Abducción y sinequismo: Claves peirceanas para descifrar el ingenio del doctor Gregory House


Abduction and Synechismic: Peircean Keys to Decipher the Genius of Dr. Gregory House


DOI: 10.32719/26312514.2022.5.11


URU: Revista de Comunicación y Cultura, n.° 5 (Enero-Junio 2022), 155-165. e-ISSN 2631-2514


Recepción: 29/11/2021, revisión: 01/01/2022
aceptación: 18/01/2022, publicación: 04/2022


Carlos Aulestia aulestia.carlos@gmail.com ORCID

Universidad Nacional de Córdoba (Quito, Ecuador)


RESUMEN

En los últimos años, la doctrina de Charles S. Peirce se ha convertido en un referente insoslayable en el estudio y la interpretación de los fenómenos comunicativos y discursivos observados desde el enfoque semiótico. Esto se debe a la pertinencia y exactitud epistemológica de sus conceptos, que aclaran gran parte de las implicaciones teóricas planteadas en problemas relativos al conocimiento, la significación y la interpretación.
Uno de los campos en los que el pensamiento de Peirce se muestra especialmente fértil es el de la lectura e interpretación de mensajes y narrativas mediáticas, en particular aquellas que se construyen de acuerdo con modelos narrativos tradicionales como la resolución de enigmas, el descubrimiento de la verdad o la comprensión de un misterio por medio de recursos conceptuales de tipo semiótico; es decir, en el marco de la dinámica que establecen los signos entre sí en relación con su mayor potencial, que es la semiosis.
En este artículo revisaremos dos categorías fundamentales en el inmenso arsenal teórico de Peirce, la abducción y el sinequismo, que se aplican con gran rendimiento a la resolución de enigmas. Utilizaré estos conceptos para describir el modo de razonar del conocido doctor Gregory House, personaje principal de la serie televisiva del mismo nombre. Se comprobará que su habilidad para resolver extraños casos médicos es más la de un semiótico que la de un médico, demostrando que su pensamiento, libre de la disciplina de la ciencia médica, es efectivo gracias a sus habilidades abductivas y sinequísmicas, como ocurre en los procesos mentales de los detectives privados.

Palabras clave: Abducción, sinequismo, diagnóstico, indicios, síntomas


ABSTRACT

In recent years, Ch. S. Peirce’s doctrine has become an unavoidable reference in the study and interpretation of communicative and discursive phenomena observed from a semiotic approach. This is due to the relevance and epistemological accuracy of its concepts, which clarify a large part of the theoretical implications that arise in problems related to knowledge, meaning and interpretation.
One of the fields in which Peirce’s thinking is especially fertile is the reading and interpretation of messages and media narratives, especially those that are constructed according to traditional narrative models such as solving enigmas, discovering the truth. or the understanding of a mystery by means of conceptual resources of a semiotic type, that is, within the framework of the dynamics established by the signs among themselves in relation to their greatest potential, which is semiosis.
In this article we will review two fundamental concepts in Peirce’s immense theoretical arsenal, abduction and synechism, which are applied with great efficiency to solving enigmas. I will use these concepts to describe the reasoning of the well-known Dr. Gregory House, the main character in the television series of the same name. It will be proven that his ability to solve strange medical cases is more that of a semiotic than that of a doctor, demonstrating that his thinking, free from the discipline of medical science, is effective thanks to his abductive and synechismic abilities, as occurs in the mental processes of private detectives.

Keywords: Abduction, synechismic, diagnosis, symptom, clues






Introducción


En el presente trabajo explicaré cómo las categorías de abducción y sinequismo, fundamentales en el trabajo del filósofo, lógico y semiótico estadounidense Charles S. Peirce, operan en la manera de razonar y resolver enigmas médicos del protagonista de la serie de televisión Dr. House.

El problema de investigación que busco aclarar se expresa en la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que, siendo Gregory House una suerte de renegado de la medicina, que desobedece y desacredita los principios y formas de razonamiento de la ciencia médica, llegue a acertar, mediante sus excéntricos métodos, en el reconocimiento de la gran mayoría de enigmas que constituyen las extrañas enfermedades de sus pacientes, manifestadas en síntomas oscuros, inexactos, confusos, contradictorios e incoherentes con los conceptos establecidos por la disciplina del diagnóstico médico y la medicina en general? La problematización se puede expresar en estos términos: dado que los métodos ortodoxos de la medicina están concebidos para proteger la vida de los enfermos, y que House es un médico que no pone en práctica los protocolos médicos regulares, ¿cómo se explica que logre salvar a un gran número de pacientes?

El objetivo que me he planteado es mostrar que este problema se puede explicar si aplicamos las nociones de sinequismo y abducción a la forma en que la mente de House se acerca al enigma, lo comprende y lo resuelve mediante el diagnóstico, proceso en el cual se evidencia una inclinación a la lógica de la semiótica más que a los métodos de la ciencia médica.

La metodología que se emplea consiste en la confrontación de los conceptos de abducción y sinequismo en escenas concretas de la serie de televisión en que el personaje de House se ve en la necesidad, por un lado, de razonar abductivamente, con el objetivo de encontrar una hipótesis probable que dé inicio al proceso de encadenamiento de juicios, apoyados en indicios y síntomas, que constituye el camino hacia la develación del enigma. Se explicará concretamente cómo funciona el pensamiento del protagonista en relación con la comprensión de casos médicos que se presentan como irresolubles por sus síntomas contradictorios y son, por tanto, imposibles de tratar desde la lógica inductiva o deductiva. House usa la experimentación como una forma de motivar el aparecimiento de síntomas que permitan guiar abductivamente su proceso de descubrimiento de las causas del mal. Me concentraré, para este efecto, en episodios de la serie en los que este proceso es muy preciso y notorio.

También analizaré la relación de House con su grupo de trabajo como una forma de sinequismo, un concepto que hace referencia a la continuidad del pensamiento más allá de los sujetos concretos y de las delimitaciones de la lógica tradicional que separan la razón de la intuición. El equipo de House funciona como un solo órgano pensante, a pesar de estar constituido por individuos de diferentes características intelectuales y afectivas. La compenetración que logra el grupo se explica claramente por el concepto de sinequismo.

El método abductivo

Peirce reconoce dos métodos de pensamiento antes de plantear la abducción. Sobre la deducción dice que “será válida si y solo si hay realmente una tal relación entre el estado de cosas supuesto en las premisas y el estado de cosas enunciado en la conclusión” (Peirce 2021a, párr. 11). Acerca de la inducción, el proceso contrario, afirma que “consiste en partir de una teoría, deduciendo de la misma predicciones de los fenómenos, y observando estos fenómenos con vistas a comprobar lo aproximadamente que concuerdan con la teoría” (párr. 20).

A esta concepción dualista de las formas de razonamiento, Peirce añade la abducción, que conceptualiza de esta forma:

La abducción es el proceso de formar una hipótesis explicativa. Es la única operación lógica que introduce alguna idea nueva; pues la inducción no hace más que determinar un valor, y la deducción desarrolla meramente las consecuencias necesarias de una pura hipótesis. (párr. 21)

La abducción se presenta así como un tercera vía de razonamiento, que difiere de las otras porque explica los fenómenos mediante alternativas, aunque no tan probables, por fuera del determinismo que implican la inducción y la deducción. Peirce (1974, 41) plantea que

una abducción es un método para formar una predicción general sin ninguna verdadera seguridad de que tendrá éxito, sea en un caso especial o con carácter general, teniendo como justificación que es la única esperanza posible de regular nuestra conducta futura racionalmente, y que la inducción, partiendo de experiencias pasadas, nos alienta fuertemente a esperar que tendrá éxito en el futuro. (énfasis añadido)

La abducción se diferencia, entonces, tanto de la inducción como de la deducción, si bien, según se desprende de las explicaciones de Peirce, existe cierta interdependencia o complementariedad entre abducción e inducción:

La abducción parte de los hechos sin, al principio, tener ninguna teoría particular a la vista, aunque está motivada por la idea de que necesita una teoría para explicar los hechos sorprendentes. La inducción parte de una hipótesis que parece aconsejarse sin, al principio, tener ningún hecho particular a la vista, aunque necesita los hechos para sostener la teoría. La abducción persigue una teoría. La inducción anda buscando los hechos. En la abducción la consideración de los hechos sugiere la hipótesis. En la inducción el estudio de la hipótesis sugiere los experimentos que sacarán a la luz los verdaderos hechos a los que la hipótesis ha apuntado. (en Sebeok y Umiker-Sebeok 1994, 51; énfasis añadido)

Los fragmentos expuestos hasta este punto sobre la doctrina de Peirce en relación con la abducción y la inducción nos servirán para explicar el modo de proceder de Gregory House al enfrentar un caso médico aparentemente irresoluble.

A House no le llaman la atención los diagnósticos fáciles. Se interesa por problemas que suponen un reto intelectual. Para abordar estos casos, promueve en cada ocasión una especie de lluvia de ideas ejecutada por su equipo médico. De entre las ocurrencias de los miembros del equipo, House, en apariencia azarosamente, escoge una de ellas, que constituirá su primera hipótesis. Este proceder es indudablemente abductivo, pues se fundamenta en el establecimiento de una idea inicial predictiva que, si bien no se confirma en la mayoría de los casos, desata un proceso que consiste, como dice Peirce, en regular la conducta futura racionalmente, es decir, organizar las ideas que surgen en torno a la comprensión y resolución del problema, de manera que sea posible aplicar la inducción con el objetivo de reducir el margen de error recurriendo a la experiencia previa o, de ser necesario, sirviéndose del experimento. Entonces, House ordena a su equipo aplicar procedimientos diversos a los pacientes con la finalidad de observar si la hipótesis se aproxima a la solución del enigma, si debe descartarse o si requiere algún ajuste.

El hecho de que House sea un genio del diagnóstico médico se debe, desde este punto de vista, a que su forma de comprender y relacionar los fenómenos que constituyen el conjunto de síntomas o indicios del cuadro patológico no es la de un facultativo que observa los protocolos y métodos convencionales de la medicina, sino más bien el de un detective que busca la resolución de un asunto misterioso y que constantemente necesita hipótesis novedosas para imaginar soluciones posibles que le permitan acercarse a la aclaración del caso. House asume la diagnosis como una suerte de sondeo tentativo de los signos y síntomas que constituyen el enigma, recogiendo datos que en algún momento producen una especie de revelación generada por el proceso abductivo, propia más de la mentalidad semiótica que de la disciplina médica. Esto es lo que explica sus constantes choques con la autoridad del hospital en que trabaja, que frecuentemente lo cuestiona y a la que él desafía todo el tiempo.

Para House, los protocolos médicos se presentan como obstáculos para la resolución del caso, pues constituyen formas acartonadas de proceder que pierden de vista la singularidad de cada problema. Es la razón por la que se interesa solamente por cuadros patológicos que implican un enigma, y que son, por tanto, intratables desde la ortodoxia del pensamiento médico.

Como plantea Peirce (2021a, párr. 21) sintéticamente, “la deducción prueba que algo tiene que ser; la inducción muestra que algo es actualmente operativo; la abducción sugiere meramente que algo puede ser”. Así, la deducción prueba la regla, la inducción presenta el síntoma y la abducción permite imaginar la posible explicación. House descarta la deducción, que representa la reducción y simplificación del enigma a leyes rígidas, y trabaja con los síntomas como elementos mediante los cuales es posible establecer nuevas hipótesis al margen de lo normativo.

La abducción aparece así, pues, como la forma de razonamiento que permite establecer hipótesis predictivas que, en ciertas condiciones, resultan efectivas para entender los fenómenos. Estas hipótesis provistas por la abducción se ponen a prueba en la inducción. La base de este proceso es siempre el componente indeterminado de la imaginación de la idea abductiva. Peirce observa que

su única justificación [la de la hipótesis abductiva] es la de que a partir de su sugerencia la deducción puede extraer una predicción que puede comprobarse mediante inducción, y que, si podemos llegar a aprender algo o a entender en absoluto los fenómenos, esto tiene que conseguirse mediante la abducción. (párr. 21)

En el capítulo quinto de la cuarta temporada (T4-C5) de Dr. House, llamado “Espejito, espejito”, hay una escena en la que House comunica una hipótesis claramente espontánea y difícil de justificar al doctor Foreman, un médico convencional, cuando este increpa a House por no tener casi ninguna idea para explicar un enrevesado problema médico. Ante el reproche de quien sigue religiosamente las reglas del diagnóstico, House le responde: “Es mejor no tener casi nada que no tener nada”. Ese “casi nada” significa aquí una suerte de idea elemental e inesperada que conduce a una cierta posibilidad de encaminar y ordenar el proceso de indagación. Se trata de un ejemplo adecuado para comprender la forma de razonar de House, quien entiende el proceso inicial de diagnóstico como una apuesta que puede dar o no réditos, pero que con seguridad abrirá la posibilidad de restringir el campo de indeterminación del enigma para poder seguir explicándolo.

El comportamiento del protagonista frente a los casos oscuros que se le presentan exige salirse de las imposiciones de las convenciones científicas, a las que considera rígidas y obstructivas. La eficacia de House para diagnosticar se debe de manera determinante al hecho de que es capaz de imaginar explicaciones improbables y excéntricas en oposición al método aceptable del diagnóstico, e ir ajustando esas conjeturas, mediante la inducción, a las evidencias contingentes que va recolectando conforme los pacientes reaccionan a los procedimientos experimentales que aplica sobre ellos, con el objetivo de aclarar el origen exacto de los síntomas que presentan. De esta manera, es posible sostener que House se apoya más bien en una suerte de paradigma indicial de pensamiento que en las leyes de la diagnosis médica.

En otro capítulo de la serie, “Sin dolor” (T5-C12), se presenta este diálogo, que da cuenta de la manera de proceder de este personaje:

Doctor Foreman (dirigiéndose al familiar de una paciente): El doctor House tiene una teoría.

El familiar: ¿Una teoría basada en qué? No la ha examinado [a la paciente].

Doctor Foreman (contrariado): En realidad, tiene una corazonada. No le interesan las teorías.

Es decir que a House no le importan los esquemas estructurados según leyes preestablecidas. Por el contrario, lo que busca constantemente es “romper las reglas”, según sus propias palabras, en el sentido de que cada caso constituye un evento particular y único que en principio no puede ser generalizado; por lo tanto, hay que emplear la abducción.

Indicios, huellas, síntomas

El paradigma indicial, desarrollado entre otros por el historiador italiano Carlo Ginzburg (2008) , plantea una interpretación “diagnóstica” de indicios, huellas y marcas, en los que se expresa una “sintomatología cultural”. Este paradigma se vincula con la metodología indicial de Morelli, con los procedimientos del psicoanálisis freudiano y, especialmente, con los procesos deductivos aplicados por el célebre detective privado Sherlock Holmes. Esta combinación es posible porque la abducción es el recurso nuclear en la comprensión de las formas en que se presenta cualquier clase de sintomatología.

Es interesante que los síntomas fueran los primeros signos examinados por médicos precientíficos en la antigüedad, según nos informa Thomas Sebeok, cuyos estudios configuraron una semiótica de esta etapa primaria del razonamiento médico.

La sintomatología o “semeiología” eventualmente se desarrolló en una rama de la medicina con una triple y especializada preocupación por el diagnóstico, centrándose en el aquí y ahora, y en sus dobles proyecciones temporales en el pasado anamnésico y el futuro prognóstico. (Sebeok 1996, 41 )

Así pues, la sintomatología se presenta como una suerte de paradigma indicial especulativo que puede tomar la forma de diagnóstico, en relación con la interpretación actual de los síntomas, o de pronóstico, en la proyección futura de esa interpretación. Peirce piensa en el síntoma como en un indicio que, en función de su naturaleza indexical, se conecta por contigüidad con un fenómeno o una causa existencial (que es su objeto), en virtud de que “en la medida en que el Índice es afectado por el Objeto tiene, necesariamente, alguna Cualidad en común con el Objeto y es en relación con ella como se refiere al Objeto” (Peirce 1974, 30).

Constituiría un error considerar la abducción como una mera ocurrencia incausada del sujeto que investiga. En realidad, lo que supone es una tendencia natural del ser humano a explicarse fenómenos diversos que aparecen en una primera instancia como incomprensibles. Esta inclinación posibilita que el investigador adquiera cierta habilidad para concebir hipótesis explicativas coherentes con los hechos:

Sea como sea el modo como el hombre ha adquirido su facultad de adivinar las vías de la naturaleza, lo cierto es que no ha sido mediante una lógica autocontrolada y crítica. Ni siquiera ahora puede dar una razón exacta de sus mejores conjeturas. Me parece que el enunciado más claro que podemos hacer de la situación lógica -la más libre de toda mezcla incuestionable- es decir que el hombre tiene un cierto discernimiento de la terceridad, de los elementos generales de la naturaleza, no lo bastante fuerte como para estar con más frecuencia acertado que equivocado, pero lo bastante como para no estar abrumadoramen- te con más frecuencia equivocado que acertado. (Peirce 2021a, párr. 23 )

La abducción se plantea entonces como una capacidad innata al sujeto, que concibe explicaciones originadas en la acumulación previa de indicios, los cuales se confirman como verdaderos después de someterse a un proceso de descarte fundamentado en el experimento y la comprobación.

Un ejemplo concreto de esta forma de razonamiento basada en la comprensión del valor determinante de los indicios, en la que House se muestra extremadamente ejercitado, se presenta en varios capítulos en los que el médico se ve obligado a atender diagnósticos clínicos simples. En estos casos, con tan solo observar a los pacientes puede establecer un diagnóstico correcto. En un capítulo titulado “Dulce Navidad” (T5-C11), House descubre que una paciente está embarazada a partir del hecho de que su blusa le queda apretada porque tiene los senos hinchados. La bolsa de maní que la mujer ha llevado a la consulta le dice al protagonista que siente antojos y, por último, el parche contra el vómito que la mujer se ha colocado detrás de la oreja confirma la sospecha: a partir de la captación de los indicios, House es capaz de establecer un diagnóstico certero prescindiendo de la auscultación, el examen físico y las pruebas de laboratorio, es decir, por fuera del paradigma científico de la medicina.

La abducción como imaginación: La revelación del enigma resuelto

Otra de las formas de representar el pensamiento abductivo de House en la serie es un momento específico de su proceso mental al que denominaremos “la revelación súbita”, consistente en algo parecido a una “visión” inesperada, de naturaleza icónica, que se presenta generalmente cuando el médico está ocupándose de asuntos distintos al diagnóstico, por ejemplo algún acontecimiento de la vida cotidiana o las infantiles disputas con su amigo, el doctor Wilson. En estos momentos, el cerebro de House parece conectar toda la información en una síntesis que implica la solución exacta del caso. Este procedimiento narrativo, que en la trama de cada capítulo de la serie cumple la función de clímax argumental, se presenta como analogía de lo que suponemos puede comprenderse como una forma de inspiración creativa, un instante en el cual todos los elementos encajan y cobran sentido.

Esta experiencia, en el investigador, en el semiólogo, supone relacionar y captar con fidelidad el sentido de una serie de síntomas dispersos y en apariencia inconciliables, un punto al que se llega gracias a haber dejado en libertad el pensamiento. La abducción se vincula, en cierto sentido, a un proceso de libre creatividad, en el que la imaginación es la principal aptitud para alcanzar resultados.

Sin embargo, esta libertad se debe comprender a partir del hábito constante de establecer hipótesis explicativas, que Peirce considera fundamental y que House practica casi todos los días. El hábito es una condición imprescindible para la consolidación de la creencia desde la cual es posible llegar al conocimiento.

La experiencia como motor de la creencia: El sinequismo

En su ensayo “La fijación de la creencia”, Peirce explica que, según los escolásticos, el conocimiento se apoya a veces en el principio de autoridad y en otras ocasiones en la actividad de la razón, aunque existe una cierta hegemonía de la autoridad, porque esta genera una premisa de la cual se deriva el razonamiento ulterior. Destaca la figura de Roger Bacon -al que califica como “casi un científico en la mitad del siglo XIII”-, quien sostenía que el pensamiento escolástico constituía un innegable obstáculo para llegar a la verdad. Bacon

vio que solo la experiencia enseña algo, una proposición esta que a nosotros nos parece fácil de entender, pues desde generaciones nos ha sido transmitido un concepto diferenciado de experiencia; pero que a él le pareció por igual perfectamente clara porque no se habían presentado aún sus dificultades. De todos los tipos de experiencia pensó que el mejor era el de la luz interior, ya que enseña muchas cosas sobre la naturaleza que los sentidos exteriores no podrían nunca descubrir, tal como la transubstanciación del pan. (Peirce 2021b, párr. 3 )

La metáfora de la luz interior que usa Peirce es notable, porque establece una concepción del conocimiento de las cosas como consecuencia de una forma de actividad subjetiva íntima, una experiencia de iluminación interna. Este ámbito de subjetividad, que Bacon relieva por sobre la autoridad externa y aun sobre la experiencia sensible del mundo, es en cierta manera una expresión de sinequismo, entendida como el principio de continuidad entre lo sensible y lo razonable, y en general entre todos los ámbitos de la realidad.

El sinequismo significa que todo lo real, incluido el pensamiento, debe entenderse como continuidad. La realidad es un continuum, y no se presentan en ella cortes que lleven a considerar que existen segmentos o ámbitos independientes. “Llevo la doctrina hasta el punto de mantener que la continuidad rige sobre la esfera total de la experiencia en todos sus elementos”, dice Peirce (en McNabb 2018, 141 ). La continuidad se presenta ya en la teoría de los signos que propone Peirce. La semiosis implica que todo signo continúa en otro, y este a su vez en otro, en una cadena que pone en relación todos los signos, como continuidad total. Cada signo es interpretado por otro signo que lo sucede y también in- terpreta a otro signo que lo antecede.

La convicción de Peirce de la continuidad de lo real funciona también para el conocimiento e implica que la percepción sensorial y la cognición lógica son, igualmente, un continuum. No se puede separar una de la otra. Las experiencias sensibles que alimentan la cognición funcionan como premisas perceptuales que permiten al sujeto acceder al procesamiento racional de lo percibido.

Los objetos externos son captados como reales por su estímulo compulsivo sobre los sentidos, lo cual constituye los datos elementales con los que trabaja la cognición. Estos datos componen premisas desde las cuales se pueden construir hipótesis explicativas de los fenómenos. Existe entonces, para Peirce, una relación entre abducción y sinequismo, lo cual se comprende y justifica precisamente por el principio de continuidad.

En esta línea, el doctor Gregory House establece la existencia de los fenómenos (los síntomas de los pacientes) sobre la base de la percepción. La compulsión estaría dada por la reiteración de los rasgos que configuran tipos o categorías de enfermedades. Dado que los sentidos no pueden percibir nada a menos que estén en contacto con algo externo, en el caso de House este algo percibido es el cuerpo enfermo: una entidad externa que existe por sí misma en la realidad, y que es comprendida como existencia mediante la percepción. La aproximación sensorial a los síntomas de la enfermedad constituye una forma de comprensión de ese mal, porque la percepción es un continuum del que forma parte también la cognición.

Un rasgo que llama la atención en el caso de House es que casi no inspecciona a los pacientes, sino que envía a los médicos de su equipo a observar y aplicar exámenes a los enfermos. Los primeros contactos de House con la sintomatología de los pacientes consisten en la revisión de esos análisis, y los datos provistos por los médicos constituyen los indicios iniciales del proceso cognitivo. Pero ¿cómo funciona el sinequismo si House no percibe directamente los síntomas?

Una posible respuesta es que el sinequismo, en House, se presenta de otra forma: quienes perciben directamente las manifestaciones de los enfermos son sus asistentes. La razón por la que House rechaza el contacto con sus pacientes parece ser que busca evitar su discurso, porque, según él, mienten siempre. La continuidad está dada por el hecho de que tanto House como cada miembro de su equipo, en los términos en que se ha establecido el método, constituyen también una continuidad. Es decir, resulta indiferente quién experimente la percepción, porque la continuidad existente entre los miembros del grupo lo convierten en un sistema que funciona como una sola mentalidad perceptiva, y por lo tanto produce una misma cognición.

En efecto, House aprovecha como suyas las conjeturas de sus asistentes, y estos toman las ideas de su jefe para ampliar y profundizar sus propias hipótesis. La relación estrecha entre House y su equipo se comprende desde la ley del sinequismo, que es lo que la sostiene. El pensamiento de House va más allá de su propia subjetividad y anida en los otros médicos, como en un contagio viral. La inferencia colectiva es, por tanto, unitaria desde la continuidad sinequísmica.




Como conclusión: “Todos mienten”, el principio directriz en Dr. House


Peirce (2012, 251) afirma que “se debe entender el término principio conductor lógico como el principio que hay que suponer como verdadero para que la validez lógica de cualquier argumento se sostenga”.

Las creencias son los hábitos del pensamiento que Peirce denomina “principio conductor”, y que posibilitan que un juicio que aparece como premisa genere otro juicio diferente que será la conclusión. Los seres humanos experimentamos estos procesos constantemente, y para Peirce su objetivo es que las creencias de los sujetos lleguen a conclusiones generales y válidas para todos. Por esa razón, cuando un hábito del razonamiento o un principio conductor alcanza un valor universal, se puede considerar correcto.

En el caso del doctor Gregory House, este principio conductor existe, y aparece como un axioma sobre el cual se sustenta todo el proceso de su razonamiento indicial, sinequísmico y abductivo. El axioma se expresa así: “Todo el mundo miente”. Este principio conductor de las ideas de House se manifiesta en un inicio como un convencimiento que él intenta transmitir a manera de enseñanza, a los miembros de su equipo, como una forma de tratar a los pacientes, que son siempre mentirosos: ocultan información clave para el diagnóstico, se avergüenzan de sus costumbres privadas, distorsionan o exageran sus dolencias, inventan síntomas.

Sin embargo, el principio conductor sirve a House como un aserto sobre las personas y sus relaciones sociales e íntimas en general. La idea de que todo el mundo miente es fundamental en su éxito como diagnosta: de dar crédito a las versiones de los pacientes, sería imposible aplicar su método basado en la generación de hipótesis explicativas que se confirman de manera experimental, pues la visión de los enfermos sobre sus quebrantos está distorsionada porque están completamente involucrados en el fenómeno. La desconfianza de House es tan radical que emplea recursos como enviar a sus ayudantes a registrar las casas de los enfermos para descubrir los indicios que necesita, en vez de preguntarlo.

El principio conductor “Todos mienten” implica, a mi juicio, que la verdad, desde el punto de vista de House, se descubre como resultado de conducirse en la línea del escepticismo. Solo el que duda y no da crédito puede evadir el engaño, observar y descubrir por sí mismo las huellas que lo conducirán a la resolución del enigma.

En conclusión, podemos sostener que ciertos conceptos de la filosofía de Charles S. Peirce explican efectivamente algunos rasgos de la personalidad y el pensamiento del personaje principal de la serie Dr. House, quien, como diagnosta, se aleja de las convenciones y los protocolos médicos para ejercer una forma de razonamiento propia más bien de un semiólogo, lo cual constituye una gran fortaleza en su misión de resolver intrincados enigmas médicos y salvar así la vida de los pacientes.


Referencias


Ginzburg, Carlo. 2008. Mitos, emblemas, indicios: Morfología e historia. Barcelona: Gedisa.

McNabb, Darin. 2018. Hombre, signo y cosmos: La filosofía de Ch. S. Peirce. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Peirce, Charles Sanders. 1974. La ciencia de la semiótica. Buenos Aires: Nueva Visión.

Peirce, Charles Sanders. 2012. Obra filosófica reunida. Volumen I (1867-1893). Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica .

Peirce, Charles Sanders. 2021a. “Lecciones de Harvard sobre el pragmatismo. Lección VI: Tres tipos de razonamiento”. Universidad de Navarra. 27 de febrero.

Peirce, Charles Sanders. 2021b. “La fijación de la creencia”. Universidad de Navarra. 24 de agosto.

Sebeok, Thomas. 1996. Signos: Una introducción a la semiótica. Barcelona: Paidós.

Sebeok, Thomas, y Jean Umiker-Sebeok . 1994. Sherlock Holmes y Charles S. Peirce: El método de la investigación. Barcelona: Paidós .