Apuntes a propósito
de La aleación inestable
Notes on La aleación inestable
Notas sobre La aleación inestable
Kim Clark
UniversidaddeWesternOntario
London, Canadá
https://orcid.org/0000-0001-8044-6069
https://doi.org/10.29078/procesos.v.n56.2022.3405
Leí este libro desde la perspectiva de alguien con un profundo inte-
rés en una parte del período que Pablo Ospina estudia y como alguien que
usualmente enfoca sus ojos en algunos procesos parecidos o relacionados,
pero desde un ángulo distinto. El alcance del análisis de Pablo es especial-
mente interesante para mí. Como normalmente mi propia mirada está jada
en un nivel más cotidiano de las prácticas estatales, todavía estoy digiriendo
el ambicioso análisis de Pablo y por el momento quiero enfatizar varias áreas
que encuentro especialmente estimulantes e interesantes, las cuales cataliza-
ron muchas ideas cuando lo estaba leyendo, algunas de las cuales quisiera
compartir aquí. Considero que este libro constituye un gran logro. Dados los
límites de espacio, en vez de resumir la visión de Pablo sobre las dinámicas
políticas y la formación del Estado ecuatoriano a mediados del siglo XX (que
debo decir, ¡vale la pena leer!), quiero señalar algunas ideas que esa visión
evocó para mí y sugerir algunas preguntas adicionales sobre las que su tra-
bajo me hizo pensar, todo dentro del espíritu de “diálogo crítico”.
Hay tanto de valor en este libro, desde la visión coherente de los
procesos políticos y la formación estatal ecuatorianos, al resumen crítico, en
español, de un número de argumentos académicos que creo que no se en-
cuentran fácilmente disponibles en castellano —lo cual, me imagino, será de
gran ayuda para propósitos didácticos—. Coneso que también me ayudó
a saber cómo captar ciertos conceptos o argumentos en castellano que estoy
guardando como una referencia para el futuro. ¡En n, estas cosas siempre
son útiles!
Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 56 (julio-diciembre 2022), 183-186. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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Ahora, hablemos de Gramsci —el argumento de Pablo se enfoca en
parte en el transformismo, una aproximación muy sugerente para el Ecua-
dor—. Gramsci discute el transformismo en Italia como una estrategia para
prevenir la formación de un movimiento fuerte de la clase obrera, para apro-
piarse y neutralizar sus ideas y líderes dentro de una coalición al mando. Pa-
blo aplica y adapta este concepto para proveer una visión de alto nivel de los
procesos políticos, alianzas y luchas en el Ecuador que, de nuevo, encuentro
muy sugerente. Quiero destacar otra dimensión del trabajo de Gramsci que
encuentro sumamente productiva para entender el Ecuador: la noción de he-
gemonía, pero no como un sustantivo, ni como un logro, sino más bien como
un proceso continuo a través del cual un grupo dominante logra dirigir, al
mismo tiempo que domina. ¿Qué sucede si intentamos usar el concepto de
hegemonía como un adjetivo en vez de utilizarlo principalmente como un
sustantivo? ¿Qué es lo que haríamos, entonces, que el adjetivo “hegemó-
nico” calique? ¿Un proyecto? ¿Un proceso? ¿Cómo podemos expresar a
través de las palabras que escogemos el sentido de la contingencia y los ele-
mentos procesuales que queremos destacar en nuestro análisis?
¿Y cómo ocurre ese liderazgo? ¿Es una estrategia deliberada y cohe-
rente que se puede planicar con anticipación, o existe un proceso continuo
de tener que —bajo ciertas condiciones políticos, sociales e históricas que Pa-
blo dibuja muy bien— incorporar las demandas de otros grupos? En térmi-
nos prácticos, ¿cómo funciona esto? Mi parte favorita de los Cuadernos de la
cárcel de Gramsci sigue siendo las “Notas sobre la historia italiana”, donde el
autor compara lo que sucedió en Italia con los procesos políticos en Francia.
Aquí estoy pensando en sus comentarios sobre los años de la Revolución
francesa e inmediatamente después, donde él describe cómo la burguesía
fue (creo que dice) empujada a patadas en el trasero para que expandiera su
programa político para incluir las demandas de otros grupos, más o menos
contra su voluntad. Estoy muy interesada en esas patadas. Esa perspectiva
nos ayuda a buscar los resultados no esperados de los procesos políticos.
Además, ¿opera ese liderazgo principalmente en un nivel cultural,
el nivel de la creencia, el nivel de la conciencia falsa, del consenso ideológi-
co? ¿Cómo podemos medir o evaluar esto? ¿O podemos capturar de mejor
manera el nivel de las prácticasen un contexto de negociaciones cotidianas,
mundanas?
Uno de los mejores ejemplos que encontré en mi propia investiga-
ción —la primera— fue los usos múltiples y contradictorios de la Ley de
Fomento Agrícola e Industrial a nes de la década de 1910 y durante los años
20. Diseñada —en realidad directamente escrita— por el grupo de terrate-
nientes modernizadores en la Sociedad Nacional de Agricultura, esta ley fue
formulada para promover los intereses de ciertos sectores dominantes de
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productores. Sin embargo, en el ambiente local de Alausí, los campesinos
indígenas lograron tomar una de sus disposiciones en contra de la clausura
de caminos y utilizarla en su resistencia contra las acciones de terratenientes
que estaban precisamente intentando activar otros elementos de la misma
ley. El hecho de que estos campesinos lograran tener algún éxito a través del
reclutamiento de ciertos funcionarios estatales para apoyar sus pedidos es,
de hecho, evidencia de la relevancia del espíritu del análisis de Pablo sobre
cómo se construye el consenso.
El enfoque en las prácticas a nivel local, en el contexto de la histo-
ria de relaciones de disputa entre grupos sociales, proporciona perspecti-
vas adicionales que se captan en el análisis a un nivel mayor, más global. Y
esta es la dicultad: es casi imposible capturar, al mismo tiempo, esa visión
comprensiva, general, del movimiento de las fuerzas sociales y políticas y
de las alianzas a un nivel más alto y también cómo funcionaba esto en las
relaciones cotidianas, en los contextos locales. Esta es una cuestión de enfo-
que que no puede resolverse fácilmente y una crítica duradera de un trabajo
tan excelente como lo de Eric Wolf y su famoso libro Europa y los pueblos sin
historia. Dado que mi trabajo se enfoca en un nivel más granular de análisis,
el nivel más alto que Pablo maneja es especialmente admirable para mí, pero
sigo preguntándome cómo combinar los dos enfoques.
Vuelvo al asunto de utilizar sustantivos versus adjetivos: ¿qué pasa
con el Estado? Cuando se usa como sustantivo se contribuye a concretarlo
como una esfera separada, apropiado en algunos análisis, donde los actores
sociales batallaban para controlar algo que ellos mismos concretaban como
el Estado, pero se debe reconocer que mediante sus acciones y discurso esos
actores sociales contribuyeron a construir una idea del Estado como un ob-
jeto para pelear y ganar. ¿Pero nosotros estamos de acuerdo con esa visión?
Yo preero intentar —no siempre con éxito— usar el “Estado” tam-
bién como un adjetivo, como: actores estatales, proyectos estatales, efectos
estatales. ¿Esto resalta nuestro sentido de la naturaleza desigual, contingente
y parcial de estos procesos? Encuentro particularmente insatisfactorias las
discusiones académicas sobre los Estados que están “fallando” o que son
“débiles”. Esto nos dice más sobre qué es lo que esos Estados no son que lo
que son, y claramente sugiere un proceso de formación estatal “normal” que,
en sí mismo, debería ser cuestionado y complejizado.
En el análisis de Pablo se emplea varias veces la palabra “débil” para
describir la presencia de los actores estatales en sitios especícas del territo-
rio nacional, más que para el Estado en su totalidad. Este uso es productivo
porque explica cómo la creciente densidad de los actores estatales a través
del tiempo afectó tanto los procesos de dominación como las posibilidades
de resistencia (enmarcadas dentro de ese proceso de dominación). ¿Cuáles
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son las áreas donde un Estado débil es también unEstadoeciente en construir
consenso? Las relaciones entre los grupos dominantes y los actores sociales
(como los militares) es un contexto de enmarcación, ya que ningún grupo
logró imponer completamente sus intereses sobre los otros y la negociación
continua que se destaca a lo largo de su libro es una dinámica clave, pues el
libro permite aprender sobre la lógica de los militares.
Una perspectiva que ofrece el autor se relaciona con todos los hilos
de análisis y argumentos es de un artículo de Philip Abrams, disponible en
inglés únicamente, quien destaca que el Estado es esencialmente, y más que
nada, un ejercicio en legitimación y dominación. De acuerdo, pero Abrams
también enfatiza en dos elementos susceptibles al análisis: la idea del Estado y
el sistema del Estado; y hace hincapié en cómo los dos son parciales, así como
constantemente construidos y reconstruidos en cualquier contexto. Muchos
académicos han explorado su idea del Estado y explorado cómo ciertas nocio-
nes se comunican y activan a través de encuentros y discursos. El sistema del
Estado, como red de ocinas, agencias y personal, es también parcial y con-
tingente, un proyecto y un proceso, no un logro terminado. Un tema que me
ha interesado es la relación entre esos dos elementos, en lugares y momentos
especícos del Ecuador: cómo los actores sociales subalternos pueden exigir
a los funcionarios estatales que se comporten de manera consistente con la
proclamación de la idea de Estado y, al hacer eso, invitar una acción esta-
tal en contextos locales, reforzando el sistema del Estado. Así se construye el
consenso, pero tal vez también el propio sistema del Estado, que quizá no es
algo anterior a la idea del Estado, sino que es impulsado a través del sistema,
aunque esta es una pregunta por explorar.
Esta reexión es compatible con el análisis de Pablo desde un ángulo
diferente pero relacionado con los procesos que discute. Concluyo con un
último punto: la inestabilidad política en la década de los 30. Si bien aprendí
mucho sobre las relaciones entre los militares liberales y los políticos conser-
vadores y la forma en que inuyeron en la época, quedan preguntas adicio-
nales sobre la inestabilidad en las prácticas cotidianas de las agencias estata-
les. Por ejemplo, ¿qué sucedió en las áreas donde los funcionarios estatales
tenían mayor experiencia y conocimiento de las políticas, leyes, reglamentos
e historia de conictos, como en el caso del Ministro de Previsión Social y
Trabajo, donde en menos de un año, entre 1933 y 1934, se sucedieron tres
ministros? Es decir, ¿cómo cambió la relación entre los actores estatales en
las agencias del Estado y el liderazgo político de los ministerios? ¿La posi-
bilidad de reclamar ciertos derechos cambió en estas suras del sistema del
Estado? Estas son algunas de las reexiones que ha estimulado este excelente
libro sobre cómo entender los procesos políticos en el Ecuador del siglo XX.