El mapa topográco del Ecuador.
Sierra centro-norte, 1930-1940. Lugar y momento
de una obra maestra cartográca*
The Topographic. Map of Ecuador. North-Central highlands,
1930-1940. The place and time of a cartographic masterpiece
O mapa topográco do Equador. Sierra centro-norte,
1930-1940. Lugar e tempo de uma obra-prima cartográca
Jean-Paul Deler
Centre National de la Recherche Scientique (CNRS)
París, Francia
jean-paul.deler@orange.fr
https://orcid.org/0009-0001-2564-7463
https://doi.org/10.29078/procesos.n59.2024.4645
Fecha de presentación: 30 de octubre de 2023
Fecha de aceptación: 28 de diciembre de 2023
Artículo de investigación
Cómo citar: Deler, Jean-Paul. “El mapa topográco del Ecuador. Sierra centro-norte,
1930-1940. Lugar y momento de una obra maestra cartográca”. Procesos. Revista Ecuatoriana de
Historia, n.º 59 (enero-junio 2024): 107-129. https://doi.org/10.29078/procesos.n59.2024.4645
* Versión revisada de la conferencia presentada en la sesión solemne de la Universidad
Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, que concedió al autor el título de Profesor Honorario,
en el marco del IX Congreso Ecuatoriano de Historia (Quito, 15-18 de julio de 2015).
Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 59 (enero-junio 2024), 107-129. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
RESUMEN
Entre 1930 y 1940, el Instituto Geográco Militar levantó el primer mapa
topógráco del Ecuador (MTE). Para la época este fue un proyecto único
en América del Sur por su escala de representación (1/25 000)
y un monumento cartográco por la calidad técnica de las planchetas
producidas y la información de campo levantada. En el contexto
de inestabilidad política del Ecuador de esos años, este artículo analiza el
mapa como expresión de la visión particular de los militares
ecuatorianos sobre la capacidad del Estado para “racionalizar el ejercicio
del poder” y orientarlo al “desarrollo progresivo de la civilización”,
al ser el análisis de la realidad geográca una parte
de la construcción de la nación moderna.
Palabras clave: historia latinoamericana, historia del Ecuador, cartografía
histórica, geografía histórica, Instituto Geográco Militar, Fuerzas
Armadas, Sierra centro-norte, siglo XX.
ABSTRACT
Between 1930 and 1940, the Military Geographic Institute created the
rst Topographic Map of Ecuador (MTE). At the time, this was a unique
project in South America due to its representation scale (1/25,000) and
a cartographic monument due to the technical quality of the developed
planchettes and the eld information collected. In the context of political
instability in Ecuador during those years, this article analyzes the Map as
an expression of the particular vision of the Ecuadorian military on the
State’s capacity to “rationalize the exercise of power” and orient it to the
“progressive development of civilization”, since the analysis of the
geographic reality was part of the construction of the modern nation.
Keywords: Latin American History, History of Ecuador, historical
cartography, historical geography, Instituto Geográco Militar,
Armed Forces, north-central highlands, 20th Century.
RESUMO
Entre 1930 e 1940, o Instituto Geográco Militar elaborou o primeiro
mapa topográco do Equador (MTE). Para a época, este foi um projeto
único na América do Sul por sua escala de representação (1/25 000)
e um monumento cartográco pela qualidade técnica das pranchetas
produzidas e das informações de campo coletadas. No contexto
de instabilidade política do Equador daqueles anos, este trabalho analisa
o mapa como expressão da visão particular dos militares equatorianos
sobre a capacidade do Estado de “racionalizar o exercício do poder”
e direcioná-lo para o “desenvolvimento progressivo da civilização”,
sendo que a análise da realidade geográca compunha
a construção da nação moderna.
Palavras chave: História latino-americana, História do Equador,
cartograa histórica, geograa histórica, Instituto Geográco Militar,
Forças Armadas, Sierra centro-norte, século
Esperemos un corto tiempo más y ya nos será dado conocer una labor fecunda
que honrará al Ejército y que facilitará la vida nacional desde el punto de vista
comercial, desde el vial, desde el hacendario, desde cualquier punto
que se contemple una carta topográca del país.
Remigio Romero y Cordero1
introduCCión
Durante la década de 1930 y parte de 1940, el Servicio Geográco Militar
(en adelante SGM), fundado en 1928,2 inició el levantamiento del mapa to-
pográco del Ecuador (MTE), el proyecto mayor de la primera carta nacional
base, que apuntó a la cobertura de todo el territorio del país. Por la extensión
de los espacios en juego, y los estándares de la época, llama la atención la
escala precisa y detallada de la publicación, que fue un reto y una excepción
en el subcontinente.
Este artículo examina las características de ese auténtico “monumento”
cartográco, con su especicidad inédita —en la etapa inicial de su realiza-
ción— tanto por el ya mencionado grado de precisión sin equivalente del
trabajo de representación de la información de campo en cada plancheta,
como por la calidad de su producción técnica. El estudio enfatiza sobre la
coincidencia geográca entre la primera parte (nalizada entre 1930 y 1940)
y el espacio regional de la Sierra centro-norte, que registraba un notable pro-
ceso de modernización económica y de transformación social, caracterizado
por la fuerte interacción entre desarrollo de infraestructuras, diversicación
productiva y fortalecimiento del mercado interno.3 Por otra parte, este estu-
dio considera el contexto de crisis global del sistema político nacional duran-
te el período e interpreta la obra cartográca como una expresión sectorial
de la visión modernizadora integral del Estado, propia de los militares julia-
nos. Por su amplitud, la labor cartográca se implementó como una práctica
del pensamiento sobre “lo nacional” del Estado juliano (1925-1931) y sus
1. Remigio Romero y Cordero, citado en “Arma de ingeniería”, en De la ingeniería
militar (Quito: Ejército Ecuatoriano, s. f.), 56.
2. El Servicio Geográco Militar (SGM) —Instituto Geográco Militar (IGM) desde
1947— fue creado por Decreto Ejecutivo n.º 163, del presidente Isidro Ayora Cueva. El
teniente coronel Giacomo Rocca, miembro de la Misión Militar Italiana, fue su primer di-
rector. La tarea principal del SGM fue levantar el mapa topográco del Ecuador. Durante
la época, el SGM fue considerado como la primera institución técnica del Estado.
3. Véase Jean-Paul Deler, Ecuador. Del espacio al Estado nacional, 2.ª ed. revisada y au-
mentada (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador/Instituto Francés de
Estudios Andinos/Corporación Editora Nacional, 2007).
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manifestaciones posteriores, en los gobiernos de Federico Páez (1935-1937) y
Alberto Enríquez Gallo (1937-1938).
las CaraCterístiCas del mapa
topográFiCo del eCuador
El MTE fue realizado con una escala muy precisa de representación del
territorio, inusitada en la época de su levantamiento, para cubrir un espa-
cio nacional de gran extensión y de baja densidad poblacional promedio.4
La escala del 1/25 000 signica que un centímetro en el mapa equivale a
solo 250 metros en el terreno. La representación del relieve corresponde a un
sistema de curvas de nivel (o líneas de igual altitud) con una equidistancia
(el intervalo de altimetría entre dos curvas) de 25 metros.5 En comparación,
las hojas de la cobertura denitiva y completa del Ecuador son publicadas
a la escala de 1/50 000 (1 cm equivale a 500 m) y con una equidistancia de
40 metros entre las curvas de nivel. Se entiende que la escala de 1/25 000
autoriza la representación de muchos más detalles del paisaje y del uso del
suelo, es decir, una riqueza excepcional en la información de terreno trans-
crita en cada plancheta. Ofrece una gran precisión en la representación de las
formas del relieve, facilitando el análisis de los sistemas de pendientes, tan
importantes en zonas de la región Sierra y de riego, en la localización de las
diversas formaciones vegetales silvestres y de las formas de uso agrícola del
campo. La ubicación de numerosos topónimos de origen indígena, colonial
o republicano brinda datos adicionales importantes para la historia de la
apropiación del espacio. Una abundante información planimétrica completa
la representación de la utilización social y económica del espacio. Muchas
veces, el mapa parece casi un catastro de los predios rústicos que permite
identicar las parcelas con su uso agrícola (tipo de cultivo) y sus cercos, los
sistemas de riego y la densa red de senderos y caminos del campo andino.
La leyenda general de las planchetas revela la riqueza de la información pro-
porcionada por esta obra cartográca.6
4. Este artículo se apoya en la colección de 70 planchetas originales, adquiridas por el
autor en 1973 en el Instituto Geográco Militar (IGM), y en información adicional sobre el
SGM y el MTE, consultada en los archivos del IGM.
5. En la Francia de la época —primera potencia militar europea de los años 20 la
cobertura completa del territorio corresponde a la “carte d’Etat Major”, publicada a escala
de 1/80 000 (1 cm equivale a 800 m).
6. La profusión de detalles del MTE permite distinguir en sus leyendas los tipos de
cercos: zanja, muro de mampostería, muro de tapia o adobe, palizada, cerca viva y cerca
de alambre con púas. Véase la gura 1.
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Figura 1. Leyenda general del mapa topográco del Ecuador
Fuente: Planchetas originales del MTE, realizado por el SGM. Instituto Geográco Militar
(IGM), 1973.
Archivo personal del autor.
Cada plancheta del MTE, con su nombre de referencia geográca (gene-
ralmente un pueblo, a veces un cerro grande, una hacienda), corresponde a
un rectángulo de 5 minutos de longitud por 4 de latitud (alrededor de 9 x 7
km) y cubre un espacio de aproximadamente 65 km2. La primera parte de la
cobertura que fue editada al 1/25 000, de Riobamba a Tulcán, consta de un
total de 195 planchetas, las que abarcan un perímetro de cerca de 13 000 km2
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de la Sierra centro-norte. Como lo muestra el cuadro de empalme (gura 2),7
el levantamiento cartográco había cubierto la zona densamente poblada y
ocupada de las hoyas del callejón andino, un amplio corredor de unos 30 a
70 km de ancho entre los cerros de las dos cordilleras: Occidental y Oriental.
Las primeras planchetas, publicadas en la década de 1930, vienen con
un rubro: “Personal y tiempo empleados en el levantamiento”.8 La prepara-
7. De acuerdo con la referencia del IGM, esa versión del cuadro de empalme es pos-
terior a 1947.
8. La ejecución del MTE fue encomendada a militares miembros del Cuerpo de Ocia-
les Ingenieros y a un núcleo de topógrafos, formado por los primeros en calidad de perso-
Figura 2. Detalle del cuadro de empalme de las planchetas
del mapa topográco del Ecuador
Fuente: 25 planchetas (5 x 5) que forman la base de datos de la hoja topográca a escala del
1/100 000 (o 1/200 000). Cuadro H 28 del MTE.
Archivo personal del autor.
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ción de cada una demoraba tres años y requería de la actividad directa de
ocho personas hasta la impresión: cuatro implicadas en la labor de terreno
(fotogrametrista, antogrametrista, topógrafo e inspector) y cuatro otras en
el trabajo de ocina (cartógrafo, revisor de cartografía, calculador y revisor
de impresión).9 El topógrafo actuaba de cinco a seis meses seguidos en el
campo, al igual que el cartógrafo, en la ocina. Si los técnicos eran civiles o
militares, el cargo de inspector de campo siempre correspondía a un ocial,
generalmente un capitán del Ejército. Al levantamiento de 195 planchetas
nal civil que, administrativamente, dependía del Ministerio de la Guerra y, técnicamente,
del Estado Mayor General.
9. Para la plancheta “Olmedo” (Hoja 28 del MTE), con el n.º 61 en el cuadro de empal-
me el personal y tiempos empleados en el levantamiento fueron así: fotogrametrista, H.
Jiménez (en junio de 1935), autogrametrista, L. Tamayo (en diciembre de 1935), topógrafo,
N. Ordóñez (de noviembre 3 de 1936 a febrero 25 de 1937), inspector de campo, Cap. G.
Sánchez. Cartógrafo, J. Roditti (de 5 de setiembre a 22 de diciembre de 1937), revisores de
la cartografía, V. Madrid y C. A. Albuja, revisor de la impresión, jefe de la División Topo-
gráca (editada el 30 de junio de 1938).
Figura 3. Movilización de la Brigada Geodésica en la provincia de Chimborazo (1928)
Foto de H. Donoso ©.
Fuente: Taller Visual. Cortesía de Lucía Chiriboga.
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podría corresponder, entonces, una inversión total de trabajo equivalente a
70 u 80 años en cargos de topógrafo y cartógrafo. Pero el trabajo de campo no
solamente movilizaba técnicos y ociales, acompañaban cada brigada obre-
ros calicados, soldados, mano de obra campesina y animales de carga con
bultos de material, una verdadera expedición que reunía decenas de perso-
nas (gura 3).
En sus previsiones, el mayor Giacomo Rocca evaluaba un período de
campañas de levantamiento del MTE comprendido entre un mínimo de diez
años y un máximo de 30, movilizando de cuatro hasta ocho brigadas geo-
désicas, “provistas cada una del juego de instrumentos, personal, ganado y
material”.10 Un cuaderno de “Planchetas antiguas del MTE”, archivado en
la mapoteca del IGM, informa sobre el orden cronológico de la publicación
—con previo levantamiento— del MTE. Entre 1928 y 1930: Riobamba y alre-
dedores; de 1930 a 1936: Quito, Pichincha, Cotopaxi, Latacunga; entre 1938 y
1939: Ibarra y Carchi; y de 1940 a 1942: margen occidental de Cotopaxi.
Surgen algunas preguntas en torno a la vida cotidiana y práctica de esas
brigadas pacícas en la operación geográca de levantamiento por pueblos
y campos del país profundo. Obviamente, las brigadas caminaban por las zo-
nas mismas de trabajo. ¿Pero cómo se movilizaba todo el equipo técnico con
su material, desde la sede del SGM o desde otro recinto militar más cercano?
¿Utilizaron el ferrocarril entre Riobamba e Ibarra?11 ¿Dónde se alojaba la bri-
gada por la noche: en campamentos, en hosterías de pueblos cercanos o, en
los casos de los técnicos y ociales posiblemente, en una hacienda vecina?12
Sin embargo, no hay duda que los grupos de profesionales civiles y militares
encargados del MTE experimentaron una visión directa del mundo andino
campesino, diferente de la que prevalecía en gran parte de los otros ciudada-
nos urbanos y, quizás, hasta de quienes más se preocupaban por la situación
de los pueblos indígenas. ¿Qué cambios o inuencias habrán producido, en
la mente y el pensamiento de los protagonistas del MTE, la experiencia de
una diversidad social y étnica “compartida” en una misma brigada y el con-
tacto prolongado con las realidades del campo andino profundo?
10. “Arma de ingeniería”, 58.
11. “Antes de su construcción se había generado un fuerte resentimiento por la apro-
piación de animales, forraje y comida para el transporte o mantenimiento de funcionarios
gubernamentales o tropas militares; al contrario, a posteriori, tanto las tropas como las
provisiones podían ser fácil y rápidamente transportadas por el tren”. Kim Clark, La obra
redentora. El ferrocarril y la nación en Ecuador 1895-1930 (Quito: Universidad Andina Simón
Bolívar, Sede Ecuador/Corporación Editora Nacional, 2004), 212.
12. Véase Breve historia del Ejército Ecuatoriano, ed. por Kléver Bravo (Quito: Ejército
Ecuatoriano/Centro de Estudios Históricos del Ejército, 2005), 123 (foto).
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En su Geografía del Ecuador, publicada en el año 1940, Aquiles R. Pérez,
aseguraba que el SGM “es la única institución que realiza trabajos autori-
zados y que merecen entera conanza cientíca” y, al hacer referencia a las
83 planchetas ya publicadas del MTE, considera que “la coronación de esta
obra nos dirá la realidad territorial del Ecuador”.13
13. En la mapoteca del IGM, el cuaderno de “Planchetas antiguas del MTE” muestra
un cuadro de empalme con 199 de ellas numeradas y un juego de solo 163 ejemplares
(siendo algunos copia y no originales). No aparece información sobre si las 36 planche-
tas “faltantes” fueron levantadas y editadas. Aquiles R. Pérez, Geografía del Ecuador: texto
para enseñanza en los colegios de la República, 2.ª ed. (Quito: Gutemberg, 1940), 217. El caso
ecuatoriano ha sido estudiado, entre otros, por autores como Ernesto Capello, “Mapas,
obras y representaciones sobre la nación y el territorio: de la corografía al Instituto Geo-
Figura 4. La realidad territorial: plancheta Píllaro (provincia de Tungurahua)
Fuente: Plancheta Píllaro del MTE. Se observa el valle estrecho y profundo del río San Mi-
guel (2300-2700 m) bordeando una franja de pendiente suave ocupada por las haciendas
La Florida y Chural, con sus grandes parcelas en cereales, pastos y frutales; en la loma
oriental (2770-2870 m) las casas campesinas dispersas y el parcelario del dividido minifun-
dio (cereales y frutales); la nítida extensión de la traza colonial del pueblo y la densidad
de la red de caminos.
Archivo personal del autor.
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el mapa topográFiCo del eCuador
en el Contexto naCional
La geografía: un arma para la guerra es el título de una obra del conocido
geógrafo y geopolítico francés Yves Lacoste. Es un libro publicado en 1976
que pone en perspectiva el tema de la ciencia geográca considerada como
instrumento estratégico del poder —especialmente con la cartografíay su
papel determinante en el conocimiento del territorio, su control y su defen-
sa.14 El lanzamiento del proyecto del MTE en el Ecuador, obra de largo aliento
(dos a tres décadas), necesariamente iba a coincidir con un período histórico
de fuerte tensión geopolítica con el Perú, en torno al conicto limítrofe por
el Oriente amazónico, entre el laudo arbitral del rey de España de 1910 y la
guerra perdida del 1941. Si el mayor Rocca, al clausurar el curso de topógra-
fos en la Academia de Guerra, en junio de 1926, recordaba que “el suelo que
se levanta constituye el futuro teatro de las operaciones militares”,15 se sabía
bien que el territorio en litigio con el Perú era en el lejano Oriente amazónico
y no precisamente en la frontera del Sur. Pero no fue posible, sin embargo,
realizar un levantamiento del MTE en las provincias de El Oro y Loja —don-
de se produjo la guerra de 1941 porque “entre Cuenca y el lindero con el
Perú la triangulación había sido determinada de modo expedito, con menos
precisión que en las otras regiones”. Por eso, obedeciendo a lógicas técnicas,
los trabajos de levantamiento fueron iniciados en la Sierra centro-norte don-
de, gracias a la Segunda Misión Geodésica Francesa en su trabajo de medi-
ción de un arco de meridiano (1899-1906), se disponía de referencias precisas
ofrecidas por una red de apoyo, con sus triangulaciones seguras, tanto entre
Riobamba y Quito como entre el nudo de Mojanda y la frontera con Colom-
bia. La zona se beneciaba, además, de trabajos cartográcos pioneros, obras
de algunos sabios precursores, muy particularmente del coronel Paz y Miño,
geógrafo y demógrafo, compilador “de un proyecto sumario casi completo
gráco Militar”, en Celebraciones centenarias y negociaciones por la nación ecuatoriana, coord.
por Valeria Coronel y Mercedes Prieto (Quito: FLACSO Ecuador, 2010); Ana María Sevilla
Pérez, “El Ecuador en sus mapas: Estado y nación desde una perspectiva espacial” (tesis
de doctorado, FLACSO Ecuador, 2011), http://hdl.handle.net/10469/5132; Catalina Valle
Piñuela, Reseña histórica de la cartografía en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Quito:
Instituto Nacional de Estadística y Censos, 2015).
14. Yves Lacoste, La Géographie, ça sert, d’abord, à faire la guerre (París: Maspero, 1976).
La obra se ha convertido en un clásico para los estudios estratégicos sobre el territorio.
Su traducción al castellano se encuentra como Yves Lacoste, La Geografía: un arma para la
guerra (Barcelona: Anagrama, 1977).
15. “Arma de ingeniería”, 57.
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de la carta topográca del País”, según palabras del mismo mayor Rocca.16
Ahora bien, geografía y cartografía nunca fueron solo armas para la guerra,
también fueron modos especícos de conocimiento del espacio, pudiendo
ponerse al servicio de la sociedad. De eso fue consciente la ocialidad joven
del Ejército juliano, en su visión de modernización integral del Estado y en
busca de favorecer la cohesión —y, por lo tanto, contribuir a la defensa— del
territorio compartido por la sociedad nacional.
La edición del MTE de las décadas 1930 y 1940 había cubierto nalmen-
te cerca de 13 000 km2, o sea un pequeño 5 % del territorio nacional y hasta
menos, en porcentaje del territorio ocialmente considerado en esa época
como ecuatoriano. Vale recalcar, sobre todo, que tan reducida área levanta-
da coincide con la parte esencialmente poblada de la Sierra centro-norte. Al
respecto, se recordará que esta parte andina del área central del Ecuador, la
“avenida de los volcanes” si se quiere, abarca cerca de 20 000 km2 (7 % del
espacio nacional), incluyendo la parte andina de las provincias de Bolívar
y del sur de Chimborazo, que no fueron levantadas por el MTE. En esta
importante parte del país (las siete provincias andinas del norte y centro)
moraban, a nes de los años 20, 900 000 ecuatorianos (45 % de la población
nacional) y 1 290 000 (todavía 40 %) a nales de los 40. Sin duda, no se trata
solo de considerar el peso demográco del callejón andino con su alta den-
sidad poblacional, sino también que, en el segundo cuarto del siglo XX, la
Sierra centro-norte corresponde a la parte mejor estructurada del territorio
nacional, espacialmente hablando. Por sus ciudades, pueblos y su red de
vías de comunicación, por su potencia energética instalada, sus industrias y
por un nítido crecimiento del mercado interno en relación con las dinámicas
productivas y comerciales.
Recordemos que a nes de los 1930, la Sierra centro-norte contaba con
cuatro de las seis ciudades más pobladas del Ecuador (Quito, Ambato, Rio-
bamba y Latacunga) sumando juntas el 52 % de la población urbana del
país en ciudades de más de 15 000 habitantes conformando una red regio-
nal de centros reunidos por el ferrocarril, que contaba con más de 500 km de
línea entre Alausí e Ibarra. La zona disponía, además, de un eje de carrete-
ras de tránsito automóvil permanente entre Tulcán y Guaranda, con nuevos
enlaces hacia Babahoyo, Quevedo y Santo Domingo de los Colorados. La
vialidad se venía ampliando con una red densa de caminos empedrados y de
herradura, cuya densidad atestigua el mismo MTE. En cuanto al potencial
eléctrico instalado de 24 000 KV en 1940, el 75 % correspondía a la Sierra cen-
16. El coronel Paz y Miño “ha levantado extensas zonas del territorio nacional con
procedimientos, que aun no siendo regulares, pueden estimarse bastante exactos”, pala-
bras de G. Rocca, en el discurso de clausura del curso de topógrafos en la Academia de
Guerra. “Arma de ingeniería”, 56.
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tro-norte, con un 44 % para Quito y los Chillos, al servicio de las industrias y
la modernización urbana.17 El ferrocarril participaba del proceso general de
modernización urbana y agrícola, especialmente en las zonas cercanas (ha-
ciendas ganaderas y lecheras de Cayambe, Machachi o Latacunga). El mejo-
ramiento de las condiciones de circulación de los hombres y las mercaderías
tuvo un impacto global positivo sobre las dinámicas económicas, hasta en
las zonas campesinas periféricas de las cuencas andinas. El fortalecimiento
de las ferias mayores, ubicadas en una órbita cercana a las principales ciu-
dades, y la creación de nuevas ferias secundarias en las zonas periféricas,
fueron elementos notables de esta dinámica de la economía regional.18
Al recordar estos datos (que son bien conocidos), se quiere apenas subra-
yar la convergencia coyuntural entre la importancia especíca (demográca,
urbana, económica y hasta política) de los Andes centro-norte en el Ecuador
de la época, por un lado; y, por otro, la realización inicial del levantamiento
del MTE en esta misma zona del país. Dicho de otra manera, la obra del MTE
reeja, en cierta manera, la importancia nacional de la Sierra centro-norte. La
contribución especíca del proyecto a un mejor conocimiento de esta área
del país ofrece, al mismo tiempo, una herramienta valiosa para participar
en el mejoramiento de su administración y control, hasta en las alejadas zo-
nas con población indígena y campesina, cuya integración estaba entre las
mayores preocupaciones del movimiento juliano. En este último sentido, la
labor cartográca del MTE se inscribe en un conjunto global y coherente de
transformaciones del Estado, junto con las leyes de 1937, de Organización y
Régimen de las Comunidades Indígenas y de Control de Trabajo y Desocu-
pación y de Cooperativas, ambas promulgadas en el difícil contexto de los
alzamientos campesinos en demanda de tierras y de una incipiente movili-
zación indígena, planteándose los primeros proyectos de reforma agraria.
El MTE fue implementado durante el período que recorre la crisis po-
lítico-económica del liberalismo plutocrático, al agotarse el ciclo agroex-
portador del cacao, y el auge del nuevo ciclo económico bananero, entre la
Revolución juliana de 1925 y la elección del presidente Galo Plaza Lasso,
17. Deler, Ecuador del espacio..., 301-311.
18. En el período 1925-1949 se observa la más alta tasa de creación de ferias registra-
da en dos siglos, desde nales del siglo XVIII hasta los años 1970. “Since 1920, modern
change has gradually replaced traditional change as the dominant process except in the
areas which are most remote from the inuence of major urban centres. In spatial terms,
it is clear that the process of modern change rst developed around the larger urban cen-
ters, and that is gradually diusing from the these more urbanised core areas towards the
less urbanised and more remote peripheral areas”. Rosemary J. Bromley, “Traditional and
Modern Change in the Growth of Systems of Market Centres in Highland Ecuador”, en
Market-Place Trade: Periodic Markets, Hawkers and Traders in Africa, Asia and Latin America,
ed. por Robert H. T. Smith (Vancouver: University of British Columbia, 1978), 43.
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en 1949. Este cuarto de siglo estuvo políticamente marcado por la crisis de
hegemonía política de las oligarquías tradicionales de la Costa y la Sierra y
por una correspondiente inestabilidad crónica de la vida política. Nuevas
capas sociales y nuevos actores aparecieron con un desarrollo incipiente de
las clases medias urbanas y el crecimiento del movimiento popular, en un
escenario global marcado por las consecuencias de las crisis económicas in-
ternacionales de los años 20 y 30, así como por la Guerra del 1941 con el Perú.
El desarrollo de la educación, tanto laica como confesional, y la importante
inuencia de las ideas progresistas, contribuyeron a la evolución de la esfera
socioideológica, abriendo paso a una nueva cultura crítica, militante y com-
prometida, culminando institucionalmente en la creación de la Casa de la
Cultura Ecuatoriana (CCE), en 1944.19
Para Enrique Ayala Mora, “la transformación de julio de 1925 marca el
inicio de una etapa de a lo menos dos décadas, signadas de una crisis global
del sistema”, que pone en evidencia la inexistencia de una dirección política
capaz de enfrentar la crisis del modelo agroexportador, el ocaso del siste-
ma plutocrático y los graves efectos mundiales de la Gran Depresión.20 Esta
situación se tradujo en una inestabilidad política crónica de 1925 a 1948, al
amparo de cinco constituciones (1906, 1929, 1938, 1945 y 1946), en menos de
un cuarto de siglo, y 23 gobiernos, de los cuales solamente nueve fueron de
presidentes constitucionales, quienes, sin embargo, no terminaron su man-
dato. Analizando la crisis de hegemonía de las oligarquías, liberal y conser-
vadora, cada una agarrada a sus intereses económicos y regionales, Agustín
Cueva recuerda que “en solo un año, el de 1932, deslaron por el palacio
presidencial cinco mandatarios y Ecuador sufrió una cruenta guerra civil”.21
Durante estas décadas, marcadas además por los cambios sociales y la
urbanización, las capas medias y populares, golpeadas por la recesión econó-
mica global, actuaron cada vez más en el campo político. La inestabilidad del
gobierno se combinó así con una movilización “desde abajo” y la “irrupción
19. La CCE fue la obra magna de Benjamín Carrión, un destacado representante del
pensamiento democrático-nacional. Como propuesta institucional materializó “un com-
promiso de transacción que permitiera reducir las diferencias entre los valores de una
cultura popular pujante [...] y la cultura elitaria”, “dos formas opuestas de cultura [encon-
trando] así la posibilidad de entenderse bajo el lema de ‘lo nacional’ ”. Fernando Tinajero,
“Una cultura de la violencia. Cultura, arte e ideología (1925-1960)”, en Nueva Historia del
Ecuador. Época republicana IV, vol. 10, ed. por Enrique Ayala Mora (Quito: Corporación
Editora Nacional/Grijalbo, 1990), 206.
20. Enrique Ayala Mora, Resumen de historia del Ecuador, 2.ª ed. revisada y aumentada
(Quito: Corporación Editora Nacional, 1999), 93.
21. Agustín Cueva, “El Ecuador de 1925 a 1960”, en Nueva Historia del Ecuador..., vol.
10, 96.
proCesos 59, enero-junio 2024120
de las masas” en el escenario nacional.22 Se desarrollaron nuevas corrientes
organizativas e ideológicas y se dieron fuertes movilizaciones políticas y
sociales, desde las manifestaciones estudiantiles o populares y las huelgas
obreras hasta los alzamientos campesinos que reclamaban por la tierra y los
levantamientos indígenas.23 Al desarrollo de las capas medias urbanas y edu-
cadas corresponde también una institucionalización de la organización popu-
lar con una multiplicación de asociaciones, gremios y sindicatos.24 Es en este
contexto nacional que intervino el Ejército, como un actor especíco y una
nueva fuerza unicadora “que respeta a la sociedad civil”, identicándose
con “varios tipos de reformismo, es decir, con una visión del futuro” y como
“la única institución nacional capaz de formular y llevar a cabo reformas que
pueden redundar en el bien común, particularmente del pueblo”.25
auge y protagonismo
de las Fuerzas armadas
En esta parte, formulo la hipótesis según la cual el MTE puede ser enten-
dido e interpretado como una expresión particular y original, a la vez técnica
y social, de la visión de los militares del Ecuador, sobre la capacidad del
Estado central y sus élites para “racionalizar el ejercicio del poder orientado
al desarrollo progresivo de la civilización”.26 Para ellos especialmente en
referencia a las preocupaciones de sus jóvenes y profesionalizados ociales
22. Enrique Ayala Mora, Historia del Ecuador II. Época Republicana, 4.ª ed. actualizada
(Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador/Corporación Editora Nacional,
2022), 76.
23. Aparecieron entonces los modernos partidos políticos, como el Partido Liberal Ra-
dical (1923), el Partido Conservador Ecuatoriano (1925), el Partido Socialista Ecuatoriano
(1926) y el Partido Comunista Ecuatoriano (1931).
24. Entre 1920 y nales de la década de 1940 se multiplicaron las organizaciones artesa-
nales, las asociaciones de empleados, los sindicatos y los comités obreros. A nivel nacional
se crearon la Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (CEDOC), en 1938; la Confe-
deración de Trabajadores del Ecuador (CTE), en 1944; y la Federación Ecuatoriana de Indios
(FEI) dentro de una dinámica interna de cambio en la identidad de los pueblos indígenas.
25. Juan Maiguashca, “La cuestión regional en la historia ecuatoriana (1930-1972)”,
en Nueva Historia del Ecuador. Ensayos Generales I. Espacio, población y región, vol. 12, ed. por
Enrique Ayala Mora (Quito: Corporación Editora Nacional/Grijalbo, 1992), 208.
26. Una parte importante de la información plasmada en esta tercera parte debe mu-
cho a dos excelentes trabajos de investigación: Cecilia Ortiz, Indios, militares e imaginarios
de nación en el Ecuador en el siglo XX (Quito: FLACSO Ecuador/Abya-Yala, 2006); Salomón
Cuesta y Cecilia Ortiz, “Alianzas y oposiciones entre indios y militares durante el siglo
XX. Un modelo social ecuatoriano”, Revista Iberoamericana, n.º 220 (2007): 665-688.
proCesos 59, enero-junio 2024 121
de clase mediael análisis de la realidad geográca y de los factores histó-
ricos y socioeconómicos del país hace parte integral del proyecto y del reto
de la construcción de la nación moderna. En su amplitud misma, la realiza-
ción del MTE puede ser considerada como una puesta en práctica sectorial
concreta de “la presencia multifuncional y diversa del soldado moderno”
en relación con el pensamiento sobre “lo nacional” del Estado juliano y de
sus posteriores manifestaciones, especialmente bajo el gobierno del general
Alberto Enríquez Gallo.
No corresponde aquí detallar los acontecimientos de 1925 en adelante,27
ni discutir la calicación teórica del momento juliano de ejercicio del poder
como revolución, reforma o movimiento. Sin embargo, es importante desta-
car algunos elementos clave de las referencias culturales e ideológicas espe-
cícas de las Fuerzas Armadas como actor social y político. El “imaginario
moderno de nación”, estudiado por Cecilia Ortiz, es el contexto ideológico
que, en parte, sostiene este intervencionismo castrense. Para la profesiona-
lizada joven ocialidad de la época, unir la nación y consolidar el Estado
son dos retos mayores: “parte de las tareas militares se destinan a fomentar
la unicación nacional desde una perspectiva integral; es decir, que invo-
lucre la construcción de una cultura nacional”.28 El proyecto de cambio re-
quiere entonces de un Estado fuerte, homogeneizador y modernizador. Unir
la nación implica, por un lado, homogeneizar la sociedad, combatiendo la
fragmentación y la desigualdad en un país profundamente marcado por la
diversidad étnica, los antagonismos entre provincias y pueblos, entre oligar-
quías político-económicas y regionales, en el afán de construir una sociedad
mestiza cultural y étnicamente, lo que supone “incorporar al indio y al mon-
tubio a la vida civilizada”;29 por otro lado, modernizar el país fomentando el
progreso, verdadero paradigma de la nación moderna, un progreso integra-
dor de la sociedad gracias al desarrollo social y técnico, educativo y cultural.
Los militares que protagonizaron importantes cambios en el Ecuador a
partir de la segunda mitad de los años 20 no quedaban apartados del mo-
vimiento de las ideas de la época. El proyecto juliano fue así articulador de
27. Con la Revolución juliana inició un período de intervención recurrente de las
Fuerzas Armadas, ya sea por parte de grupos de ociales como en la secuencia: Liga mili-
tar, Junta central militar, Junta de Gobierno de 1925-1926, como ejercicio en el poder o por
alguno de ellos: el coronel Luis Larrea Alba, en 1931, después de derrocar al presidente
Isidro Ayora; el general Carlos Freile Larrea, en 1932 (y nuevamente en 1944, cuando la
Junta de Guayaquil derrocó al presidente Carlos Arroyo del Río); el general Alberto Enrí-
quez Gallo, en 1937-1938, sin olvidar el apoyo del Ejército a un civil como Federico Páez,
en 1935-1937.
28. Ortiz, Indios, militares e imaginarios..., 59.
29. Cuesta y Ortiz, “Alianzas y oposiciones...”, 668.
proCesos 59, enero-junio 2024122
un nuevo modelo de Estado capaz de imponer su “autoridad política, cen-
tralista e institucional, como aparato de expresión de ‘lo nacional’, sobre los
fraccionamientos regionales, sociales, partidistas o de grupo y sobre el juego
de fuerzas tradicionales, y la institucionalización de la ‘cuestión social ecua-
toriana’ como política del Estado”.30 En cuanto a las referencias al socialis-
mo, Ayala Mora recalca que, en términos de cultura, educación, organiza-
ción gremial, “desde los años veinte, el socialismo se constituyó en el polo
ideológico más dinámico del Ecuador”,31 mientras que Alejandro Moreano,
en una formulación quizás algo polémica, arma que “el socialismo fue la
gran reserva verbal a donde acudieron todas las clases para llenar el vacío
ideológico formal provocado por la crisis de la burguesía y la rebelión de
los trabajadores”.32 Abordando el tema, a propósito de la relación particular
entre militares e indios, Salomón Cuesta y Cecilia Ortiz por su parte convie-
nen en que “el socialismo de la época no era considerado una amenaza para
el Estado, sino un mecanismo para acelerar su modernización, una vez que
los indios eran percibidos por las élites como obstáculos para la consecución
de su proyecto de nación: proletarizarlos, ciudadanizarlos, evangelizarlos,
integrarlos, fueron términos equivalentes en este contexto”.33 Jaime Breilh
y Fanny Herrera, en un balance del momento histórico juliano, lo conside-
ran como un “proceso de carácter revolucionario, pues implicó un cambio
radical que se construyó desde dentro del aparato estatal, por parte de los
jóvenes militares insurrectos, y desde fuera del mismo, por los intelectuales
y fuerzas sociales de inspiración socialista”.34
No se puede entender el protagonismo de las Fuerzas Armadas sin
mencionar el papel determinante de las misiones militares extranjeras en
la modernización y profesionalización de los soldados ecuatorianos.35 Ellas
30. Sobre el tema de la “dignicación moral y material del proletariado”, en la revista
El Ejército Nacional, n.º 26 (1925), se escribió: “a ello ha querido cooperar el soldado heroico
de nuestras las, aquel humilde servidor de la Patria”. Véase también Juan Paz y Miño,
Revolución juliana. Nación, ejército y bancocracia, 2.ª ed. (Quito: Abya-Yala, 2000), 100, nota
131. El general Alberto Enríquez Gallo “perló los lineamientos de un proyecto nacional
de corte militar” traducido en políticas integracionistas (ley de comunidades indígenas,
ley de educación primaria y escuelas rurales con enseñanza del quechua, código del tra-
bajo, asesoramiento técnico en el campo).
31. Ayala Mora, Resumen de historia..., 94.
32. Alejandro Moreano, “Capitalismo y lucha de clases en la primera mitad del siglo
XX”, en Ecuador. Pasado y presente, ed. actualizada (Quito: Libresa, 1995), 116.
33. Cuesta y Ortiz, “Alianzas y oposiciones...”, 673.
34. Jaime Breilh y Fanny Herrera, El proceso juliano. Pensamiento, utopía y militares so-
lidarios (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador/Corporación Editora
Nacional, 2011), 127.
35. Una misión militar chilena —con formación prusiana— había sido la primera en
intervenir a principios del siglo XX. A partir del año 1922 se instaló una primera Misión
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desarrollaron una visión de corte mesiánico del militar, a la vez antioligár-
quico y antipolítico, leal al Estado y a la nación. Siendo una tarea clave de las
Fuerzas Armadas buscar y promover la construcción de un Estado fuerte y
actuar a favor de un orden jerárquico y corporativo, con formas de paterna-
lismo hacia el pueblo. En su papel de fuerza unicadora, las Fuerzas Arma-
das podían solicitar entrelazamientos sectoriales y convergencias entre élites
de diversos partidos, tanto laicas como confesionales. Mientras que, en otro
registro, como actor con autoridad tecnocrática, contaban con buena acogida
en los sectores medios y populares. Fue en el transcurso de ese período, y
bajo el asesoramiento de las dos misiones italianas, cuando las principales
estructuras castrenses se institucionalizaron como parte integrante del pro-
ceso de modernización del Estado. En 1922 se abrió una escuela para o-
ciales e ingenieros militares, donde se dispensaba una enseñanza moderna,
especialmente en matemáticas, topografía, construcción y comunicaciones.
La Academia de Guerra, recién fundada en 1923, organizó cursos técnicos
de especialización y facilitó la formación de ociales en las escuelas militares
de Chile o Italia. En 1928 se creó el Servicio Geográco Militar en Riobamba,
trasladado después a Quito, y en 1938 inició la Escuela de Ingenieros del
Ejército, con maestros italianos y profesores de la Escuela Politécnica de Qui-
to. Se desplegó así un aparato moderno de formación de cuadros militares
invitados a cumplir con “la función social del soldado moderno, quien estu-
dia la patria para conocerla y se capacita para administrarla”.36 En 1938 em-
pezaría también a funcionar en forma permanente el Servicio Militar Obliga-
torio (creado en 1902) como instrumento de homogeneización de la sociedad
con la perspectiva asumida de “institucionalizar” y “ciudadanizar” a los
indios (o “mejorar la raza”, según el discurso paternalista) y como escuela
de formación de líderes, relacionado con el ascenso en la jerarquía militar
que incidía en el mestizaje de los valores nacionales.
En el contexto global de los cambios socioespaciales que marcaron a
la Sierra centro-norte, con la creciente presencia de las clases medias y la
nueva preocupación hacia la integración de la población indígena, con la
urbanización y el desarrollo del mercado local —y nacionalvale recalcar
el papel integrador jugado por la extensión de la red regional de caminos y
carreteras que se extiende notablemente en los años 1920-1930, como com-
plemento del ferrocarril nacional, el cual conoce durante estos años el apo-
geo de su servicio.37
Italiana —la más importante de todas las misiones militares italianas en América Latina—
y una segunda fue contratada en 1936.
36. Cuesta y Ortiz, “Alianzas y oposiciones...”, 670.
37. El transporte anual de pasajeros crece de 200 000 a 500 000, y de 100 000 a 300 000
toneladas de mercaderías. Deler, Ecuador del espacio..., 298.
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Figura 5. Herencia de la progresión de la vialidad en la Sierra centro-norte
Camino empedrado cerca de Rumipamba (provincia de Pichincha, cantón Rumiñahui), s. f.
Fotografía: Jean-Paul Deler.
Carreteras y caminos empedrados —esos con “menos de 6 metros de
ancho” que aparecen en la leyenda del MTEse multiplicaron. Su imple-
mentación correspondió al juego de un abanico de condiciones y esfuerzos:
se combinaron tanto la implicación de las élites modernizadoras, a través del
liderazgo local y de la organización de comités pro obras, el apoyo del Go-
bierno en la provisión de material y créditos para construir algunos tramos
clave de la integración regional o nacional y, obviamente, una amplia movi-
lización de mano de obra popular, indígena en gran parte, que logró reunir
hasta varios miles de trabajadores.38 El Cuerpo de Ingenieros del Ejército,
38. Gracias a la tradicional organización de mingas por las comunidades y los hacen-
dados y, más tarde, bajo la ley de conscripción vial de 1944, del presidente Velasco Ibarra.
Ana María Goetschel, “Hegemonía y sociedad (Quito: 1930-1950)”, en Ciudades en los An-
des. Visión histórica y contemporánea, comp. por Eduardo Kingman Garcés (Quito: Instituto
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dependencia de las Fuerzas Armadas destinada a la construcción de carrete-
ras, fue un actor mayor del proceso, que contribuyó al desarrollo de las vías
de comunicación del país, participando así en la lucha contra el aislamiento
y, por lo tanto, en el mejoramiento de la organización del territorio nacional.
El Batallón Imbabura había sido ya movilizado en 1918, como apoyo a la
construcción del ferrocarril de Sibambe a Cuenca.39 En 1926, en un artículo
publicado en El Comercio, del 22 de junio, bajo el título: “Los caminos y el
Ejército”, se elogia a dicho batallón, al abrir su primer camino, escribiendo:
“Los Zapadores de la civilización se han de entusiasmar, cristalizando sus
anhelos de adelanto en la multiplicación de caminos que tanta falta nos ha-
cen. A la obra, bravos obreros del progreso!”.40 En 1930, en otro editorial del
diario El Día, bajo el título “El trabajo militar en obras públicas”, se rinde un
homenaje vibrante a los ingenieros del Batallón Montúfar, “tropa laboriosa
en una campaña de paz inolvidable”, movilizada en obras de un tramo del
ferrocarril de Sibambe a Cuenca,
porque si el soldado combate por la seguridad nacional por la honra de la Repú-
blica y por el aanzamiento de la grandeza de un país, cuando trueca el Arma
por la pica y el cañón por la carga que explosiona en la entraña de las rocas,
abriéndolas al paso triunfal de la civilización, hace obra redentora de las nacio-
nes, asegurándoles los benecios invalorables del progreso.41
El Batallón de San Gabriel participó, por su parte, en la construcción de
“la carretera oriental del Carchi”,42 obra que movilizó a miles de trabajadores
entre 1926 y 1937. En 1946, se inauguró la vía Baños-Puyo, primer acceso mo-
derno que enlazó la Sierra con el Oriente. Estos son testimonios de la partici-
pación de las Fuerzas Armadas en el desarrollo de las vías de comunicación,
no solo por ser vectores de progreso y de integración socioespacial del país
sino, también, por ser medios de armación de la “ecuatorianidad”.43
Fuera de la compra de equipamientos y armas para la defensa, ¿cuál
sería el costo propio del proceso de institucionalización de las Fuerzas Ar-
madas en esa época y, particularmente, la dedicada al programa sectorial del
MTE? “En consideración del enorme desembolso de dinero” que supone,
Francés de Estudios Andinos/Centro de Investigaciones CIUDAD, 1992), 330, https://
doi.org/10.4000/books.ifea.2234.
39. Véase Breve historia del Ejército..., 125 (foto).
40. “Arma de ingeniería”.
41. Ibíd., 61.
42. Ponencia de Carlos Landázuri Camacho presentada al “IX Congreso Ecuatoriano
de Historia” (Quito, 2015); Carlos Landázuri Camacho, Un pueblo y un camino. La carretera
oriental del Carchi (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar/Abya-Yala, 2021).
43. Ortiz, Indios, militares e imaginarios..., 60.
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según el mismo mayor Rocca.44 Alejandro Moreano señala que en los años
30 se produjo un “crecimiento espectacular” del presupuesto del Ministerio
de Defensa, cuyos ingresos pasaron, entre 1933 y 1939, de unos 6 millones a
14,5 millones de sucres.45
ConClusiones
En este breve análisis sobre el MTE, considerado en su contexto geográ-
co, histórico e institucional, se ha enfocado el proyecto técnico mismo y su
realización, no solo como una operación sectorial especíca de las Fuerzas
Armadas, sino como la ocasión de una notable experiencia de acercamiento
práctico de los militares y el personal civil asociado con el país profundo, por
implicar el levantamiento de cada plancheta de base, a escala del 1/25 000,
una larga permanencia de las brigadas geodésicas por los campos y pueblos
de la Sierra andina, campesina e indígena ecuatoriana.46 Acorde con el pen-
samiento sobre “lo nacional” y la línea humanista de compromiso social de
los ociales militares progresistas del movimiento juliano —“aliados soli-
darios y garantes de los derechos del pueblo llano”— el proyecto moderni-
zador particular del MTE parece en eso muy representativo de esta “faceta
adicional que no debe ser soslayada, pues contribuye al conocimiento de las
Fuerzas Armadas, que no siempre operan como brazo armado de las clases
poderosas, sino que hay momentos y espacios históricos en que se sitúan al
lado de su pueblo”.47
Para terminar, hay que subrayar que este primer corpus cartográco del
MTE de los años 1930 y 1940 sigue constituyendo una muy valiosa fuente de
datos en apoyo a la investigación en ciencias sociales sobre el campo andino
del segundo cuarto del siglo XX. Pues sus planchetas proporcionan una ima-
gen el y precisa del territorio local, en sus usos y estructuras, así como en la
dimensión geográca de sus sistemas productivos. Ofrecen la herramienta
44. “Arma de ingeniería”, 57.
45. Calculado en dólares americanos y redondeando, eso representaba sin embargo
un aumento signicativo de 1,5 a 1,8 millones; o sea un crecimiento del presupuesto de
más de 25 % en 6 años, manteniéndose el gasto total en una proporción de 21 a 21,5 % del
presupuesto estatal de los mismos años. Moreano, “Capitalismo y lucha...”, 136.
46. A nales de la década de los 40 se cierra el primer ciclo del MTE, con sus brigadas
geodésicas de campo y al encuentro de la gente. En los años 50, el salto tecnológico del
uso de aviones y de fotografías aéreas modica las condiciones de realización del trabajo
de levantamiento de la cartografía nacional, con la creación del Servicio Aéreo del Ejército
(1954) y la producción de las primeras imágenes aéreas en colaboración con el Inter Ame-
rican Geodesic Survey (1958).
47. Breilh y Herrera, El proceso juliano..., 33.
proCesos 59, enero-junio 2024 127
invalorable del rostro espacial de la región Sierra centro y norte, en proceso
de recomposición en vísperas de las reformas agrarias de las décadas poste-
riores en los años 1960 y 1970.
Figura 6. En el país profundo: ocial del ejército y población del campo (s. f.)
Fuente: Breve historia del Ejército Ecuatoriano, ed. por Kléver Bravo (Quito: Ejército Ecuato-
riano/Centro de Estudios Históricos del Ejército Ecuatoriano, 2005), 123.
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Fuentes y bibliograFía
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