registro de las fincas, la generación de nuevos conocimientos sobre el cultivo, la comunicación entre los miembros de la asociación, la obtención de certificaciones y la comercialización.
De igual manera, los significados que las personas otorgan a las TIC permiten saber qué piensan sobre ellas e, incluso, cómo se han configurado esas significaciones y cómo las representan. En la asociación, esto se evidenció en las necesidades que manifestaron en los encuentros. Los participantes ven a las TIC como herramientas o tecnologías virtuales o digitales que permiten la modernización de los procesos de las fincas y de la asociación. Estas afirmaciones están relacionadas con un discurso instaurado institucionalmente que se replica en las entidades de gobierno, pero también en los medios de comunicación. En este caso, es un discurso que se repite pero que no se comprende claramente; es una exigencia que viene de afuera sobre la cual entienden poco en el sentido práctico.
Más adelante, en el desarrollo de los talleres y en la evaluación participativa, estos significados de las TIC se comenzaron a transformar y los participantes les dieron mayor contexto y profundidad. Desde los primeros encuentros señalaron que les permitían comunicarse mejor como asociación para saber más sobre el cultivo y el manejo del producto, especialmente para lograr nuevas certificaciones, conocer precios y condiciones del mercado, fortalecer las buenas prácticas agrícolas, saber de plagas, insumos y cambios en el clima...; en suma, las TIC son interacción y generación de conocimiento. Por medio del WhatsApp lograron conocerse más y fortalecer la unión, el compañerismo y el interés por el manejo de la tecnología.
Por consiguiente, las TIC son prácticas sociales porque remiten a valores, intereses, objetivos, creencias, acciones, representaciones. Por ejemplo, la tecnología se relaciona ya con el diario vivir porque forma parte de ello. Les emociona aprender a usarla y no quedarse atrás frente a otras personas, compartir en sus familias los nuevos conocimientos.
Los talleres se diseñaron teniendo en cuenta que la apropiación requiere el reconocimiento de prácticas individuales con las TIC, las cuales surgen de necesidades particulares de la persona identificadas en el diagnóstico. A esto se suman las transformaciones colectivas, es decir, cómo se modifican los temas de conversación y las formas de comunicación, y cómo se construyen los significados que dan sentido a su hacer -algo que se vio en el desarrollo de los talleres-.
Durante los talleres se sistematizó la información obtenida y se la devolvió a la comunidad para que creara nuevas formas de interacción con la tecnología (Francés et al. 2015). De igual manera, se diseñaron talleres para propiciar un ambiente participativo, de relación horizontal entre todos los actores, en los que primaran la seguridad y la confianza, el diálogo y la negociación. Cada paso del taller se reinventó con la gente; por el contrario, si existiera un modelo, se habría tenido que aplicar de manera mecánica (Caballero, Gutiérrez y Villasante 2019).
La investigación participativa también supone que la comunidad pueda apropiarse del proceso, continuarlo sin el acompañamiento de actores externos y consolidarlo en planes de acción sostenibles (López Sánchez et al. 2018). Por ejemplo, en el último taller se cerró el ciclo del proceso, se retomó el plan de acción construido al inicio y se planteó uno nuevo con los retos a seguir. Este será el inicio para un nuevo proceso o etapa de apropiación social de las TIC. En suma, es un proceso cíclico y a largo plazo porque la investigación participativa es una intervención dirigida al cambio o a la acción concreta. La apropiación tecnológica como teoría y la investigación participativa como metodología confluyen en lo mismo: la toma de conciencia, el empoderamiento y la creación colectiva de las comunidades.
El acceso y el uso de las TIC no son iguales para todos y no ocurren en los mismos tiempos. Como son procesos sociales, se coconstruyen en la medida en que afectan las mismas formas sociales en las que se insertan: los talleres TIC cambiaron rutinas y prácticas de las familias de la asociación, y esto produce nuevas concepciones sobre la tecnología y necesidades de aprendizaje o proyectos colectivos que antes no eran evidentes.
Lo anterior significa que, al iniciar un proceso para la apropiación social de las TIC, no deben dejarse de lado los aprendizajes de la teoría de la difusión de innovaciones (Rogers 1983), la teoría de la acción razonada (Fishbein y Ajzen 1975), la teoría del comportamiento planeado (Ajzen 1991) y el modelo de aceptación tecnológica (Davis 1989), pues brindan elementos clave para entender cuáles son las motivaciones o las variables que determinan los usos actuales y posibles de las tecnologías. No obstante, su visión sigue equiparando la tecnología al dispositivo o artefacto; se enfoca solamente en su componente material (Castetlón y Novas 2016), que es lo que se ha pretendido superar con investigaciones desde el paradigma de la apropiación tecnológica.
Ahora bien, los términos acceso, uso, adopción y apropiación cambian su sentido dependiendo de la teoría que los cobije. En este caso se decidió optar por el paradigma de la apropiación tecnológica. Para lograr la apropiación tecnológica es necesario crear escenarios de interacción con las tecnologías. Por lo tanto, el desplazamiento teórico va de la trilogía acceso-uso-apropiación a poner de relieve la construcción de significaciones sociales alrededor de las tecnologías; es decir, resaltar el proceso comunicativo que permite que eso suceda, que esas significaciones se construyan y se transformen.
Esta postura va mucho más allá de la desarrollada por la vertiente de los estudios de la comunicación cuando se abordan las audiencias activas y la recepción de las significaciones sociales de los mensajes mediáticos (Martín-Barbero 1987; Silverstone 1996; Thompson 2003). Estos estudios se quedan en la apropiación o interpretación activa de los mensajes, y no se desplazan hacia la tecnología misma, en este caso la digital, ni hacia las relaciones de significado que se generan constantemente entre ella y las personas. Por lo tanto, aquí se propone entender la teoría de la apropiación tecnológica como el diseño o la creación de procesos comunicativos entre las personas y las tecnologías, a partir de espacios de interacción físicos y digitales que motiven el diálogo y la negociación, la construcción de nuevas o diferentes significaciones, la autonomía y la creatividad, lo cual debería servir para sustentar los proyectos de alfabetización mediática.
La apropiación social de las TIC, entendida como un proceso comunicativo, significa que el centro de la propuesta teórica está en la interacción entre las personas y las tecnologías, tomando a estas últimas como prácticas sociales ancladas a la vida cotidiana, a las rutinas de las comunidades. Esto quiere decir que el paradigma de la apropiación tecnológica debe centrarse en indagar cómo vive y se comunica la gente, en cómo esto contribuye a la formación de comunidad (fortalecimiento de la asociatividad, por ejemplo) y en cómo se construye ciudadanía en función del uso o no uso de las TIC. Para ello se requiere una apuesta no solo teórica, sino metodológica.
La perspectiva metodológica fue el camino que se trazó a partir de la identificación de las significaciones que tienen las TIC para los participantes. Se basó en una propuesta contextualizada de formación -y no de capacitación (Quinchoa 2020)- sustentada en la investigación participativa, porque la apropiación social incide en nuestras estructuras cognitivas, así como en las afectivas y emocionales, al haber una atribución de sentido y una influencia del entorno sobre el sujeto (López 2018). Esto es, los procesos de formación para la apropiación social de las TIC no solo trabajan aspectos relacionados con su uso como herramientas, sino como mecanismos que además favorecen la cohesión social, la interacción y, por ende, la comunicación, la producción de conocimiento y el aprendizaje colaborativo. Todo proceso de formación lleva a las personas a convertirse en mediadores de otros procesos de aprendizaje; es decir, pueden enseñar y compartir conocimientos (Kapondera, Panteli y Bernardi 2020; Lisha y Huiqin 2020). La formación para el desarrollo de habilidades digitales redunda en la educación de los participantes y en el aprendizaje significativo, un aprendizaje para la vida y para mejorar la calidad de vida.
No obstante, los procesos de empoderamiento para lograr la apropiación social de las TIC son largos y complejos. Primero, porque los diseños participativos chocan con los diseños tradicionales de las capacitaciones que constantemente reciben estas asociaciones agrícolas, en los cuales son receptoras y no actoras principales del proceso; y, segundo, porque los participantes mantienen las jerarquías en la relación con los expertos que vienen a enseñarles, aspecto que dificulta mucho el diálogo horizontal.
La apropiación tecnológica como proceso comunicativo no se puede representar en un modelo que se sigue paso a paso, y mucho menos en un modelo lineal. No es la tecnología en sí misma la que podrá solucionar los problemas del sector rural y generar un cambio económico, sino plantearse el desafío de pensar cómo involucrar a las comunidades en un proceso que nazca de ellas mismas o que sea liderado por ellas mismas, para que participen de manera auténtica y esto pueda redundar en un mayor empoderamiento. Desde allí podrían nacer políticas públicas que favorezcan realmente la apropiación social como proceso comunicativo y de alfabetización mediática.