ANDREA CARRIÓN HURTADO. REESTRUCTURACIÓN DE LA REGULACIÓN MINERA:
EL ENCLAVE AURÍFERO DE ZARUMA Y PORTOVELO, 1860-1980. QUITO:
INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS NACIONALES (IAEN), 2018, 348 PP.
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i51.861
Son pocos los estudios especializados de pequeñas ciudades. ¿Qué espe-
ra encontrar el geógrafo o el historiador que se acerca a ellas? ¿Qué sentido
tiene hacerlo? Hasta hace poco la historia urbana ocupó un lugar marginal
en los Andes en relación con la historia agraria o a la historia política, pero
además el grueso de los estudios urbanos se centró en las ciudades principa-
les: Quito, La Paz, Lima, Cuzco, Bogotá, entre otras. En la medida en que se
trataba de estudios fuertemente influidos por la urbanística y marcados por
modelos o debates clásicos como los del progreso, la modernidad, la econo-
mía urbana, el despliegue demográfico y la transición, buscaron ubicarse en
lo que se consideraba momentos avanzados dentro de una línea de trans-
formaciones sucesivas. Las ciudades andinas, como las latinoamericanas,
respondían a un modelo de desarrollo lineal, originado en Europa, que, de
acuerdo con esta perspectiva, solo tomaba forma en las ciudades principales.
Ahora sabemos que lo urbano incluye lo social, ubicándose más allá de la ur-
banística y de la propia historia de los espacios urbanos. Sabemos, además,
a partir de Lefebvre y Leeds, que lo urbano se ha generalizado, incluyendo
tanto a la ciudad como al campo.
El libro Reestructuración de la regulación minera: el enclave aurífero de Zaru-
ma y Portovelo, 1860-1980 puede ser ubicado lo mismo dentro de la historia
urbana, la historia social o la historia de la minería. En realidad, topa esos
distintos aspectos como parte de una historia social global que incluye tanto
la economía como la geografía, la sociología y la política. Al hacerlo de ese
modo se coloca más allá de la urbanística asumida en términos espaciales
o de la economía concebida como factor determinante a partir de la cual se
estructuran las clases y los grupos sociales.
Lejos de asumir una perspectiva causal, de cualquier tipo que fuera, la
autora se orienta a “estudiar las condiciones sociales que transforman la tierra,
Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 51 (enero-junio 2020), 235-255. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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la naturaleza y el espacio de acuerdo con las fuerzas productivas en juego, en
una negociación entre acumulación capitalista y producción social a diferentes
escalas” (p. 52). El texto se encuentra organizado con una serie de capítulos
que presentan, de manera dialéctica, los procesos materiales e institucionales
que impulsan la producción del espacio minero, explicando los momentos de
crisis, contradicción y cambio cualitativo en los sistemas de producción local.
Una de las virtudes de este trabajo es conjugar una perspectiva teórica
con el examen de un rico material empírico, hasta el momento dejado de
lado por los historiadores. El libro, al mismo tiempo que se basa en la bús-
queda exhaustiva de documentación de archivo y en la crítica de fuentes,
se ubica fuera de los cánones de la historiografía positivista y de cualquier
determinismo. Su trabajo se desarrolla de manera certera en un espacio de
debates y estudios conectados, relacionados con campos como la geografía
histórica, la economía regional o la historia crítica.
Uno de los puntos de partida de su investigación es asumir a Zaruma y
Portovelo como parte de un enclave minero: un espacio acotado de ejercicio
de soberanía. Esto no solo responde a los requerimientos de una compañía
como la South American Development Company, orientada a organizar la
explotación minera bajo sus propias reglas de juego, sino al limitado control
estatal sobre el conjunto del territorio y particularmente sobre los “espacios
remotos”. Esto hace, como ha señalado Andrés Guerrero, que el Estado actúe
por delegación, pero en este caso no se trata de la plantación o de la hacien-
da, sino de un espacio de extracción minera.
El estudio de Carrión no solo permite colegir los esfuerzos que debió de-
sarrollar la compañía para organizar la producción en un espacio separado
de los centros principales de producción e intercambio, movilizar recursos
como la madera, traer maquinaria, organizar los abastos; sino la forma cómo
se fue organizando una avanzada del capitalismo en el contexto de una so-
ciedad nacional con instituciones débiles y con un fuerte peso del sistema de
hacienda, en la que el capitalismo tenía serias dificultades para desarrollarse.
La compañía no solo posibilitó la explotación minera sino los sistemas de
gobierno, los medios de transporte, las formas de contratación, los recursos
para la reproducción de la fuerza de trabajo incluido dentro de esto la be-
neficencia y el servicio social, las redes de aprovisionamiento, así como las
relaciones con el Estado y con sus representantes.
El enclave es concebido no como imposición o dominación, sino como
campo de fuerzas, en un sentido cercano al señalado por Foucault. Como una
configuración social específica, distinta al que se dio en otras regiones y que,
por tanto, demanda estudios concretos como el desarrollado en este libro.
El enclave como espacio en el que no solo se experimentan nuevas formas
de trabajo, mucho más modernas que las generadas en otras partes del país,
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sino donde se desarrollaban formas nuevas de protesta y movilización social,
como las de la organización sindical. Como espacio de enfrentamientos, pero
también de negociaciones y acuerdos en los que participan distintas fuerzas.
El enclave como fenómeno económico y social pero también como forma
de construcción de hegemonías locales. Como forma de organización de la
vida social, las relaciones cotidianas, los espacios, los significados. El enclave
como heterotopía, en los que la sociedad local pasa a ser administrada por la
empresa minera, pero en el que la propia población desarrolla sus propósitos.
Como proyecto neocolonial, civilizatorio y disciplinario, pero también como
forma de experimentación social y de construcción de una modernidad pa-
ralela, en buena medida distinta a la del resto del país; una modernidad que,
originándose en la compañía, estaba sujeta a negociaciones, incluyendo las
que conducían a la incorporación como ciudadanos (independientemente de
que se trate de ciudadanos de segundo orden) a una población no ciudadana.
Cuando se habla de la compañía se destaca uno de los momentos de la
historia de la explotación minera y se olvida el resto, esto es el hecho de que
antes y después de la South American Development Company existieron
otras empresas mineras. En la memoria de la gente, al igual que en el museo
de Zaruma, los hechos tienden a confundirse. Al historiador de la ciudad
le preocupa esa confusión porque atenta contra la veracidad histórica. A la
geógrafa e historiadora le interesa entender los puntos de contacto entre los
distintos momentos. Andrea Carrión hace un examen detallado de esos mo-
mentos. No solo aquellos en los que la minería se desarrolló de manera nor-
mal, sino aquellos en los que se hizo necesario enfrentar situaciones críticas,
como las huelgas o la liquidación y el traspaso al municipio, al Estado y a los
propios trabajadores de los costos de su crisis.
En el documental La quebrada de oro la memoria está cargada de significa-
dos: se conjugan testimonios y antiguas imágenes del tiempo de la compañía
para preguntarse de qué modo y bajo qué pautas cohabitaron dos mundos di-
ferentes y en algunos sentidos opuestos, el de los trabajadores mineros venidos
de muchas partes y el de los gringos.1 En el libro Reestructuración de la regulación
minera el archivo es una mina que hay que recorrer con sigilo. Tal como fue-
ron concebidos, en uno y otro trabajo conviven las certezas y los interrogantes.
Toda historia, al igual que toda memoria, es una forma de actualizar el pasado.
Eduardo Kingman Garcés
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
Quito, Ecuador
ORCID: 0000-0001-7256-900X
1. John Tweedy y Beret Strong, dirs., video documental La quebrada de oro (producido
por Landloked Films, 2004).