Ensayos


La posverdad como discurso social y producto de la hegemonía


Post-Truth as a Social Discourse and Product of Hegemony


DOI: https://doi.org/10.32719/26312514.2024.9.7


URU: Revista de Comunicación y Cultura, n.° 9 (Enero - Junio 2024), 101-114. e-ISSN: 2631-2514


Fecha de recepción: 31/10/2023 - Fecha de revisión: 14/11/2023
Fecha de aceptación: 25/11/2023 - Fecha de publicación: 01/01/2024



Carlos Aulestia Páez ORCID

Universidad Nacional de Córdoba Córdoba, Argentina aulestia.carlos@gmail.com



RESUMEN

La posverdad es un concepto que describe la tendencia en la cual las emociones y las creencias personales influyen más en la opinión pública que los hechos objetivos y la evidencia verificable. En la era de la información digital y las redes sociales, la posverdad se ha vuelto más relevante, ya que la desinformación y las noticias falsas pueden propagarse rápidamente y dificultar la distinción entre verdad y falsedad. Este fenómeno plantea desafíos significativos para la toma de decisiones informadas y la confianza en los medios de comunicación y las instituciones. El presente texto analiza el aporte del trabajo de Marc Angenot, semiólogo y crítico literario, que se basa en una profunda investigación semiótica y retórica para identificar patrones discursivos, estrategias de persuasión y la evolución de las discusiones políticas en ese período histórico. Su obra destaca la importancia de los discursos en la transformación de la sociedad y la creación de una nueva conciencia política. Además, Angenot establece una tipología de discursos que ha sido influyente en el estudio de la retórica y la comunicación política.

Palabras clave: Verdad, posverdad, discurso social, hegemonía


ABSTRACT

Post-truth is a concept that describes the trend in which emotions and personal beliefs influence public opinion more than objective facts and verifiable evidence. In the age of digital information and social media, post-truth has become more relevant, as misinformation and fake news can spread quickly, making it difficult to discern truth from falsehood. This phenomenon poses significant challenges to informed decision-making and trust in the media and institutions. This text analyzes the contribution of the work of Marc Angenot, semiologist and literary critic, which is based on deep semiotic and rhetorical research to identify discursive patterns, persuasion strategies and the evolution of political discussions in that historical period. His work highlights the importance of speeches in the transformation of society and the creation of a new political consciousness. Furthermore, Angenot establishes a typology of discourses that has been influential in the study of rhetoric and political communication.

Keywords: Truth, post-truth, social discourse, hegemony




Una introducción a la posverdad


El presente trabajo pretende relacionar el pensamiento del autor belga Marc Angenot con el tema de la posverdad, considerada, en general, como apariencia de verdad, lo cual implica también la posibilidad de entender la verdad como apariencia. Indagaré entonces sobre el fenómeno conocido en la actualidad como posverdad, que consiste en una crisis de los criterios para validar y aceptar los acontecimientos y discursos que se consideran verdaderos (lo cual ocasiona que ciertos hechos verificables y creíbles sean desacreditados o ignorados como verdades) y, paralelamente, que una variedad muy amplia de narrativas evidentemente falsas circulen y sean asumidas por considerables segmentos de la población como hechos que efectivamente sucedieron.

El planteamiento de base de esta propuesta consiste en mostrar que la posverdad es una forma discursiva que corresponde a una problemática actual de la verdad y de los criterios que existen en esta etapa histórica para considerarla como tal, los cuales se hallan en crisis en razón de que, como elementos que forman parte de un sistema o red de discursividades, se pueden considerar componentes de una hegemonía particular, susceptible de comprenderse y explicarse en los términos de la teoría que Marc Angenot propone. En esta hegemonía, los principios tradicionales del discurso social sobre la verdad ya no resultan funcionales y han entrado en contrapunto con otras discursividades.

¿Cómo entra la posverdad en este terreno? Esta es una pregunta fundamental para comprender el problema, porque únicamente en determinadas condiciones históricas y sociales -como las que se presentan en el corte sincrónico propuesto en la tesis: el período comprendido entre el año 2017 y la actualidad, es decir, los últimos seis años- existen elementos para entender la forma en que este concepto y el discurso que surge de él se han vuelto visibles y dignos de atención y reflexión, han empezado a circular y a formar parte de los entramados discursivos que constituyen la hegemonía.

Me parece importante subrayar una idea explícita de la teoría de Angenot que constituye una clave para la comprensión del enfoque desde el cual el pensamiento sobre la posverdad podría considerarse un modo novedoso de entender la verdad, cuyo discurso tradicional, en la etapa histórica que nos encontramos viviendo, se encontraría descentrado y perdiendo vigencia en el ámbito de la hegemonía. Dice Angenot (2010, 18):

El historiador de las ideas se enfrenta constantemente a la obsolescencia de lo convincente y de lo racional. El pasado es un vasto cementerio de "ideas muertas" producidas por personas desaparecidas, ideas que, sin embargo, fueron tenidas, en otro tiempo, por convincentes, demostradas, adquiridas, así como importantes, movilizadoras, etc. Las ideas de las cuales el historiador hace historia son ideas que han sido recibidas como creíbles, bien fundadas, "sólidas" y que, en el momento en que se las estudia, están devaluadas o en proceso de devaluación. Ideas también consideradas inocentes o nobles y convertidas en sospechosas a posteriori (como la "idea" comunista). Ideas en su momento convincentes, estructurantes, convertidas en vanas.

A la luz de estas reflexiones, podríamos plantear que el discurso tradicional sobre la verdad se está extinguiendo, convirtiéndose gradualmente en una "idea muerta", en palabras de Angenot, y que el proceso que explica la posverdad surge de este "agotamiento" actual del discurso de la verdad.

Por otro lado, en el campo del pensamiento acerca de lo social, es preciso comprender la forma en que se piensan en la actualidad el orden y la estructuración del entramado discursivo que constituye la hegemonía. La esfera social en la que se presentan el discurso de defensa de la verdad y el que reconoce como algo pensable y decible a la posverdad es, en el período delimitado para la investigación, la que corresponde a la reflexión intelectual y académica, la especulación filosófica y la actividad de los medios de comunicación. Puesto que, para Angenot, todo discurso es un sistema de organización de lo que se piensa y se dice sobre determinado aspecto de la convivencia social, es necesario revisar de qué manera se han ido configurando estas dos discursividades que, si bien se superponen y son opuestas (por un lado, la reivindicación de la verdad frente a su descrédito; y, por otro, el agresivo surgimiento de la posverdad), constituyen el equilibrio, la homeostasis que caracteriza a la hegemonía.

La finalidad de este trabajo será entonces reconocer rasgos generales en determinadas materialidades discursivas sobre la verdad y la posverdad con el objetivo de detectar en ellos qué elementos constitutivos de la hegemonía se presentan como funcionales o activos, lo cual me permitirá establecer el estado de sociedad en el que se inscriben esos discursos, en función de un régimen discursivo que organiza y determina los límites de lo decible y lo pensable en el momento histórico demarcado.


Dimensiones de análisis y lineamientos conceptuales


El objeto del artículo es el fenómeno de la posverdad comprendida como un discurso. Esta indagación lleva una implicación importante: lo que conocemos y aceptamos como verdad también es una construcción discursiva. El problema de la posverdad es, por esta razón, la forma discursiva que en los últimos años ha tomado la muy antigua problemática de la verdad.

Las reflexiones teóricas que se plantean actualmente sobre la posverdad desconocen o eluden este punto de discusión. La condena de la posverdad, que de manera generalizada se ha impuesto en el mundo intelectual, remite necesariamente a un problema clásico de la filosofía y el pensamiento occidental sobre la incertidumbre de si es posible para el ser humano acceder o no a la verdad, dando por hecho que exista. Esta polémica se presenta ya en la filosofía de los antiguos griegos, y se resuelve por medio de una imposición metafísica que puede plantearse así: la verdad existe y el lenguaje ha de dar cuenta de ello. En esto consiste la postura correspondentista defendida por Aristóteles (1994), según la cual los objetos y los hechos son o no son y, desde esta dimensión ontológica, la palabra, el lenguaje, los signos, deben reconocer y predicar el ser o no ser de cada cosa. Este planteamiento de Aristóteles es lo que podríamos comprender como la "invención de la verdad".

La tesis de este filósofo sobre la verdad se fundamenta en la coincidencia entre el acontecimiento y la predicación. Si esta no se produce, aparecen la falsedad, la mentira, el engaño, que impiden el conocimiento, el orden en el pensamiento y, a la larga, la posibilidad de que los seres humanos alcancen un organización social fundamentada en la razón y el equilibrio.

A partir de este punto específico de la historia de la filosofía podemos explicarnos la consolidación de la verdad como esencia de la racionalidad, y resulta interesante observar cómo en esta doctrina la misma postura acerca de la correspondencia entre los acontecimientos del mundo y las construcciones del lenguaje es la indiscutible garantía de que lo que se conoce es verdadero. Queda sin embargo un residuo: la mentira, es decir, la incompatibilidad entre lo que es y lo que se dice. Para usar la fórmula aristotélica, decir de lo que es que no es, o decir de lo que no es que es.

A lo largo de veinte siglos, la fórmula aristotélica sostuvo lo que se ha conocido como verdad, de manera que esta generó otras materialidades significantes sobre las cuales se configuró un modelo de pensamiento, cultura y sociedad en el que existió la certidumbre de lo verdadero como fundamento de la civilización y el pensamiento. El problema surge cuando la fórmula que sostiene la verdad empieza a resquebrajarse, gracias al pensamiento de filósofos como Kant, Nietzsche, Wittgenstein y más tarde los pensadores del llamado "giro lingüístico", que van generando una suerte de desmontaje, escisión o separación de la asociación entre la ontología de las cosas del mundo y las construcciones y representaciones de los signos que las expresan. Surge, además, el hallazgo de Saussure de la naturaleza material del lenguaje articulado, el predominio del significante y la evidencia de que no es necesaria la correspondencia de aquel con lo que suponemos son los hechos.

La posverdad aparece como un término previamente condicionado por una postura filosófica y moral, que consiste, ante todo, en una especie de retorno al paradigma filosófico de la defensa de la verdad como correspondencia del decir y los hechos y objetos ontológicamente establecidos como cognoscibles y reales. Este punto de vista abre la posibilidad de generar una crítica muy aguda de varios autores en contra el pensamiento de los filósofos posmodernos, que son citados de manera displicente como una especie de destructores de la verdad. Lee McIntyre (2018) critica las ideas de Foucault y Derrida, por ejemplo; Maurizio Ferraris (2019) achaca a los "hermeneutas" -como llama con ironía a los pensadores posmodernos- el hecho de haber destruido las condiciones de comprensión de la importancia de la verdad en la sociedad.

Los trabajos y las teorías que existen sobre la posverdad hacen énfasis en la forma en que lo que podría considerarse verdadero objetivamente empieza a menoscabarse cuando se pone en tela de juicio la verdad científica. McIntyre cita el caso de las empresas tabacaleras, que en los años 60 contrataron a científicos sin escrúpulos para crear una estrategia discursiva que contrarrestara la evidencia científica que indicaba que el tabaco produce cáncer. Habla también de los terraplanistas y otras formas aberrantes de versiones contrarias a lo que hoy consideramos verdad porque provienen de la garantía que ofrece el conocimiento científico.

Sin embargo, más allá de lo fundamental que puede resultar este argumento para arremeter contra la posverdad, lo verdaderamente importante aquí es el hecho de que estas formas de posverdad (las teorías de la conspiración, las evidencias supuestamente científicas pero fraudulentas, las estadísticas falseadas en procesos electorales, por ejemplo) no son otra cosa que discursos construidos con el propósito de aparentar que son auténticos, los cuales, a su vez, son también construcciones legitimadas en ciertas condiciones históricas como verdaderos. Y el hecho de que haya gente que se convence y transmite estos discursos falaces no es en absoluto una novedad, pues, pragmáticamente, los discursos están hechos para generar lazos sociales de coincidencia y convención con el fin de lograr un consenso de lo que se va a dar por verdad. En este proceso, es imposible omitir las relaciones de poder, pues a escala social, históricamente, las grandes verdades ha sido inducidas o impuestas desde posiciones aventajadas o desde intereses de los grupos que en determinados momentos históricos han detentado la dominación sobre las grandes mayorías.

Desde un enfoque semiótico, el fenómeno de la posverdad aparece como un discurso de transición hacia nuevas formas de establecimiento de regímenes de verdad, lo cual implicaría una coexistencia de discursos que se disputan la centralidad de la hegemonía. El discurso tradicional sobre la verdad ha sido descentrado y ha surgido otro, el de la posverdad, que se ha configurado dentro de los marcos del ordenamiento social de los discursos. En este sentido, la investigación busca analizar qué es lo que consideramos verdad o falsedad en un momento histórico como el actual, en función de las relaciones interdiscursivas que configuran la hegemonía, y, paralelamente, comprender de qué manera la inconcebible y aberrante noción de posverdad ha pasado a formar parte del ámbito de lo decible y lo pensable.

Problemas investigados

Trabajos como "El posmodernismo y el realismo en la aporía de la posverdad" (2021), de Jorge González Arocha, se plantean como objetivos definir qué tipo de fenómeno es el que se estudia bajo el término posverdad ydar una explicación histórica de las razones por las cuales se ha producido, desde una postura crítica bien definida en contra de la filosofía posmoderna. El autor argumenta sobre la importancia de oponerse a la posverdad, debido a que esta implica no conocer cómo se conoce, desdeña la importancia de la verdad en sí misma y provoca la aparición de formas falibles del conocer (González Arocha 2021). Todos estos aspectos tienen implicaciones tanto en la educación como en otras áreas importantes de la estructura social.

González Arocha se pregunta también qué clase de relación filosófica existe entre el concepto de posverdad y el posmodernismo (la filosofía posmoderna) como su fundamento teórico, y concluye que el problema se produce por la inadecuación entre los hechos y las creencias, que serían la forma más notoria de posverdad. Luego dirige una fuerte acusación a los filósofos y pensadores posmodernos, como Foucault y Derrida, por haber desestabilizado el concepto de verdad de tal manera que con el tiempo ha devenido posverdad, lo cual constituye un agudo problema para el conocimiento, la ciencia, los medios de comunicación y la política actual, ámbitos que requieren todos de la estabilidad del concepto de verdad.

En el paper "La teoría correspondentista de la verdad y la confirmación científica" (2021), de Damián Islas, se plantea que la historia de la "verdad" recorre una línea histórica que se puede encontrar en el pensamiento de Aristóteles y llega hasta la filosofía de Immanuel Kant. El autor sostiene que a inicios del siglo XIX los detractores de esta noción correspondentista de la verdad comenzaron a sostener, entre otras cosas, que se trataba de una posición argumentativamente insostenible. Por otro lado, varios pensadores realistas de la ciencia consideran que la verdad es el fin cognoscitivo insoslayable de la práctica científica.

Islas (2021) asevera que, a través del análisis de la validez de algunos argumentos de tipo ontológico, semántico y epistemológico propuestos por algunos defensores de distintas versiones del llamado "realismo científico", con los que se intenta relacionar la supremacía epistémica de las teorías científicas con la verdad, se muestra que, desde un punto de vista lógico, parece difícil confirmar que tales teorías puedan proporcionar conocimiento confiable del mundo natural. Por tanto, los científicos no serían agentes confirmadores de la verdad concreta, sino operadores probabilísticos, esto es, individuos que buscan calcular la probabilidad con la que un "hacedor de verdad" convierte en verdadero a un portador de verdad con el que la ciencia comunica sus resultados.

En este texto, es interesante y útil la crítica que se establece sobre la irrefutabilidad de la ciencia como garantía de verdad, pues, como señala el autor, el científico trata de establecer una serie de probabilidades que puedan ser consideradas y transmitidas como verdad a individuos que no tienen una relación directa con ella. Por ejemplo, el hecho de que una persona tome un medicamento con la esperanza de que mitigue su dolor de cabeza no constituye el conocimiento de una verdad científica, sino un acto de fe que se sustenta en la transmisión de información probabilística que constituye esta suerte de "fabricación" de la verdad que el científico ejerce desde su autoridad como tal.

El trabajo de Federico Aznar (2018, 21) titulado "El mundo de la posverdad" constituye un muy profundo estudio de esta problemática, que el autor define como "la pérdida de horizontes y referencias que implica la posmodernidad y se ha visto acentuada con la globalización". Como se ve por esta afirmación, el autor relaciona directamente, al igual que González Arocha, al pensamiento posmoderno con la posverdad. Aznar observa que el auge de las redes sociales en el ámbito de la política y del periodismo ha generado la difusión desmedida de noticias e informaciones carentes de relación con los hechos, sobre todo por intereses políticos o económicos. Para el autor, la posverdad es un fenómeno que precisa ser superado, pues estropea el tejido social y genera el desorden. Su propuesta es que esta superación se haga "de un modo calmado y acorde a los valores propios, buscando la actuación concertada de la comunidad democrática internacional en tal empeño" (21).

Criterios de definición de los problemas relativos a la posverdad

Se desprende de la revisión del material que la reflexión sobre el fenómeno de la posverdad se ha incrementado notablemente en los últimos años, y que existe un consenso sobre el peligro que este fenómeno entraña a escala social. Los autores consultados lamentan el aparecimiento y el desarrollo de problemas como las noticias falsas, las teorías de la conspiración, los discursos políticos engañosos y la proliferación de falacias en los contenidos educativos, todo lo cual implica la destrucción del tejido social en favor del aparecimiento de burbujas sociales que entorpecen la comprensión general de la vida en comunidad y una visión del mundo equilibrada y tolerante.

Así, los problemas tratados se han definido en función de los campos de la vida en que influye la posverdad. Podríamos citar, por su importancia, los siguientes:

  1. La decadencia de la comunicación social y el periodismo, que se manifiesta por medio de la propagación incontrolable de noticias falsas, calumnias y mentiras.

  2. El deterioro del conocimiento, que se produce como una consecuencia de la imposibilidad de comparar las creencias individuales con opiniones diferentes, de manera que estas creencias se vuelven extremistas y generan actitudes de total intolerancia.

  3. La manipulación a gran escala de mecanismos democráticos como los procesos eleccionarios, lo cual provoca una visión pueril generalizada sobre asuntos de enorme importancia política, además de decisiones fundamentadas en impulsos y emociones, al margen de los procesos de razonamiento.

  4. El latente peligro de dominación social que significa la proliferación de discursos cuyos contenidos se relacionan con actitudes de odio, exclusión, racismo, clasismo, autoritarismo, supremacismo y otros vicios sociales, lo que implicaría el peligro de un colapso del mundo civilizado.

  5. Una peligrosa "falta de orden" tanto en el pensamiento y la opinión común como en la conducta social y el reconocimiento de valores y principios que se supone son fundamentales para la convivencia social, como la tolerancia, el respeto a las opiniones ajenas, el derecho de los otros a manifestarse, la solidaridad y el sometimiento a las instituciones democráticas.

  6. El riesgo latente de que se genere una crisis de confianza tanto en los medios de comunicación como en los organismos de administración social, a partir de la mala utilización y la falta de control de la información que circula en las redes sociales.

  7. Como una suerte de consecuencia de todo lo anterior, el peligro inminente de que los individuos carezcan de criterios para reconocer los discursos que históricamente se han construido como las grandes verdades que regulan la vida en sociedad y la civilización.

Como productos de las investigaciones analizadas, tenemos una abundante bibliografía que busca comprender y crear conciencia sobre los daños que la posverdad puede causar al orden social (Hazard-Owen 2017; Ibáñez Fanés 2017; Llorente 2017; Álvarez Rufs 2018; Fowks 2018; Fuller 2018; Morales 2018; Ramos 2018; Vila de Prado 2018; Peleteiro y García 2019; Sánchez Cotta 2019; Blanco 2020; Herreras y García 2020; Avaro 2021; Schutijser 2022; Nigro 2023). Entre ellos, la mayoría se preocupa por la pragmática de la posverdad, es decir, por los efectos que este fenómeno implicaría en la convivencia social. No obstante, existen también materiales que buscan determinar epistemológicamente qué tipo de fenómeno es el analizado, con el objetivo de situarlo en un campo del conocimiento que permita manejarlo y comprenderlo.

El discurso social según Angenot

La teoría del autor belga acerca del discurso social tiene como base la interpretación de las reglas de construcción discursiva que se producen en una etapa histórica definida y que darían cuenta de cierto "estado social". De ahí que su propuesta metodológica consista en practicar un corte sincrónico en un espacio y en un período específicos (Angenot trabaja París en 1889) para profundizar en el conocimiento de un entramado complejo que incluya toda producción discursiva, impresa u oral, que corresponda en sentido amplio a lo que se considera pensable y aceptable, desde una pluralidad de miradas y enfoques que se emiten desde los sujetos sociales.

Se trata de un planteo que Angenot (2010, 24) reconoce descrito ya por Bajtín en relación con propuestas conceptuales como la heteroglosia, la polifonía y la naturaleza dialógica de los enunciados, fundamentales en el pensamiento del autor ruso.

Este enfoque teórico posibilita el análisis de los discursos como construcciones de sentido que se producen en distintos ámbitos o campos sociales condicionados por el momento histórico en el que se generan, y que se presentan como una red en donde dialoga una infinidad de estructuras discursivas. Esta mirada establece un estado de discurso específico, que vuelve inteligible el proceso mediante el cual ciertos discursos son legitimados e ingresan en el campo de lo decible y lo pensable. Sin embargo, el discurso social no está constituido solamente por las diversas construcciones discursivas que se proponen desde individuos o grupos particulares, sino que estas manifestaciones son signos de un conjunto de regulaciones y parámetros de comprensión e inteligibilidad más amplias y abstractas, que organizan, jerarquizan y fijan principios que incluyen el hecho discursivo en el ámbito de lo que se puede pensar y decir. Sostiene Angenot:

[P]odemos llamar "discurso social" no a ese todo empírico, cacofónico y redundante, sino a los sistemas genéricos, los repertorios tópicos, las reglas de encadenamiento de enunciados que, en una sociedad dada, organizan lo decible, lo narrable y opinable, y aseguran la división del trabajo discursivo. Se trata entonces de hacer aparecer un sistema regulador global pues no se ofrecen inmediatamente a la observación reglas de producción y circulación, así como un cuadro de productos. (21-2).

Desde este planteamiento, Angenot propone el concepto de hegemonía, que constituye un sistema de discursos interconectados en el que predominan ciertas regulaciones que garantizan un equilibrio que permita que la hegemonía sea viable y se sostenga como -una estructura que haga posible reconocer el pensamiento, la opinión y la sensibilidad vigentes en determinados campos sobre ciertos asuntos en una etapa histórica específica. Para Angenot,

la hegemonía es, fundamentalmente, un conjunto de mecanismos unificadores y reguladores que aseguran a la vez la división del trabajo discursivo y un grado de homogeneización de retóricas, tópicas y doxas transdiscursivas. Sin embargo, esos mecanismos imponen aceptabilidad sobre lo que se dice y se escribe, y estratifican grados y formas de legitimidad. (31)

De ahí que sea comprensible la aseveración del autor de que en la vida social no existen manifestaciones casuales, incausadas o inmotivadas, puesto que las normas que regulan la dinámica de la hegemonía implican siempre elementos constitutivos interrelacionados, referentes a aspectos como la tópica, la pragmática y la retórica. Estas normas prescriben lo decible y lo pensable y son coherentes con las condiciones sociohistóricas de una etapa determinada que se ha de delimitar. Las reglas que configuran la hegemonía, para Angenot,

evidencian recurrencias, principios de cohesión, restricciones y coalescencias que hacen que el discurso social no sea una yuxtaposición de formaciones discursivas autónomas, sino un campo de interacciones donde aquellos temas y maneras de ver construyen una especie de cointeligibilidad orgánica fijando los límites de lo escribible y argumentable en un momento dado. (Delupi 2021, 69)

El discurso social, en tanto materialidad, está configurado como "todo lo que se dice y se escribe en un estado de sociedad, todo lo que se imprime, todo lo que se habla públicamente o se representa hoy en los medios electrónicos" (Angenot 2010, 21), que responde a "reglas de encadenamiento de enunciados, los sistemas genéricos y los repertorios tópicos que organizan lo decible y lo pensable en un momento dado" (21).

Los componentes de la hegemonía como guía metodológica

Angenot sostiene que en todo discurso se pueden reconocer al menos siete componentes que se desprenden de su naturaleza hegemónica: 1. lengua legitima; 2. tópica y gnoseología; 3. fetiches y tabúes; 4. ego- y etnocentrismo; 5. temáticas y visión de mundo; 6. dominante de pathos; y 7. sistema topológico (Delupi 2021, 73).

  1. La lengua legítima se refiere al código en el que se componen los discursos, lo cual implica también una capacidad performativa del discurso con respecto a quien lo enuncia; es decir, la estructura discursiva modela al enunciador. Ambos aspectos legitiman el discurso y lo vuelven aceptable y apto para circular en la sociedad.

  2. La tópica es un componente de la hegemonía que se refiere a los lugares comunes (topoi) en los que confluyen los discursos y sobre los cuales se establecen sus divergencias y desacuerdos, lo que posibilita el encadenamiento discursivo. En este componente se desarrolla lo que Angenot llama la doxa, es decir, la base discursiva entendida como un común denominador social. La gnoseología sería, por su parte, un conjunto de normas que delinean la función cognitiva de los discursos. Esta es indisociable de la tópica y corresponde a los esquemas mentales que sostienen la lógica discursiva expuesta en ella.

  3. Para Angenot, los fetiches y los tabúes son dos formas en las que se presentan los discursos e ideas para administrar el principio social de lo intocable (el sacer, lo sagrado). Los fetiches son temas preferidos socialmente porque generan atracción, y los tabúes constituyen una prohibición no exenta de la tentación de transgredirla.

  4. El egocentrismo y el etnocentrismo son niveles que tienen que ver con la propiedad del discurso de determinar al enunciador legítimo, aquel que puede emitir el discurso a nombre propio (desde su individualidad) o enunciarlo en función de una representatividad social vinculada con un "nosotros". Tanto el "yo" como el "nosotros" se atribuyen para sí el derecho de ciudadanía que pretende legitimar su discurso y rechazar el de otros. La cuestión fundamental es quién tiene derecho a la palabra.

  5. Las temáticas y la visión del mundo son componentes que implican un pacto anterior en virtud del cual los desacuerdos deben ser debatidos, lo cual genera polémica y contraste. Son los problemas que a escala general se reconocen como asuntos que deben ser tratados, a manera de un repertorio de temas obligatorios para discutir. Aunque existe un contrapunto, en estos casos se presenta también una convención social, pues estos discursos se desprenden de una visión del mundo generalizada. En ellos se asienta el "rumor social" que se comparte en varias esferas del pensamiento, relacionado con la ideología y sus diversas orientaciones y posturas.

  6. La dominante de pathos es un nivel que consiste en el conjunto de temperamentos o estados anímicos dominante en una época. Se manifiesta generalmente por medio de la sensibilidad artística y las preocupaciones de los pensadores. La dominante de pathos se relaciona con la angustia y el desencanto y responde a una pregunta: ¿cómo se dicen los miedos sociales?

  7. El sistema topológico se refiere a un conjunto específico de discursos que se agrupan en campos o esferas sociales que se relacionan entre sí por medio de dispositivos interdiscursivos. En ellos se manifiestan mecanismos unificadores, pero también diferenciaciones reguladas por el equilibrio sistémico de la hegemonía, que se presenta como una forma de armonía cultural. En este nivel es importante responder la pregunta de cómo se configura el sistema de división discursiva en un momento determinado.


Problematización: La posverdad como discurso social

Los nuevos regímenes sobre la verdad que operan en el discurso comprendido como posverdad responden a factores históricos específicos, que se refieren a los discursos que se han considerado tradicionalmente fiables y creíbles. No obstante, esta relación es ahora problemática, porque la confianza que los sujetos sociales habían depositado sobre la verdad parece haberse agotado, y esa es la razón principal por la que surge un nuevo discurso, que delinea nuevos marcos de referencia que difieren de lo que convencionalmente se ha tenido por verdad.

Es el discurso de la posverdad, que aparece como concepto en 1992 pero alcanza verdadera trascendencia social, académica y mediática alrededor del año 2016, cuando filósofos y pensadores se ocupan de él y lo incorporan al debate intelectual como una "amenaza" para la verdad.

En la definición aristotélica, dos elementos son fundamentales para comprender su concepción sobre la verdad, que permite entender los debates medievales, modernos y posmodernos sobre el tema, hasta llegar al problema de la posverdad. Estos elementos son, por un lado, el ser (lo que es, la ontología) y el decir (lo que se predica acerca del ser, el discurso).

Así, pues, desde la antigüedad griega hasta la filosofía de Kant, el problema de la verdad se inscribe dentro de un marco de interpretación que puede denominarse "corres pondentista" (Islas 2021) y que consiste en reconocer, como rasgo fundamental y prueba de verdad, la congruencia o adecuación entre los referentes (los objetos existentes y los fenómenos perceptibles) y las palabras que los designan. Es una concepción que subsiste durante la etapa moderna de la filosofía. El discurso "correspondentista" acerca de la verdad no cambia en lo sustancial: es verdadero aquello que coincide con los hechos.




Conclusiones


Son la separación y la autonomía del lenguaje con respecto al referente (los hechos, los acontecimientos del mundo) los factores que hacen pensable y decible una concepción de verdad distinta, considerándola como una construcción semiótica-discursiva que en rigor no necesita responder a los fenómenos del mundo. Así pues, en tanto discurso que corresponde a un estado social, la posverdad no debe entenderse como mentira o propaganda. Se trata de una nueva forma discursiva que colisiona directamente con lo decible y lo pensable sobre la verdad en sentido tradicional.

El discurso acerca de la posverdad cuenta con su propio régimen de reconocimiento y argumentación, y por eso se presenta como discursividad en el corte histórico propuesto, en la actualidad. Este discurso cuenta con su propio arsenal argumentativo, en el sentido en que lo plantea Angenot (2023).

Existe una línea clara de discusión que consiste en la postura de varios autores que sostienen que la posverdad es consecuencia de la influencia del pensamiento posmoderno y concretamente de los filósofos relacionados con el giro lingüístico, a los que atacan y responsabilizan del "caos de sentido" que ven en la posverdad. Esto los ha llevado a proponer una especie de "vuelta a la verdad", comprendida estrictamente como la correspondencia entre los hechos y el lenguaje, un problema superado ampliamente en ámbito de la semiótica.

La discusión sobre esta postura, absolutamente inviable y arcaizante, es uno de los aspectos más llamativos del discurso sobre la posverdad en la hegemonía correspondiente al período establecido para este acercamiento.

Se puede decir que el pensamiento de Marc Angenot provee a la investigación de ciertos conceptos y enfoques metodológicos que resultan de gran utilidad para el tema investigado en este artículo, en el que el punto de vista planteado por la teoría de los discursos sociales, y además la mirada sociohistórica, ayudan de forma decisiva a la argumentación sobre la necesidad de ofrecer una visión distinta sobre la posverdad y la verdad que no se resuelva por la ya superada, hace algunos siglos, tesis de la correspondencia entre lenguaje y acontecimientos. En este sentido, Angenot parece ser un autor imprescindible para estas reflexiones.


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