Esta obra es una valiosa pieza que compila parte del trabajo de investigación de Ana María Goetschel, una de las autoras más iluminadoras en lo que se refiere a estudios de género e historia en Ecuador. Como parte de la colección Curiquingue, que aborda el pensamiento ecuatoriano contemporáneo, este libro permite conocer y revisitar tres textos en los que la autora trata distintas etapas y problemáticas del feminismo ecuatoriano en el siglo XIX y principios del XX.
En el trabajo de Goetschel se destaca la significativa vigencia de las luchas de las mujeres en épocas pasadas que, siendo propias de un contexto de hace cien años o más, siguen siendo relevantes. Gracias a sus investigaciones es posible rastrear y comprender de dónde vienen las luchas actuales de las agendas feministas en Ecuador. Aspectos como la educación pública, el trabajo remunerado, la formación de redes intelectuales y el reconocimiento de derechos políticos y civiles son parte de los debates que han dado forma a las demandas feministas en el país.
Estudiar la historia de las mujeres, el género y las diversidades es un reto, en tanto es necesario deconstruir los discursos oficiales que muchas veces simplifican, opacan u omiten las luchas y resistencias del género. En este sentido, es necesario entender cómo la categoría "género" es útil para el estudio de la historia. A la luz del trabajo de Joan Scott, Goetschel desarrolla el género como una categoría relacional, que responde a los paradigmas de un contexto histórico determinado, esto clarifica la experiencia y las diversas resistencias de las mujeres de acuerdo con su época. De esta forma, su trabajo aborda el feminismo como una categoría histórica, que no debe ser concebida de manera esencial o desde los límites del presentismo.
Acompañado de una lúcida introducción de Dolores Padilla, este libro presenta tres artículos que se han publicado anteriormente en diferentes entregas. Debido a su relevancia en el campo de estudio, se trata de textos determinantes para los estudios de género e historia a los que es necesario volver. La ventaja de presentar estos textos en una edición compilatoria es la posibilidad de establecer diálogos y conexiones más directos entre los temas que atraviesan los debates del feminismo de inicios del siglo XX. Es posible trazar la relación entre temas como la pena de muerte y el juicio moral hacia las mujeres, la tensión entre el liberalismo y el reconocimiento de derechos femeninos, y la construcción de una voz colectiva de resistencia.
Un hilo conductor entre los textos es la exploración de las paradojas del feminismo en una sociedad patriarcal que, por un lado, ofrecía nuevas oportunidades a las mujeres y, por otro, restringía su acceso a la vida política y a la toma de decisiones. Para desarrollar estos debates, Goetschel inscribe su investigación en un marco teórico que dialoga con el pensamiento feminista de la región y con categorías como la esfera pública de Habermas, el contrapúblico feminista de Fraser y la subjetividad del género de Butler.
En su conjunto, este libro es un aporte clave para la historia del feminismo ecuatoriano, ya que analiza los primeros debates en torno a la participación de las mujeres en la esfera pública, la construcción de ciudadanía y la lucha por los derechos políticos. Para este fin, Goetschel analiza textos periodísticos, revistas feministas, literatura y discursos. A partir de estos documentos, recupera la voz de las mujeres y reconstruye el pensamiento feminista en sus orígenes. La autora también aborda el papel de escritoras, activistas y figuras públicas en la configuración de un sujeto femenino con agencia propia.
En el primer artículo, "Inicios del feminismo en Ecuador", Goetschel traza una genealogía del feminismo ecuatoriano a través de la prensa y las revistas feministas. Es posible identificar tres ejes fundamentales del pensamiento feminista ecuatoriano: 1. la construcción de la mujer como sujeto social y político, 2. la conformación de una voz colectiva, y 3. la irrupción del movimiento social de mujeres en la esfera pública. A través del estudio de la escritura pública de personajes como Zoila Ugarte de Landívar o Angélica Idrovo, la autora explica cómo, aunque fragmentado y diverso, el feminismo ecuatoriano construyó un espacio propio de debate y acción política.
El segundo capítulo, "Los debates sobre la pena de muerte, Dolores Veintimilla de Galindo y el ajusticiamiento moral: Ecuador 1857-1896", se explora el caso de la escritora ecuatoriana sobre quien recayó el juicio moral y la censura social en el siglo XIX. A través de su historia, Goetschel examina cómo el castigo hacia las mujeres transgresoras se expresa tanto en el ámbito legal como en la cultura patriarcal. Se analizan las relaciones entre la pena de muerte, la moralidad impuesta a las mujeres y la construcción de discursos que legitiman su exclusión en el campo del conocimiento. De esta forma, nos muestra cómo los primeros feminismos encontraron en la literatura y el periodismo un espacio de resistencia.
En "Las paradojas del liberalismo y las mujeres: coyuntura 1907-1909", tercer artículo, la autora aborda las contradicciones del liberalismo ecuatoriano en relación con los derechos de las mujeres. Mientras que el discurso liberal promovía la educación y la modernización del país, la ciudadanía femenina seguía siendo una cuestión ambigua. Algunos sectores conservadores y también liberales defendían distintos modelos de feminismo "bien entendido", es decir, se trataba de un concepto en disputa. El artículo muestra las estrategias que las mujeres usaron para aprovechar los resquicios del sistema y abrirse paso en la vida pública.
Los tres artículos están unidos por un interés común en visibilizar las estrategias de resistencia de las mujeres y cuestionar los límites impuestos por las narrativas patriarcales. Ya durante el cambio de siglo, enunciarse como feminista significaba una toma de posición política que; sin embargo, a veces requería aclaraciones de las propias actoras sobre los límites y alcances del concepto. Goetschel nos acerca a esos debates. Se trata de espacios del discurso que tal vez hoy pueden parecer contradictorios pero que, en realidad, son los lugares donde se encuentra la particularidad y la riqueza del pensamiento feminista ecuatoriano.
La cuestión de la moral es otro de los temas transversales en los debates feministas de la época. Goetschel rescata esta categoría como un factor de sanción pública para las mujeres, el cual no dejó de circular aún después de las reformas liberales. En este sentido, es útil entender cómo las feministas de la época también usaron esta categoría y los límites y alcances de sus resistencias al respecto.
Acercarse a los textos de Ana María Goetschel es siempre una experiencia enriquecedora. Su obra plantea preguntas desafiantes y críticas a las narrativas históricas oficiales. Su trabajo invita a conectarse desde lugares muy profundos con las luchas y afectos de las mujeres que estudia. Su prosa clara y metódica nos acerca a los detalles de cada proceso e ilumina la subjetividad y la agencia de las actoras en cada caso.
El trabajo de Goetschel ha abierto un camino en el contexto de la academia ecuatoriana para los estudios de género y para la historia. Este libro es parte de una producción más amplia que aborda investigaciones de la autora sobre el magisterio femenino, el liberalismo, la pena de muerte, el aborto, entre otros temas relevantes para entender los paradigmas históricos que han marcado las diversas luchas de las mujeres ecuatorianas.
Los estudios sobre el pensamiento feminista, sus procesos históricos y sus actoras son un campo en crecimiento en Latinoamérica, Goetschel se inserta en estos debates al aportar para la región las particularidades de la genealogía feminista ecuatoriana, que puede seguir ampliándose en otras líneas de estudio. Por este motivo revisitar la obra de Ana María Goetschel es necesario para seguir iluminando la producción de conocimiento y ampliar los debates feministas en Ecuador.