En 2020 la investigación Vecinos, ciudadanos, diputados y municipios en los albores de Colombia, 1810-1821 fue premiada por la Academia Colombiana de Historia en el concurso que convocó sobre el bicentenario del Congreso Constituyente y Legislativo de la Villa del Rosario. Sus autores, Ángel Rafael Almarza Villalobos (venezolano) y Santiago Cabrera Hanna (ecuatoriano) decidieron aunar esfuerzos para ofrecer a los lectores un trabajo que sintetiza buena parte de su quehacer académico sobre el período de las independencias. 1 Antes de entrar en materia, quisiera decir que la lectura realizada no es la de un especialista en la historia política de las primeras décadas del siglo XIX. En su lugar, mi trayectoria como historiador se ha enfocado en el estudio de las condiciones de posibilidad de la llamada historia patria en Colombia entre la segunda mitad del siglo XIX y los inicios de la historiografía universitaria. Así pues, las observaciones que siguen serán las de un lector interesado en las independencias iberoamericanas, pero con una mirada de historiador de la historia. El propósito fundamental es resaltar los aportes más significativos de la obra, señalar algunos de los debates historiográficos en que se inserta y enunciar algunas de las vetas investigativas que, desde mi perspectiva, pueden ser adelantadas en el futuro.
El libro de Almarza y Cabrera consta de ocho capítulos que abordan el complejo proceso de construcción del gobierno representativo en Venezuela y Ecuador entre la crisis monárquica de 1808 y el Congreso constituyente de 1821 celebrado en la Villa del Rosario. Espacialmente, la investigación abarca tres niveles: la Capitanía General de Venezuela, la Audiencia de Quito -Distrito del Sur en 1821- y el inicio de la primera República de Colombia. En cuanto a la confección del capitulado y la división del trabajo que está en la base del libro, considero que la nacionalidad y experiencia de los autores incidió en la puesta a punto de las secciones dedicadas a sus respectivos países de origen. Todo indica que los apartes generales, que remiten al desplome de la monarquía católica y el proyecto colombiano, son de factura compartida. Tal proceder es pertinente señalarlo por cuanto deja ver enfoques y matices particulares al momento de desentrañar un proceso histórico como el que interesa a los investigadores.
Aunque no aparezca en el título, el hilo conductor del trabajo es el establecimiento de una forma de gobierno definida por el poder representativo en el mundo norandino en el marco del inédito vacío de poder producido por la invasión de Napoleón Bonaparte a la península ibérica. La centralidad otorgada por los autores al problema de la representación política los llevó a fijar su atención en las diferentes experiencias electorales organizadas en territorio venezolano y ecuatoriano durante casi tres lustros. Si lo pensamos en clave de historia conceptual, la red semántica que estructura el trabajo estaría conformada por términos como ciudadanía, soberanía, legitimidad y, desde luego, revolución, voces fundamentales para tornar legible la profunda transformación política acaecida en los tres primeros decenios del siglo XIX en los antiguos dominios de la Corona española.
Conocedores del vuelco historiográfico que ha experimentado el tema de las independencias en la academia iberoamericana desde hace varias décadas, Almarza y Cabrera proponen asir la revolución política desde y a través de su dimensión electoral. Sin embargo, su apuesta no incurre en una falsa extrapolación de los marcos nacionales que apenas se esbozaban por aquel entonces. En su lugar, insisten en la centralidad que tuvieron las dinámicas y poderes locales -sitios, pueblos, villas y ciudades- en los cambios que tuvieron lugar en toda la América española. 2 Su propósito es subrayar los límites que tuvieron las directrices impartidas por las autoridades establecidas para responder a la crisis monárquica después de 1808. Sin declaraciones de principios teórico-metodológicos, el libro evidencia, con gran respaldo documental, las negociaciones, apropiaciones y arreglos a los que llegaron diferentes actores involucrados en la organización política de los territorios a escala local. Esta desnacionalización de las revoluciones de independencia pone en un primer plano a Caracas, Quito, Guayaquil, Cuenca, Villa del Rosario, entre otros contextos que operaron como escenarios centrales del cambio revolucionario.
Esta visión localizada de la representación política sirve de terreno común para abocar -desde dos posiciones historiográficas diferentes, pero complementarias-, el problema central de la pesquisa. De esta forma, los capítulos sobre la Capitanía General de Venezuela traslucen una adhesión a lo que se ha dado en llamar la nueva historia política, heredera, entre otros referentes, de la renovación introducida por François-Xavier Guerra y Jaime E. Rodríguez desde principios de los años 90. Muestra de ello es una inmersión decidida en la documentación de archivo para reconstruir paso a paso la organización y desarrollo de los eventos electorales. Este proceder se traduce en la narración detallada del proceso de confección del poder representativo a partir de la puesta en marcha de diferentes mecanismos de movilización ciudadana que desembocaron en la escogencia de representantes para fundar una nueva legitimidad política. 3
Los capítulos dedicados a la actual república ecuatoriana, si bien no dejan de lado este nivel de análisis político-electoral y mucho menos el trabajo con fuentes documentales, dialogan con un acervo historiográfico que introduce algunos factores socioeconómicos para comprender la dinámica política de esta parte del continente. Las formas en que se tramitó la crisis entre 1809-1821 en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca no se comprenden sin considerar los cambios socioeconómicos ocurridos desde finales del siglo XVIII. Específicamente, se alude a la crisis económica del obraje, el redireccionamiento comercial de la Audiencia de Quito hacia el Pacífico y el impacto del reformismo borbónico a nivel fiscal. El acento en las dinámicas locales es complementado con el estudio de los conflictos entre diferentes actores y ciudades, así como de las tradiciones representativas que dominaban la vida política ecuatoriana. 4 Desde esta perspectiva, nobles, hacendados, abogados y comerciantes marcaron, con sus particulares intereses, la historia de la representación política tanto en el contexto del juntismo temprano de 1809 como de la incorporación al proyecto colombiano a principios de la década del veinte. 5
El desarrollo del capitulado nos permite advertir una doble conceptualización sobre el acontecimiento político. Como bien lo ha mostrado François Dosse, el acontecimiento como objeto de atención de los historiadores puede ser abordado desde las condiciones estructurales de su advenimiento, así como desde sus efectos o huellas; esto es como un parteaguas que rompe con la continuidad e inaugura radicalmente una nueva temporalidad. 6 En los capítulos dedicados al territorio venezolano percibo un énfasis en la ruptura que representó la crisis monárquica y la acción política de ciertos agentes que fundaron un nuevo orden gracias a diferentes experiencias eleccionarias. En las distintas ciudades pertenecientes a la Audiencia de Quito, por su parte, las tensiones y conflictos que se presentaron dejan ver un mayor peso de las continuidades políticas, étnicas, territoriales y socioeconómicas que explican, por ejemplo, la particular integración a Colombia luego de 1821.
Más allá de esta diferencia, los autores coinciden en la necesidad de darle rostro al cambio político; esto es, narrar la historia desde la experiencia de personas concretas en calidad de representantes y representados. El lector podrá apreciar el papel desempeñado por párrocos, abogados, burócratas, líderes políticos, diputados, militares, padres de familia y vecinos en tránsito de convertirse en ciudadanos. Esta constelación de agentes sociopolíticos aparece como parte de un modelo para el estudio de los diferentes certámenes electorales que amplía los elencos sociales de este período sin adscribirse a una historia desde abajo. Así, los autores estudian los preparativos, las alocuciones, la confección de los reglamentos, la puesta en marcha de los comicios y la instalación de juntas, asambleas y congresos. Los grados, formas y alcances de la participación variaron de acuerdo con las situaciones políticas concretas. Quienes podían elegir y ser elegidos, así como los procedimientos específicos, difirieron sustancialmente entre la Junta Central y Suprema de Gobierno en 1808 y la creación de la primera república colombiana, como bien lo demuestra la obra.
Las contribuciones del libro de Cabrera y Almarza también apuntan en direcciones que, si bien no constituyen el nervio central de su interpretación, merecen ser destacadas en este texto. En primer lugar, es llamativa la inclusión de algunos apartados en que analizan el pensamiento político como vía explicativa de las prácticas electorales que reconstruyen a fondo. Este recurso facilita la comprensión de aspectos fundamentales como el sufragio censitario, promovido en diferentes coyunturas para fundamentar un modelo democrático que partía de las jerarquías sociales existentes en tanto motor de un gobierno virtuoso. En la misma dirección, los autores someten a crítica el ideario de Simón Bolívar en el famoso discurso de Angostura para detenerse en los reparos que formuló al gobierno representativo que contribuyó a edificar. 7 Estas entradas permiten apreciar cierto conocimiento y manejo de las herramientas de la historia intelectual, específicamente aquella veta que se concentra en el estudio de los lenguajes políticos como estructurantes de la realidad sociopolítica.
El segundo aspecto a subrayar remite al capítulo siete del libro dedicado al Congreso constituyente de 1821 que, como sabemos, desarrolló la Ley fundamental que creó a Colombia dos años antes. Para reconstruir este trascendental evento jurídico-político, Almarza y Cabrera entrelazan el pronunciamiento de Riego en España, el desenlace del Congreso de Angostura, los preparativos del encuentro fundacional en la Villa del Rosario y el contexto de guerra que se expandía hacia el sur del territorio neogranadino. Más allá de las dificultades que experimentaron los congresistas y los principales debates que dieron forma al proyecto colombiano, de lejos los temas más socorridos, el libro ofrece un abordaje novedoso del proceso comicial en las provincias de Guayana, Antioquia y Cauca. Allí podemos observar cómo fue el desarrollo concreto de las disposiciones consignadas en el reglamento electoral. En este capítulo resalta la descripción de las dificultades, retrasos, contratiempos y avatares que experimentaron las elecciones en las misiones del Caroní (Venezuela).
Gracias a este pasaje, y en menor medida a lo reconstruido para las provincias neogranadinas, el lector obtiene una imagen de los inmensos retos que debieron enfrentar los creadores de la República de Colombia para llevar a buen término su empresa. Hoy día, si bien se habla de las apropiaciones y resignificaciones de los conceptos por parte de actores localizados, no es frecuente observar las prácticas concretas con base en documentación original. Almarza y Cabrera logran evidenciar las formas en que los conceptos operaron en el terreno donde múltiples agentes reinterpretaron las disposiciones acerca de las elecciones y aquello que significaba la ciudadanía para diferentes agentes en los territorios controlados por las fuerzas patriotas. El episodio de las misiones, protagonizado por el coronel José Félix Blanco, encargado de los comicios, y las comunidades aborígenes, revela cómo el gobierno representativo no fue una realidad unívoca y plenamente consensuada. En su lugar, encontramos reservas, cuestionamientos y críticas a las condiciones concretas en que tal proyecto político tomó forma en un contexto de guerra, incomunicación y limitaciones de distinta índole. 8
El material documental que sirve de fundamento a la investigación es el de rigor para abordar estas temáticas: actas de diputaciones y congresos, comunicaciones oficiales publicadas en prensa como el Correo del Orinoco, las gacetas de Caracas y Colombia, entre otras fuentes periódicas, las leyes y constituciones aprobadas en el período, proclamas, manifiestos, discursos y correspondencia de algunos protagonistas. A ello se suman documentos derivados de los procesos electorales consultados en los archivos nacionales de Venezuela, Ecuador y Colombia. El manejo de una copiosa documentación original se conjugó con un creativo diálogo bibliográfico para dar forma a los contextos de los procesos eleccionarios estudiados. Como corresponde, los autores contrastaron, ampliaron y asumieron posturas propias respecto a las interpretaciones establecidas sobre las diferentes temáticas abordadas en la obra.
Más que señalar la ausencia de uno u otro aspecto en el libro, prefiero señalar algunos caminos que, en mi concepto, pueden ser profundizados en nuevas investigaciones. Si bien lo mencionan tangencialmente, vale retomar la pregunta por la cultura política que se tejió a propósito de los recurrentes eventos electorales de aquellos años. Esta inquietud apunta a las formas de politización de quienes convocaron, organizaron y participaron en los comicios, así como de aquellos a quienes iba dirigida la invitación a tomar parte en las nuevas formas de organización política. Con ello podríamos trascender las ya estudiadas tertulias y círculos de élite para ir hacia una multiplicidad de lugares rurales y urbanos donde otras capas sociales asumieron como propia la construcción de las nuevas repúblicas. Igualmente, el libro invita a ampliar el conocimiento sobre aquellos territorios dominados por las fuerzas realistas y las formas como asumieron e incluso confrontaron la movilización electoral de sus contrapartes. La investigación invita tácitamente a ganar profundidad en el estudio de los espacios, formas y prácticas de la cultura escrita y oral como factores estructurantes de nuevos equilibrios de poder en los albores del siglo XIX.
En suma, estamos frente a una obra que sintetiza el enfoque de una nueva historia política que, en su faceta electoral, conocemos hace ya casi dos décadas en el contexto latinoamericano. 9 En lugar de oponer, como lo hiciera en algún momento Guerra, lo tradicional a lo moderno, el "antiguo" al "nuevo" régimen, Almarza y Cabrera calibran la transición entre órdenes políticos a través de la pregunta por el gobierno representativo y las experiencias en torno al sufragio con énfasis en las dinámicas locales. 10 En casi trescientas páginas, el dueto venezolano-ecuatoriano ofrece a conocedores y noveles interesados en las independencias una interpretación renovada sobre las maneras en que se fraguaron las repúblicas del norte de Suramérica. Más allá de una historia de bronce y de grandes hombres, Vecinos, ciudadanos y diputados nos dota de sendos argumentos para insertarnos en los debates contemporáneos en torno a la crisis de las democracias, el liberalismo y la reinvención del republicanismo desde una perspectiva histórica profunda. Estoy seguro de que la lectura de este libro ayudará a cualificar el debate y la reflexión sobre lo electoral más allá de cualquier visión ritualizada y estéril del voto en la historia latinoamericana.