
proCesos 59, enero-junio 2024122
un nuevo modelo de Estado capaz de imponer su “autoridad política, cen-
tralista e institucional, como aparato de expresión de ‘lo nacional’, sobre los
fraccionamientos regionales, sociales, partidistas o de grupo y sobre el juego
de fuerzas tradicionales, y la institucionalización de la ‘cuestión social ecua-
toriana’ como política del Estado”.30 En cuanto a las referencias al socialis-
mo, Ayala Mora recalca que, en términos de cultura, educación, organiza-
ción gremial, “desde los años veinte, el socialismo se constituyó en el polo
ideológico más dinámico del Ecuador”,31 mientras que Alejandro Moreano,
en una formulación quizás algo polémica, arma que “el socialismo fue la
gran reserva verbal a donde acudieron todas las clases para llenar el vacío
ideológico formal provocado por la crisis de la burguesía y la rebelión de
los trabajadores”.32 Abordando el tema, a propósito de la relación particular
entre militares e indios, Salomón Cuesta y Cecilia Ortiz por su parte convie-
nen en que “el socialismo de la época no era considerado una amenaza para
el Estado, sino un mecanismo para acelerar su modernización, una vez que
los indios eran percibidos por las élites como obstáculos para la consecución
de su proyecto de nación: proletarizarlos, ciudadanizarlos, evangelizarlos,
integrarlos, fueron términos equivalentes en este contexto”.33 Jaime Breilh
y Fanny Herrera, en un balance del momento histórico juliano, lo conside-
ran como un “proceso de carácter revolucionario, pues implicó un cambio
radical que se construyó desde dentro del aparato estatal, por parte de los
jóvenes militares insurrectos, y desde fuera del mismo, por los intelectuales
y fuerzas sociales de inspiración socialista”.34
No se puede entender el protagonismo de las Fuerzas Armadas sin
mencionar el papel determinante de las misiones militares extranjeras en
la modernización y profesionalización de los soldados ecuatorianos.35 Ellas
30. Sobre el tema de la “dignicación moral y material del proletariado”, en la revista
El Ejército Nacional, n.º 26 (1925), se escribió: “a ello ha querido cooperar el soldado heroico
de nuestras las, aquel humilde servidor de la Patria”. Véase también Juan Paz y Miño,
Revolución juliana. Nación, ejército y bancocracia, 2.ª ed. (Quito: Abya-Yala, 2000), 100, nota
131. El general Alberto Enríquez Gallo “perló los lineamientos de un proyecto nacional
de corte militar” traducido en políticas integracionistas (ley de comunidades indígenas,
ley de educación primaria y escuelas rurales con enseñanza del quechua, código del tra-
bajo, asesoramiento técnico en el campo).
31. Ayala Mora, Resumen de historia..., 94.
32. Alejandro Moreano, “Capitalismo y lucha de clases en la primera mitad del siglo
XX”, en Ecuador. Pasado y presente, ed. actualizada (Quito: Libresa, 1995), 116.
33. Cuesta y Ortiz, “Alianzas y oposiciones...”, 673.
34. Jaime Breilh y Fanny Herrera, El proceso juliano. Pensamiento, utopía y militares so-
lidarios (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador/Corporación Editora
Nacional, 2011), 127.
35. Una misión militar chilena —con formación prusiana— había sido la primera en
intervenir a principios del siglo XX. A partir del año 1922 se instaló una primera Misión