Historia de mujeres y mujeres en la historia:
evolución, contribución, retos y relevancia
Historyofwomenandwomeninhistory:
Evolution,contribution,challengesandrelevance
Históriademulheresemulheresemhistória:
Evolução,contribuição,retoserelevância
Ishita Banerjee
CentrodeEstudiosdeAsiayÁfrica(CEAA)/
ElColegiodeMéxico(COLMEX)
ibanerje@colmex.mx
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i50.782
Fecha de presentación: 7 de noviembre de 2018
Fecha de aceptación: 18 de marzo de 2019
Artículo de reexión
Procesos:revistaecuatorianadehistoria, n.º 50 (julio-diciembre 2019), 153-173. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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RESUMEN
Este ensayo hace un recorrido a través de la elaboración de ‘historia
de/sobre mujeres’ como una corriente distinta y válida dentro de la
disciplina de la historia en las décadas de 1950 y 1960 en congruencia
con desarrollos importantes dentro de la historia social. Indaga
brevemente en los precursores de ‘historia de mujeres’, estudia
los énfasis y aportes distintivos de esta corriente, y explora sus
intersecciones importantes con la teoría y política feminista. Examina
también la emergencia posterior de las perspectivas de género y
estudios poscoloniales.
Palabras clave: historia de/sobre mujeres, historia social,
teoría feminista, política feminista, perspectivas de género
y de lo poscolonial, conocimiento situado.
ABSTRACT
This essay provides an overview of the ‘history of women/about
women’ by drafting an account of this history as a separate and
valid current in the eld of history in the 1950s and 1960s consistent
with important developments in social history. It briey investigates
the precursors of ‘women’s history,’ examines the emphases and
distinctive contributions made by this school of thought, and explores
its principal intersections with feminist theory and politics. It also
examines the subsequent emergence of gender perspectives and
post-colonial studies.
Keywords: History of/about women, social history,
feminist theory, feminist politics, gender and postcolonial
perspectives, situated knowledge.
RESUMO
Este ensaio faz um percurso através da elaboração da “história de/
sobre mulheres” como uma corrente distinta e válida dentro da
disciplina de história nas décadas de 1950 e 1960 em congruência com
desenvolvimentos importantes da história social. Indaga brevemente
sobre os precursores da “história de mulheres”, estuda as ênfases e
contribuições distintivas dessa corrente, e explora suas importantes
interseções com a teoria e política feminista. Examina também a
posterior emergência das perspectivas de género
e estudos pós-coloniais.
Palavras chave: História de/sobre mulheres, história social,
teoria feminista, política feminista, perspectivas de género
e do pós-colonial, conhecimento situado.
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“Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”, proclamaba
el libro en parte biografía en parte testimonial de una mujer joven maya
quiché guatemalteca que por n había tenido la valentía de ‘romper con el
silencio’.
1
Editado por Elisabeth Burgos-Debray y publicada en español en
1983 con una versión en inglés en 1984,
2
este libro, al dar voz no solo a una
mujer indígena sino también a su comunidad que representaba a otras en
América Latina, y al articular las varias experiencias de opresión e injusticia
sufridas por ellas, se volvió casi instantáneamente en uno de los libros más
vendidos en el mundo angloparlante. Menchú no solo rompió con el silencio
duradero de los subordinados, también entró a la política guatemalteca e
internacional apelando a los derechos humanos para las comunidades sub-
alternas, y subsecuentemente fue galardonada con el Premio Nobel de la
Paz en 1992. En una entrevista posterior a su nombramiento como ganadora,
Menchú declaró explícitamente: “El premio Nobel se nos dio no para cam-
biar el mundo; se nos dio para romper el silencio”.
3
A pesar de tales logros, el libro de Menchú, es interesante notar, llegó a
ser muy controvertido y ella fue criticada por exagerar, e inclusive inventar
muchos cuentos de explotación y sufrimiento, y experiencias por la que ella
supuestamente no había pasado.
Las dicultades experimentadas por Rigoberta Menchú en su intento de
arrogarse el poder de representarse a sí misma y dar voz a su comunidad
subalterna e inscribirse en la historia (y en la política) como un actor cons-
ciente, evidencia en una manera directa la formidable advertencia de Gaya-
tri Chakravorty Spivak planteada en “¿Puede hablar el subalterno?”.
4
Publicado originalmente en la revista Wedge en 1985 y desarrollado en
un capítulo de 1988, este ensayo era en parte una reacción a los trabajos de
los posestructuralistas francesas que ocultaban el sujeto conocedor por me-
dio de una retórica de posrepresentacionalismo y una teorización de plura-
1. MellamoRigobertaMenchúyasímenaciólaconciencia (Barcelona: Editorial Argos
Vergara, 1983).
2. I... Rigoberta Menchú: An Indian Woman in Guatemala, ed. por Elisabeth Burgos-
Debray (Londres: Verso, 1984).
3. Entrevista a Rigoberta Menchú para el periódico ElTiempo, de Bogotá, el 4 de
febrero de 2017. Consultado el 2 de noviembre de 2018, https://www.eltiempo.com/
bogota/entrevista-a-rigoberta-menchu-en-la-cumbre-mundial-de-premios-nobel-33056.
4. Gayatri Chakravorty Spivak, Spivak, “Can the Subaltern Speak?”. En Marxismand
theInterpretationofCulture, ed. por Cary Nelson y Lawrence Grossber, 271-313 (Londres:
Macmillan, 1988). Publicado originalmente como “Can the Subaltern Speak? Speculations
on Widow Sacrice”, Wedge, 7/8 (invierno-primavera): 120-130. Trad. cast.: “¿Puede hablar
el subalterno?”, RevistaColombianadeAntropología, 39 (enero-diciembre 2003): 297-364.
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lizados efectos-sujetos, y del grupo Estudios Subalternos de sur de Asia que
intentaban recuperar al ‘subalterno’ como sujeto de historia.
5
Entrando en
un diálogo con sus interlocutores, Foucault-Delueze y el colectivo Estudios
Subalternos, Spivak planteó una pregunta fundamental: ¿quién asume el po-
der de presentar y representar al subalterno? Abogando por la irremediable
heterogeneidad del sujeto subalterno, ella argumento que en la borrosa tra-
yectoria de tal sujeto, el sendero de la diferencia sexual quedaba doblemente
borrada. La subalternidad femenina se reejaba en una erradicación siste-
mática de su voz lingüística y discursivamente, y una ‘subyugación política’.
Evidentemente, el punto no era de la participación femenina, sino que tanto
en la historiografía colonial como em el sujeto de insurgencia, el constructo
de género mantenía al masculino como dominante. Indicando que los fac-
tores individuales e ideológicos obstruyen la posibilidad de ser ‘escuchada’
para los que pertenecen a la periferia, Spivak sostuvo que era casi imposible
recuperar y dar sentido y legitimidad a la voz subalterna.
En una entrevista posterior, Spivak aclaró que su punto en el ensayo era
que sencillamente no se puede hacer visible o dar la voz a la sujeto subalter-
na. Es porque ella no tiene acceso a una lengua validada institucionalmente
y porque el teórico europeo sabe lo que dirá ella cuando va a hablar en el
sentido de que sabe lo que es bueno para ella.
En el caso de Menchú, la cuestión no era de presentar y representar sino
de autorrepresentar. Pero de igual modo, ella fue censurada por asumir el
poder de representar a su comunidad y por extremar su experiencia de sub-
ordinación. ¿Fue porque la voz de Menchú no llego a tener la legitimidad
institucional o porque ella realmente inventó cuentos de explotación?
Dejemos de lado este dilema difícil de resolver para explorar los esfuer-
zos de recordar a las mujeres en la historia. Julia Tuñón, una renombrada
historiadora mexicana, adquirió más reconocimiento por ser casi la primera
en investigar y publicar MujeresenMéxico.Unahistoriaolvidadaen 1987,
6
tres
años después de la publicación de Yo,RigobertaMenchú en inglés. El libro
de Tuñón, publicado por la editorial Planeta en su colección “Mujeres en su
Tiempo”, que en su momento, comenta su autora en una conferencia pos-
terior, tuvo muy pocos títulos, cubrió un gran vacío al incorporar ‘historia
femenina’, y abrió caminos hacia nuevas investigaciones, siendo en este sen-
tido una puerta de salida más que una puerta de llegada.
7
5. La palabra ‘subalterno’, en los trabajos iniciales de ‘Estudios Subalternos’, era
derivada de los escritos de Antonio Gramsci, quien lo había tomado del ámbito militar, en
el cual signicaba “de rango inferior”.
6. Julia Tuñón, MujeresenMéxico.Unahistoriaolvidada (México: Planeta, 1987).
7. El texto de la presentación de Tuñón en la Universidad de Guadalajara en abril de 2002 fue
publicada como “Mujeres en México. Recordando una historia”, Ventana, n.º 21 (2005): 323-327.
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Tuñón recibió una invitación por parte de la Universidad de Texas en
Austin para que fuera traducido el libro al inglés: ella aceptó con la condi-
ción de que se actualizará el libro. La nueva edición de este tuvo un capi-
tulado diferente, pero aún más importante un subtítulo distinto. Ya no era
HistoriadeMujeresen México. Unahistoriaolvidada sino Historiademujeres
enMéxico.Unahistoriarecordada, publicada por CONACULTA en 1998. La
traducción en inglés, por otro lado, dice ‘el pasado desvelado o revelado’, el
mismo sentido de no estar olvidado.
¿Qué había pasado en una década para que las mujeres y diosas mexicas
y las mujeres mexicanas del período colonial, en particular del siglo XIX y la
primera mitad del XX, ya no fueran olvidadas sino recordadas?
En un intento de responder a la pregunta planteada, haré un recorrido
breve de la aparición de ‘historia de mujeres’ en un momento particular como
conuencia de múltiples impulsos, e indicaré sus antecedentes y su distin-
ción con ellos, su intersección e interacción importantes pero variadas con la
historiografía y lucha feminista. Esto dará paso a una apreciación de los apor-
tes y ofrecimientos de las articulaciones conjuntas de historia de/sobre muje-
res y el feminismo hacia el desarrollo del concepto y la perspectiva de género
en historia, antropología (y otras disciplinas). Al nal, veré la intersección
de estos trabajos académicos y políticos con la perspectiva poscolonial y sus
aportaciones para una reconsideración seria del nexo poder-conocimiento
que a la vez nos empuja a pensar sobre nuestros modos de conocer y abordar
no solo nuestros proyectos de investigación sino nuestros modos de vivir y
convivir en el mundo social actual. La investigación y reexión académicas
no tendrán mucho sentido sin relevancia y resonancia en las vidas cotidianas.
Mujeres e historia,
Mujeres en la historia
Historia de o sobre mujeres como una vertiente de la disciplina de his-
toria tuvo su inicio en Inglaterra, Francia y Estados Unidos a nales de los
sesenta y principios de los setenta del siglo XX, vinculada estrechamente
con lo que se llama la segunda ola del feminismo. Es evidente que ‘historia
de mujeres’ tiene una relación cercana con el feminismo aunque también
se distinguen en su enfoque y énfasis. Mientras que la ‘historia de mujeres’
explora el pasado histórico de mujeres para comprender las raíces de su sub-
ordinación y aprender de los retos y desafíos del pasado, el feminismo presta
más atención a la construcción sociocultural de ‘la mujer’ en cada sociedad
para analizar las relaciones disímiles de poder entre hombres y mujeres y
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aboga por una política de cambio que mejoraría la condición de las mujeres.
8
Historia de mujeres en los sesenta y setenta derivó su inspiración tam-
bién de los cambios en enfoque y parámetros de la historia social. Si recor-
damos los trabajos del grupo Historiadesdeabajo en Inglaterra (Christopher
Hill, Eric Hobsbawm y E. P. Thompson, por ejemplo), la historia social en su
intento de incluir a los grupos subordinados como los trabajadores en histo-
ria, trató de desarrollar una metodología que buscaba entender los procesos
y sucesos históricos desde la perspectiva de los grupos menos privilegiados.
Estudios novedosos sobre Francia durante la revolución examinaron las ba-
ses ‘populares’ de la revolución al analizar la ‘multitud’ en la revolución
9
y
exploraron el impacto de la literatura ‘inferior’, pornográca y censurada en
las vidas cotidianas de la gente común antes de la revolución, estableciendo
una relación importante con la literatura como fuente de historia social.
10
No es de sorprender que estos intentos tuvieran su impacto en la elabo-
ración de ‘historia de mujeres’. Mientras que trabajos pioneros como el de
Sheila Rowbotham, OcultodelaHistoria(HiddenfromHistory),
11
recogieron el
papel activo de mujeres en los procesos sociopolíticos, económicos y cultu-
rales del pasado, detalladas investigaciones estudiaron los diversos aspectos
de la vida de mujeres tales como el empleo, sindicato, familia, vida privada
y sexualidad. Las feministas conrieron a estos esfuerzos un enfoque muy
distintivo al subrayar la experiencia especíca de mujeres en instituciones
como la familia, al interrogar la división de espacio y trabajo entre lo público
y lo privado, basada aquella en una separación arbitraria entre los sexos y
subrayando los traslapes entre los dos espacios interconectados. Los diver-
sos arranques conuyeron en la ‘historia de mujeres’ en donde las mujeres
quedaron inscritas como sujetos de historia, pero como sujetos sometidos a
papeles asignados a ellas en la familia y la sociedad, lo que trajo consigo una
reexión crítica sobre las relaciones de poder que marcaban la distinción de
esferas y trabajos entre hombres y mujeres en las vidas sociales y políticas.
Esta conciencia particular y política conrió a ‘historia de mujeres’ una
legitimidad como una corriente válida dentro de la historia. Como comen-
ta Natalie Zemon-Davis en su ensayo “Historia de mujeres en transición”
8. June Hannam, “Women’s History, Feminist History”. En MakingHistory:TheChan-
gingFaceoftheProfessioninBritain, del Instituto de Investigación Histórica, Universidad
de Londres, consultado el 20.10.2018, https://www.history.ac.uk/makinghistory/resour-
ces/articles/womens_history.html.
9. George Rude, TheCrowdintheFrenchRevolution (Oxford: Clarendon Press, 1959).
10. Allan H. Pasco, “Literature as Historical Archive”, NewLiteraryHistory, vol. 35, n.º
3, CriticalEnquiries,ExplorationsandExplanations (verano 2004): 373-394.
11. Sheila Rowbotham, HiddenfromHistory:300YearsofWomen’sOppressionandthe
FightAgainstit (Londres: Pluto Press, 1973).
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(1976),
12
publicada en la revista FeministStudies (una ilustración clara de la
intersección del feminismo e historia de mujeres), los intentos de registrar o
recordar a las mujeres en historia se puede remontar a pasados tan antiguos
como los de Plutarco. Él había escrito cortas biografías de mujeres virtuosas
para armar que el ‘sexo femenino’ puede y debe beneciarse con la ‘educa-
ción’. Retomado por Boccaccio en el siglo XIV en Italia, las biografías de ‘mu-
jeres dignas’ (‘womenworthies’ en palabras de Zemon-Davis) llegaron a tener
un linaje casi ininterrumpido hasta principios del siglo XIX.
13
Tales biografías,
aun habiendo sido escritas por mujeres en pocos casos, asumieron como na-
turales y dados el papel y las responsabilidades de las mujeres sobre la base
de la división del sexo. Pero, por otro lado, un escrutinio serio de la familia
patriarcal la había considerado mucho menos que una institución ‘natural’
con una historia continua y sin cambios para los nales del siglo XVIII. Tal
reconsideración de la familia había resultado en trabajos bien contemplados
sobre el estatus, las actividades y las emociones de las mujeres en Inglaterra,
Francia, Alemania e Italia, y evidentemente en otras partes del mundo en
maneras diferentes, algo que requiere más investigación por nuestra parte.
Las luchas de mujeres por los derechos políticos –el movimiento sufragista
en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX, por ejemplo–, junto con una
conciencia amplia de la presencia e importancia de las mujeres en el campo
laboral y su relación con la propiedad y los derechos, había resultado en
trabajos sensatos y sutiles en las últimas décadas del siglo XIX y principios
del XX.
14
Alice Clark, en particular en su renombrado libro Lavidatrabajadora
de las mujeresen el siglo XVII había armado que la independencia de la
mujer residía en la plena ejecución de su capacidad productiva-biológica,
económica y educativa. Con la expansión del capitalismo industrial y la
comercialización agrícola en una escala grande, las mujeres habían perdido
su trabajo económico con el que apoyaban el sustento de la familia y llegaron
a ser las menos apreciadas en el mercado laboral. Trabajos posteriores han
indicado los problemas inherentes en la formulación de Clark. Sin embargo,
el trabajo sigue siendo importante al ser casi el primero en indagar las
razones del retiro de las mujeres de la clase media del mercado laboral y las
trabas del capitalismo.
15
12. Natalie Zemon-Davis, “Women’s History in Transition: The European Case”,
FeministStudies, vol. 3, n.º 3/4 (primavera 1976): 83-103.
13. Ibíd., 83.
14. Véase, por ejemplo, Alice Clark, WorkingLifeofWomenintheSeventeenthCentury
(Londres/Nueva York: George Routledge & Sons y E.P. Dutton & Co., 1919), que hasta
ahora ha tenido 19 ediciones.
15. Zemon-Davis, “Women’s History in Transition:...”, 86.
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Sobra decir que no es posible hacer un recorrido de historia de/sobre
mujeres sin mencionar los trabajos de la lósofa existencialista francesa.
Simone de Beauvoir, en particular su muy aclamado libro Elsegundo sexo
publicado en 1949,
16
considerado la obra fundadora de lo que llegaría a ser
conocida como la segunda ola del feminismo. Reexionando sobre ‘quien
es una mujer’, Beauvoir hace una declaración desaante en el primer volu-
men del Segundosexo: “La humanidad es masculina” porque “el hombre no
dene a la mujer por misma sino en relación con él; no la ve como un ser
autónomo [...]. Él es el sujeto, él es el absoluto; ella es el otro”.
17
Al mismo
tiempo, el hombre –el sujeto– sigue necesitando al otro, la mujer –el objeto–
como “sexo”, fuente de deseo sexual, de reproducción, permaneciendo en
una relación con ella pero más en el modo de dueño-esclavo.
Ahora bien, el problema obvio sería: ¿por qué la mujer, denida por un
lado en relación al hombre “superior”, aceptaba que ella está hecha para
representar en un sentido absoluto a la otredad sin cuestionar la soberanía
masculina? ¿Por qué nunca ha propuesto una relación recíproca entre el yo
y el otro? Es porque, según Beauvoir, la mujer ha aceptado la división de
los sexos como algo natural, lo que no forma parte de la realidad accidental
de la verdad histórica. “La división de los sexos es un hecho biológico”, co-
menta ella, “no un acontecimiento de la historia humana”. Tal oposición se
conformó dentro de un Mitsein originario que la mujer nunca ha desaado.
La pareja es una entidad fundamental con las dos mitades remachadas una
hacia la otra, “el clivaje de la sociedad por el sexo es imposible”.
18
Adoptando una perspectiva de “la moralidad existencial”, Beauvoir tra-
to de comprender el “drama existencial” de la mujer compuesto por un con-
icto entre el reclamo fundamental de cualquier sujeto como un ser esencial
y las demandas de una situación que la circunscribe a ser no-esencial. ¿Cómo
podría realizarse un ser humano en su condición femenina? Para ofrecer po-
sibles respuestas a tal dilema, Beauvoir delineó cómo la “realidad femenina”
había sido construida, porque la mujer había sido denominada el “Otro”
y cuáles habían sido sus consecuencias desde la perspectiva masculina. El
segundo paso, elaborado en el segundo volumen de su libro, era una des-
cripción del mundo ofrecido a la mujer desde la perspectiva femenina. Tal
descripción hizo visibles las dicultades y retos que enfrentaban las mujeres
en el momento en que querían escapar de la esfera que les había sido asigna-
da sin dejar de formar parte de la Mitsein humana.
16. Simone de Beauvoir, Ledeuxièmesexe (París: Éditions Gallimard, 1949). Primera
edición en inglés, TheSecondSex (Nueva York: Alfred. A. Knopf), 1953.
17. Beauvoir, TheSecondSex, trad. por Constance Borde y Sheila Malovany-Chevallier
(Nueva York: Vintage Ebooks, 2011), 26.
18. Ibíd., 28-29.
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Muchas de las generalizaciones de Beauvoir, incluyendo su famosa ase-
veración “la mujer no se nace, se le hace”, han sido cuestionadas recien-
temente por estudiosas feministas en biología y ciencias sociales, quienes
sostienen que algunos rasgos distintos entre los sexos son innatos y no “si-
tuacionales”. En lugar de descartar la otredad como un constructo cultural
impuesto, estas feministas comentan que será más productivo emplear las
diferencias sexuales para autoconocimiento y articulación y dedicarlos en la
elaboración de una crítica considerada de las normas patriarcales.
19
No obstante, el texto de Beauvoir había ocasionado una “revolución”
al transformar una indignación individual en una causa común que forjó
una identidad colectiva dando paso a un ‘movimiento de mujeres’. Su texto,
arma Thurman, debe de ser leído en el espíritu en que fue escrito: “una me-
ditación profunda y urgente sobre una aspiración verdadera” pero elusiva
“de ser la mujer propia de una misma en todos sus sentidos”.
20
¿En qué dirección lleva ‘historia de mujeres’ los impulsos de trabajos que
ya existían? Y ¿cómo se distinguían de los trabajos existentes? Los nuevos tra-
bajos de los 1970 eran diferentes en el abordaje y el alcance de las problemá-
ticas planteadas: en lugar de solo prestar atención a las mujeres, se enfocaron
más en los papeles del sexo (sexroles) construidos de manera distinta en cada
sociedad en su propósito de comprender el signicado e importancia de tales
papeles y los simbolismos asociados. Examinaban también la relación entre
hombres y mujeres y entre los géneros en la familia y en la sociedad, analizan-
do a su vez la estructura y la organización de la familia. Además, buscaron
índices cuantitativos en cuanto al salario, la proporción de los sexos en el em-
pleo, las variables en migración, entre otros. Estos nuevos trabajos tomaron
en cuenta la actividad sexual y el deseo erótico, abriendo un campo importan-
te de investigación sobre la prostitución y la conducta sexual, algo que dará
paso más adelante a trabajos sobre la homosexualidad y lo transgénero.
Más importante aún, tales intervenciones importantes retaron al histo-
riador a enfrentar sus concepciones de conceptos y categorías clave tales
como el poder, la estructura social, propiedad, símbolos y periodización.
21
género, historia, historiografía feMinista
Las reexiones sobre el signicado de los sexos biológicos y su impacto
en las relaciones sociales y la conciencia histórica adquirieron mayor pro-
19. Judith Thurman, “Introduction”. En Beauvoir, TheSecondSex, 14.
20. Ibíd., 15.
21. Zemon-Davis, “Women’s History in Transition:...”, 90.
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fundidad en la década de 1980, cuando se maniestan los primeros pasos de
una ‘historiografía feminista’. Tal historiografía era en parte necesaria por la
proliferación de estudios enfocados en mujeres dentro de ‘historia de/sobre
mujeres’, y por la asimetría de la calidad de los nuevos trabajos enfocados
en mujeres y la marginalidad de ‘historia de mujeres’ dentro de la academia.
La historiografía feminista intentó edicar una perspectiva que explicara las
continuidades y discontinuidades y las desigualdades persistentes y las ex-
periencias sociales disimilares para enfrentar los conceptos dominantes en
historia. Ya no era suciente demostrar que las mujeres tenían una historia
o que habían participado activamente en los procesos histórico-políticos im-
portantes. Era fundamental un análisis de las diferenciadas experiencias de
hombres y mujeres y la relación entre la historia del pasado y la contempo-
ránea práctica de la historia.
El texto clásico más conocido resultado de estas reexiones es el de Joan
Wallach Scott, publicado en 1986, “El género. Una categoría útil para el aná-
lisis histórico”.
22
Como es bien sabido, en este ensayo Scott denió el género
como un elemento constitutivo de relaciones sociales basadas en las diferen-
cias percibidas que distinguen los sexos y el género como una forma prima-
ria de relaciones signicantes de poder.
¿Por qué es el género una forma primaria de relaciones signicantes y
asimétricas de poder? Porque las diferencias entre los sexos, aun cuando
tengan unos rasgos biológicos, son construidas de maneras diferentes en
distintas sociedades. Es decir, el género en sus primeros usos conscientes en
la literatura feminista estadounidense marcaba no solo la diferencia sexual,
sino también “los aspectos relacionales de las deniciones normativas de la
feminidad”.
23
Las diferencias, a su vez, reposan en símbolos culturalmente
disponibles que añoran múltiples (y con frecuencia contradictorias) repre-
sentaciones. Sin embargo, conceptos normativos prevalentes frecuentemen-
te rigen la interpretación de tales símbolos plurivalentes en formas especí-
cas, manteniendo la diferencia entre sexos culturalmente y normativamente
en cada sociedad. En este sentido, el género no funciona como una categoría
ja: opera en modos distintos en diferentes sociedades.
Un corolario lógico del argumento de Scott es señalar la necesidad de en-
tender el “género” como disconforme con una noción biológica del “sexo”
como algo jo y permanente para una verdadera historización (historicization)
22. Joan W. Scott, “Gender: A Useful Category of Historical Analysis”, TheAmerican
HistoricalReview, 91, 5 (diciembre): 1053-1075. Trad. cast. Joan W. Scott, “El género. Una
categoría útil para el análisis histórico”. En Elgénero.Laconstrucciónculturaldeladiferencia
sexual, comp. por Marta Lamas, 265-302 (México: PUEG, 1996).
23. Scott, “Gender: A Useful Category...”, 1054; Scott, “El género: una categoría útil...”,
266.
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y deconstrucción de los términos de la “diferencia sexual”.
24
Si aceptamos la
propuesta de Scott (y de muchas otras), el género o ‘estudios de la mujer’ en
lugar de alumbrar temas nuevos, forzará una reconsideración crítica de las
premisas y normas de las obras académicas existentes y de nuestros modos de
aproximarnos a los mundos sociales, y añadirá nuevas luces a viejos proble-
mas. Si partimos de la conciencia de que las relaciones sociales son productos
de relaciones de poder disímiles, nos preguntaríamos cómo da signicado el
género a la organización y percepción del conocimiento histórico. Al advertir-
nos sobre el desfase prevalente entre nuestras categorías analíticas y el mate-
rial que queremos analizar y presentarnos la tarea de hacer una nueva historia
situada y fundada en tres categorías claves: clase, raza y género y al insistir en
una metodología que abarcaba la experiencia personal y subjetiva de las mu-
jeres, Scott armó, citando a tres estudiosas feministas, que tal metodología
resultaría no solo en una “nueva historia de las mujeres”, sino también en una
“nueva historia”.
25
También dejaría abiertas posibilidades para pensar en es-
trategias políticas feministas y en un futuro (utópico) y apelar que género debe
ser redenido y reestructurado en consonancia con una visión de igualdad
social y política que abarcara no solo sexo sino también raza y clase.
26
No sé qué tanto impacto haya tenido el ensayo de Scott en esta parte del
mundo. Pero la transición de jarnos en los sexos biológicos a considerar el
género como marcador de relaciones sociales entre hombres y mujeres es
claro. Muy recientemente, el Programa Interdisciplinario de Estudios de la
Mujer (PIEM), el cual forma parte del Centro de Estudios Sociológicos de
El Colegio de México, cambió su nombre a Programa Interdisciplinario de
Estudios de Género (PIEG), y un libro publicado por FLACSO Ecuador y el
Consejo Nacional de las Mujeres de Ecuador en el marco del bicentenario se
titula HistoriademujeresehistoriadegéneroenelEcuador (2009).
27
No obstante, las deliberaciones acerca de la historiografía feminista no se
limitaban al mundo ‘occidental’. En 1989, Kumkum Sangari y Sudesh Vaid,
dos académicas de India, en la introducción de su libro, Re-moldearalasmu-
jeres,que investigaba las experiencias de mujeres de distintos rangos en la
24. Scott, “Gender: A Useful Category...”, 1055; ibíd., 268.
25. Scott, “Gender: A Useful Category...”, 1054. Aquí Scott alude al ensayo de Ann
D. Gordon, Mari Jo Buhle y Nancy Shrom Dye, “The Problem of Women’s History”.
LiberatingWomen’sHistory:TheoreticalandCriticalPerspectives, ed. por Berenice A. Caroll,
75-92 (Urbana/Chicago: University of Illinois Press, 1976).
26. Scott, “Gender: A Useful Category...”, 1075; Scott, “El género. Una categoría
útil...”, 302.
27. Marta Moscoso, Estelina Quinatoa, Edizon León, Lucía Moscoso, Jennie Castro
Molina et al., HistoriademujeresehistoriadegéneroenelEcuador.Unamiradaalaportedelas
mujeresenlahistoriadelEcuadorenlarutadelbicentenario (Quito: FLACSO Ecuador, 2009).
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India colonial, señalaron que el impulso crítico de la historiografía feminista
residía en un cuestionamiento “que reconsidera la historiografía como un
todo y desecha la idea de las mujeres como algo que tiene que enmarcarse
en un contexto, para pensar en la diferencia de género como estructurante y
estructurada a la vez por la extensa gama de relaciones sociales”.
28
La reexión crítica feminista era muy visible también en la disciplina de
la antropología. Unos años después de publicado el artículo de Scott, la an-
tropóloga Lila Abu-Lughod hizo una armación decisiva en contra del con-
cepto clave de cultura en antropología. Invocando el libro muy inuyente de
Cliord y Marcus, publicado en 1986 e intitulado Escribirlacultura,
29
el cual
cuestionó muchas de las premisas de la antropología cultural, Abu-Lughod
señaló cómo tal libro había hecho caso omiso de dos grupos importantes, a
saber las feministas y las que ella llama “hales”, mitad y mitad, gente con
nacionalidad o identidad cultural mixtas. Estos dos grupos para ella eran de
suma importancia en antropología porque marcaban claramente los dilemas
y las tensiones existentes en la división tajante entre el “yo” y el “otro” que
la disciplina aceptaba sin reexión.
Este ensayo subrayó cómo la antropología se ha construido históricamen-
te sobre la premisa de la separación del mundo en Occidente y no-Occidente,
en donde el “yo occidental” ha dado forma, representado y dominado al otro
no-occidental. El desafío de Abu-Lughod a la cultura se maniesta precisa-
mente en la construcción esencial y tras-histórica del otro por medio de una
generalización de la cultura de una sociedad no-occidental. Insistiendo en
la necesidad de “etnografías de lo particular”, Abu-Lughod, una académi-
ca feminista y “hale” en Estados Unidos, explicó por qué era importante
“Escribir en contra de la cultura”.
30
El concepto dominante de cultura en
antropología lleva tres connotaciones vitales: homogeneidad, coherencia y
atemporalidad, las tres sumamente problemáticas. Lo que el feminismo y las
antropólogas “hales” podrían enseñar a los antropólogos es precisamente
los problemas inherentes en la construcción de un “yo” absoluto no-exami-
nado y un “otro” esencial donde la separación está permeada por jerarquiza-
ción y relaciones de poder desiguales. Abu-Lughod retó a los antropólogos
a inspeccionar el propio “yo” y la cultura del “yo” para poder deshacerse de
28. Kumkum Sangari y Sudesh Vaid, eds., RecastingWomen:EssaysinIndianColonial
History (New Brunswick/Nueva Jersey: Rutgers University Press, y Nueva Delhi: Kali for
Women, 1989), 3.
29. James Cliord y George E. Marcus, eds., WritingCulture:ThePoeticsandPoliticsof
Ethnography (Berkeley/Los Ángeles: University of California Press, 1986).
30. Lila Abu-Lughod, “Writing Against Culture”. En Recapturing Anthropology:
Workingin the Present, ed. por Richard G. Fox, 137-162 (Santa Fe: School of American
Research Press, 1991). Abu-Lughod tiene parentesco palestino y estadounidense.
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generalizaciones abstractas, esencialistas y atemporales sobre el “otro”. Tal
examinación resultará en una antropología más ética y responsable.
haCia un ConoCiMientoglobal’:
estudios de género, estudios posColoniales
Es interesante notar que en 1984, dos años antes de que Scott publicara
su artículo seminal, Chandra Talpade Mohanty, en aquel entonces una egre-
sada del doctorado del ‘Tercer Mundo’ en la academia blanca estadouniden-
se, apelando por la ‘experiencia’ y la vida empírica de las mujeres, avanzó
hacia una de las críticas más mordaces y profundas de lo que llegó a ser
nombrado el “feminismo blanco”. En su ensayo “Bajo ojos occidentales. Es-
tudios feministas y discursos coloniales”,
31
Mohanty lanzó una severa crítica
del poder asumido por las feministas blancas para ‘producir’ y ‘representar
a las mujeres del Tercer Mundo, argumentando que la conexión entre “las
mujeres como sujetos históricos y la representación de la mujer provocada
por los discursos hegemónicos no es una relación de identidad directa o una
relación de correspondencia”, sino “una relación arbitraria establecida por
culturas particulares”. Tal argumento le permitió sostener que la escritura
feminista occidental discursivamente “colonizaba” las heterogeneidades
de las vidas de las mujeres del Tercer Mundo para producir/representar un
compuesto particular de “mujer del Tercer Mundo”.
32
Esta práctica, debemos recordarlo, no era muy distinta de la de las fe-
ministas británicas de nales del siglo XIX que deseaban participar en las
“glorias del imperio” salvando a sus desventuradas hermanas indias. Esta
representación de la mujer del Tercer Mundo era la contraparte necesaria de
la autopresentación de las feministas occidentales, una manera de asignar
valores desiguales. A través de esta autopresentación y la representación de
la mujer del Tercer Mundo, las feministas occidentales se convirtieron en
los únicos “sujetos” de la contrahistoria, mientras que la mujer del Tercer
Mundo no podía salir de esa “generalización debilitante de su ‘estatuto de
objeto’”.
33
Deniendo a la colonización de manera discursiva como “un cier-
31. Chandra Talpade Mohanty, “Under Western Eyes: Feminist Scholarship and
Colonial Discourses”. En Feminism without Borders: Decolonizing Theory, Practicing
Solidarity, ed. por Chandra T. Mohanty, 17-42 (Durham/Londres: Duke University Press,
2003). Publicado originalmente en Boundary 2 (On Humanism and the University I: The
Discourse of Humanism), vol. 12, n.º 3 (verano-otoño 1984): 333-358.
32. Mohanty, “Under Western Eyes:...”, 39.
33. Ibíd., 39.
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to modo de apropiación y de codicación del saber y el conocimiento”,
34
ella
apeló a una “descolonización radical” del saber feminista intercultural.
Me imagino que es evidente la semejanza de la crítica de Mohanty con
los argumentos de Edward Said presentes en su aclamado libro Orientalismo
publicado en 1978, lo cual ahora es considerado el texto pionero de la teoría
poscolonial. Este trabajo de Said representó un parteaguas al inaugurar la
cuestión de la producción del conocimiento desde una perspectiva global.
Cuestionando la base misma de la división Oriente/Occidente de un mundo
interconectado como arbitrario y esencialista, Said subrayó cómo el discurso
del Orientalismo produjo dos entidades sin referentes materiales –el Occi-
dente universal, no examinado, como el centro de la historia mundial, y el
Oriente estancado, que como una entidad temporal y espacialmente distinta,
proveía al Occidente con su contraparte–. La división y las diferencias su-
puestamente innatas no solo marcaron espacios y territorios y la gente que
los habitaban, sino también contribuyeron a la dominación de uno por el
otro. En una manera similar de la producción de la mujer del Tercer Mundo,
Orientalismo construyó un Oriente “como un sistema de representaciones
enmarcado por todo un conjunto de fuerzas que trajeron el Oriente a la con-
ciencia, al saber occidental y posteriormente al Imperio Occidental”.
35
Para proponerlo de una manera muy general y breve, la preocupación
común de lo poscolonial como perspectiva que integra ‘estudios de género’,
teoría literaria, cultural y feminista, consiste en ahondar y comprender la na-
turaleza limitada y particular de los “universales” eurocéntricos y el poder
que estos han ejercido sobre el mundo y el universo académico, en virtud
del proceso histórico del colonialismo y de la esclavitud, a n de llegar a un
nuevo “global” que esté consciente de estos procesos más oscuros pero inhe-
rentes de la modernidad y la colonización, y que procure generar saberes y
conocimientos situados que emergen en distintas partes del mundo.
En el caso de la teoría y la epistemología feminista, autorreexión y crí-
tica han sido fundamentales. Como Scott señaló en su libro publicado en
1996, Sóloparadojasqueofrecer, la historia de la lucha feminista occidental está
marcada por paradojas. Para empezar, su esfuerzo por erradicar la diferen-
cia sexual resultó en reivindicaciones en nombre de “las mujeres”, quienes
habían sido producidas en el discurso a través de, precisamente, “la diferen-
cia sexual”. Es decir, relaciones inequitativas de poder entre los “dos sexos”
hicieron imposible para las feministas romper la división construida de los
sexos. Tuvieron que crear una categoría de “mujer” a n de luchar por sus
derechos. De igual modo, su lucha se desarrolló en democracias liberales
34. Ibíd., 17.
35. Edward Said, Orientalism (Nueva York: Pantheon Books, 1978), 202-203.
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que habían dejado, por largo tiempo, fuera a la “mujer” de la esfera pública
de la política.
Teresa de Lauretis articula la paradoja de una manera diferente. El femi-
nismo en su primer momento, dice ella, al preguntar “quién es o qué es la
mujer”, o “quién soy o qué soy yo”, se dio cuenta de que la mujer no existe.
“Su existencia es paradojal, pues está al mismo tiempo atrapada y ausente en
el discurso; se habla constantemente de ella, pero es inaudible e inexpresiva
en sí misma; una existencia que se despliega como un espectáculo, pero que
no es aun representada ni representable...”.
36
Un discernimiento de tal paradoja llevó al feminismo como un movi-
miento social y político de y para las mujeres a considerar seriamente los
conceptos de ‘sujeto’ y su ‘experiencia’ para poder comprender los procesos
históricos, socioeconómicos, culturales y políticos que constituyen a la mujer
en su vida real en diferentes sociedades y Estado-naciones. Los estudios de
género, pues, han tenido que lidiar con una difícil e inherente encrucijada:
a la vez que han buscado rearmar la identidad y agencia histórica de un
sujeto que es simultáneamente individual y colectivo, han debido poner a
este mismo sujeto en cuestión, desaando su propia articulación, rasgos, co-
herencia y, llevada a su extremo, existencia.
Tales consideraciones se han reejado en formulaciones de ‘sujetos en
proceso’ –es decir, un sujeto en construcción constante en lugar de un sujeto
formado y preexistente– y en exploraciones de la experiencia no como algo
autoevidente y dado, sino como un ámbito de debate. En palabras de Scott:
“la experiencia es siempre una interpretación y al mismo tiempo necesita
ser interpretada”.
37
La exploración de experiencia consiste en verlo como un
espacio discursivo donde se inscriben, reiteran o repudian posiciones de su-
jeto, subjetividades diferentes y diferenciales, y las matrices ideológicas y
campos de signicación y representación que juegan papeles importantes en
la formación de sujetos diferentes.
La conciencia de reconocer y respetar las especicidades y la diferencia va
de la mano con energías para formular una política colectiva y alteradora para
la teoría y la lucha feministas y los estudios y movimientos de mujeres. Si bien
el feminismo y los estudios de género han reexionado críticamente sobre sus
suposiciones iniciales acerca de una categoría totalizadora de ‘mujer’ que no
correspondía a las mujeres empíricas en sus vidas cotidianas, no han dejado
36. Teresa de Lauretis, “Sujetos excéntricos: la teoría feminista y la conciencia
histórica”. En De mujer a género, teoría, interpretacióny práctica feministas en las ciencias
sociales, comp. por María C. Cangiano y Lindsay DuBois (Buenos Aires: Centro Editor de
América Latina, 1993), 73.
37. Joan W. Scott, “Experience”. En FeministsTheorizethePolitical, ed. por Judith Butler
y Joan W. Scott (Nueva York: Routledge, 1992), 37.
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Procesos 50, julio-diciembre 2019168
de lado su preocupación y aspiración por dar una voz colectiva a las variadas
maneras personales en que las mujeres han experimentado las fuerzas físi-
cas y sociales que constituyen lo ‘femenino’ en la mujer. Tales aseveraciones
han establecido lo ‘personal’ como lo ‘político’, ampliando lo político de una
manera importante y han delineado las trampas de las ideas liberales univer-
sales de la ciudadanía y el ciudadano-sujeto denidos en términos de una
“personalidad abstracta”, un individuo con propiedades indiferenciadas, y
derechos y deberes uniformes, dejando al ciudadano como un ente “neutral”
en cuanto a género, clase, raza, sexo, estatus, etnicidad y otros términos.
Importantes trabajos han demarcado que si bien la ciudadanía implica
un proceso jurídico por el cual sujetos legales de un Estado se constituyen y
se denen, la ciudadanía también comprende un conjunto de prácticas –judi-
ciales, políticas, económicas y culturales– que dene a una persona como un
miembro competente de la sociedad.
38
Tales prácticas hacen de la ciudadanía
algo diferente de y más amplia que la ciudadanía jurídica. Y es precisamente
en estas prácticas que forman los sujetos políticos en maneras distintas que
las dimensiones del género de la ciudadanía aparecen en toda su extensión.
39
En palabras de Aihwa Ong, un estudio etnográco de la ciudadanía hace
visibles las tensiones y negociaciones que yacen en el “proceso cultural de
sujetivización” que contribuyen a la constitución del sujeto y al consenso de
tal sujeto a ser ciudadano.
40
En este contexto, es importante recordar el punto implícito en la pregun-
ta retadora de Gayatri Spivak en “Puede hablar el subalterno”: ¿qué signica
tener ‘sujetividad política’, el derecho de tener acceso al Estado y al mismo
tiempo sufrir la carga de ‘diferencia’ en un sistema capitalista democrático
que promete igualdad al mismo tiempo que se los niega a la mayoría de sus
ciudadanos?
Este interrogatorio sobre las trampas de la promesa liberal de ciudadanía
ha sido acompañado por una examinación seria de la relación ambivalente y
38. Bryan S. Turner, “Contemporary problems in the theory of citizenship”. En
Citizenship and Social Theory, ed. por Bryan S. Turner (Londres/Thousand Oaks: Sage
Publications, 1993), 2.
39. Véanse, por ejemplo, los ensayos en Suad Joseph, ed., GenderandCitizenshipinthe
MiddleEast (Syracuse: Syracuse University Press, 2000); y Nira Yuval-Davis, ThePoliticsof
Belonging:IntersectionalContestations (Londres/Thousand Oaks: Sage Publications, 2011),
para tener una idea de la elaboración y transformación de esta problemática durante
una década. Los primeros apuntes sobre la construcción diferente del sujeto político
aparecieron en Carol Pateman, TheSexualContract (Stanford: Stanford University Press,
1988); y Anne Philips, EngenderingDemocracy (Cambridge: Polity Press, 1991).
40. Aihwa Ong, “Cultural Citizenship as Subject-Making: Immigrants Negotiate
Racial and Cultural Boundaries in the United States”, CurrentAnthropology, vol. 37, n.º 5
(diciembre 1996): 737.
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problemática entre género y nación. Trabajos desarrollados con la perspecti-
va de género han señalado cómo el discurso cultural masculino del naciona-
lismo construye a la mujer como la portadora de ‘tradición’, invirtiendo en
ella la tarea de simbolizar la ‘diferencia cultural esencial’ de la nación.
41
Han
indagado también en cómo ‘las mujeres’ no entran en las teorías importantes
sobre la nación y el nacionalismo, aun cuando son responsables de reprodu-
cir la nación biológica, cultural y simbólicamente.
42
Como comenta Rajes-
hwari Sunder Rajan, el género constituye un punto de tensión en la vida del
Estado-nación. “Vivir en la nación” ahora implica “vivir con el estado”, por
la razón de ser inevitablemente constituidas como ciudadanas.
43
No es de sorprender que estas investigaciones intensas han sido comple-
mentadas por políticas, prácticas y luchas que aspiran a una mejoría de la
condición de vida para la mayoría de la humanidad en términos de equidad
y justicia social. Cabe señalar que en un ensayo titulado “Bajo ojos occiden-
tales revisitado”, publicado en 2003, Chandra Mohanty se dedicó a la tarea
de la “reconstrucción”: del construir y establecer puentes a través de las di-
ferencias de subjetividad, región, clase, cultura, para forjar un feminismo
trasnacional que permita la unión sobre la base de problemáticas urgentes
y comunes.
44
Si en 1984 la necesidad era de “de-construir”, de adquirir una
conciencia de la presencia permanente del imperialismo, colonialismo y co-
lonización, y de ofrecer una crítica interna de las feministas “Occidentales” y
de saberes excluyentes, en 2003 la necesidad era la de formular “las preocu-
paciones autónomas de feministas y las estrategias fundamentadas geográ-
camente, históricamente y culturalmente”.
45
Desmantelar y deconstruir el
discurso hegemónico en 1984 era el primer paso que preparó el terreno para
la cimentación y la construcción.
41. Nira Yuval-Davis y Floya Anthias, WomanNation-State (Nueva York: Macmillan,
1989); Ishita Banerjee, “Continentes y colonialismos. Perspectivas sobre género y nación”,
Procesos:revistaecuatorianadehistoria, n.º 30 (julio-diciembre 2009): 125-139; entre otros.
42. Nira Yuval-Davis, GenderandNation (Londres/Thousand Oaks: Sage Publications,
1997). Trad. cast.: Géneroynación (Lima: Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, 2004).
43. Rajeswari Sunder Rajan, TheScandaloftheState:Women,Law,andCitizenshipin
PostcolonialIndia (Durham/Londres: Duke University Press, 2003), 2.
44. Chandra T. Mohanty, “Under Western Eyes Revisted: Feminist Solidarity Through
Anti-Capitalist Struggle”. En Feminism without Borders. Decolonizing Theory, Practicing
Solidarity, ed. por Chandra T. Mohanty, 221-152 (Durham/Londres: Duke University
Press, 2003). También en Descolonizandoelfeminismo.Teoríasyprácticasdesdelosmárgenes,
ed. por Liliana Suárez Navaz y Rosalva Aída Hernández, 404-466 (Madrid, Cátedra/
Universidad de Valencia/Instituto de la Mujer, 2011).
45. Chandra T. Mohanty, “‘Under Western Eyes’ Revisited:...”, 221-252. También en
Descolonizandoelfeminismo.
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Procesos 50, julio-diciembre 2019170
En el mismo espíritu, Avtar Brah, académica y activista basada en Reino
Unido, quien había avanzado la noción del ‘espacio de diáspora’
46
para en-
frentar al purismo y racismo, insistió en la urgente necesidad de no compar-
tamentalizar “las opresiones”, sino en formular, “en vez de ello, estrategias
para desaarlas conjuntamente sobre la base de una comprensión de cómo
se interconectan y articulan”.
47
Antes de terminar, me gustaría anotar el aporte muy sugerente de Mrinali-
ni Sinha sobre un concepto global de ‘genero’. En su ensayo “Una perspectiva
global de género: ¿qué tiene que ver sur de Asia con ello?”,
48
Sinha puntualiza
que “si bien es cierto que existe una abundante cantidad de estudios sobre his-
toria de las mujeres y género en contextos globales, aún no se ha aprendido su-
cientemente de estos contextos para comenzar a abrir el concepto mismo de
género a signicados diferentes”. Ella alude al novedoso trabajo de Afsaneh
Najmabadi, Mujeresconbigoteyhombressinbarba,
49
el cual demuestra la exis-
tencia de dos regímenes de género distintos en Irán hasta el siglo XIX, y que
en uno de estos dos el punto de referencia de la masculinidad no era la femi-
nidad, sino una masculinidad del varón adulto, para armar la necesidad de
repensar la categoría de género bajo las premisas de sus contextos particulares.
Exploraciones de género en el sur de Asia también ofrecen bases sólidas para
reconsiderar este concepto-categoría. Es de suma importancia, entonces, pres-
tar atención a tales trabajos realizados en diferentes partes del globo terráqueo
para abrir consideraciones de género a la luz de las particularidades. ‘Género’
será verdaderamente ‘global’ si damos validez a estos trabajos sin caer en la
trampa de aceptar el entendimiento, conocido de antemano, de género como
una relación entre hombres y mujeres. Como parte de la reconsideración cons-
tante, Sinha propone una concepción radicalmente abierta de género.
para ConCluir
Mi propósito al ofrecer este veloz esbozo de la elaboración de historia
de mujeres y sus múltiples senderos, signicados e intersecciones con pers-
46. Avtar Brah, CartographiesofDiaspora:ContestingIdentities (Londres/Nueva York:
Routledge, 1996).
47. Avtar Brah, “Diferencia, diversidad, diferenciación”. En AA.VV., Otrasinapropiables.
Feminismosdesdelasfronteras (Madrid: Tracantes de Sueños, 2004), 107-136.
48. Mrinalini Sinha, “A Global Perspective on Gender: What’s South Asia Got to
Do with It?”. En SouthAsianFeminisms, ed. por Ania Loomba y Ritty A. Lukose, 356-373
(Durham: Duke University Press, 2012).
49. Afsaneh Najmabadi, WomenwithMoustachesandMenwithoutBeards:Genderand
SexualAnxietiesofIranianModernity (Berkeley: University of California Press, 2003).
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pectivas y luchas, ha sido subrayar la importancia de los procesos continuos
e inacabados de autorreexión y crítica inherentes en las disciplinas y en la
teoría y lucha feministas. Su llamado para historizar y contextualizar, para
reexionar sobre el “yo” antes de construir el “yo” y el “otro” esenciales,
nos ayuda a desaprender nuestro privilegio. Desaprender nuestro privilegio
signica tener una idea más cercana de los “otros” que ocupan los espacios
ocultos a nuestra vista privilegiada y entrar en una relación ética de respe-
to mutuo con ellos. Como dice Spivak, deconstrucción no puede formular
ningún programa político. Sin embargo, su sugerencia de que las palabras y
términos paradigmáticos como el ‘trabajador’ o ‘la mujer’ no tienen referen-
tes literales denitivos constituye en una salvaguardia política en contra
de nuestra tendencia a actuar por y en nombre de los “otros”. Esta tarea
urgente de empezar con una deconstrucción de nuestros propios prejuicios
y presunciones ayudará a borrar la separación que hacemos frecuentemente
entre teoría y práctica, academia y activismo, y nuestra vida profesional y
social para quizá dar paso a un mundo un poco menos injusto e intolerante.
Sobra comentar la relevancia y necesidad de tal tarea.
fuentes y bibliografía
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