KIPUS: REVISTA ANDINA DE LETRAS Y ESTUDIOS CULTURALES,
No. 49 (Enero-Junio, 2021), 189-191. ISSN: 1390-0102


RESEÑA


Ivonne Gordon, Diosas prestadas, Madrid, Torremozas, 2019, 75 p.


Eugenia Toledo-Keyser Temuco (la Araucanía), Chile



El libro de la poeta ecuatoriana Ivonne Gordon titulado Diosas prestadas es una propuesta muy interesante. Es un poemario que mezcla dioses, paraíso, naturaleza y tonos que nos dan cierta idea del desencanto del mundo contemporáneo, poblado de eventos y sucesos. Entonces las diosas y dioses vuelven y se inventan tareas, nacen a orillas de un río, buscan una cueva para habitar, casi todo como antes, porque es el nuevo comienzo. Me hace recordar el pensar del poeta chileno Enrique Lihn que dice: “Nada se pierde con vivir, ensaya”.

Aquí Ivonne entonces nos presenta una cierta valoración metafísica de la existencia humana. Recreando el Olimpo, las diosas mayores y menores nos señalan fuerzas energéticas y la valoración que los hombres debemos darle a nuestra situación en el universo. Es una actitud muy femenina, la necesidad de una regeneración periódica. Ivonne Gordon llama la atención de los lectores de poesía, pero también habla a otros profesionales, mujeres y hombres cultos, sobre las posibilidades espirituales que, aun cuando algunos creen superadas en muchas regiones del mundo, son muy importantes para conocer el ser humano. Aquí en este libro hay poesía, filosofía, mitología, religión, sicología y ontología arcaica modernizada.

En el estudio del lenguaje descubrimos lo atados que vivimos, lo cual puede a muchos empujarlos a desvaríos o hacia el nihilismo o a la autodestrucción, si no aceptamos la realidad. Lo que Fromm llamó el peligro de atraer una era unidimensional y no sensibilizada o apática, como lo indicó en su libro Más allá de las cadenas de la ilusión (1962), que es efectivamente lo que sucede en nuestro mundo.

Ivonne Gordon, doctora en Filología Hispánica y Teoría Literaria, con varias distinciones a su haber, y habiendo vivido largas y continuas temporadas en Grecia, es investigadora de la mitología griega y sus lugares, dándole así nueva vida y repetida existencia en este libro. En este contexto la poeta crea y recrea sin fronteras, los dioses llegan a esta tierra para desnudarla, abrirla, botar los blindajes.

Cualquier diosa, muchas diosas, diosas prestadas, náyades, aprendices de corola, “sin nombre, ni origen” vuelven con sus oráculos y sus ojos visionarios a la tierra. Los dioses vuelven a sufrir, amar y persistir ante los viejos obstáculos. Sus poderes pueden hacer cosas grandes como seducir o cortar el hielo. Caos quiere volver e instalarse de nuevo en la Tierra. Ya está entre nosotros. “Caos es el destello en la angustia del tiempo”, “precede al vacío y al lenguaje ordinario”. Atenea se esconde, es la sabiduría, la diosa del conocimiento. Cayó del árbol de Olimpo como avalancha deslumbrada. Pero “protege en la amplitud del silencio / a la palabra sin habla”. Y “llena la ventana de luz, de sabiduría, / de irrevocable humanismo en las letras infinitas”. De esta manera, como la poesía, Ariadna va desenredando “los hilos de su hermético destino” hasta que termina presidiendo “como diosa de ojos visionarios”. ¿Cuál será su vaticinio?

Así al recrear esta cosmogonía nuestra poeta nos confronta a la historia como tal. Todas las grandes civilizaciones poseen una. La cosmogonía no es una resistencia a la historia, sino un intento de reintegrar la experiencia humana en el tiempo cósmico, cíclico y eterno. T. S. Eliot y James Joyce estaban impregnados de la melancolía del mito del eterno retorno. No está lejano el día a lo mejor en que la humanidad no quiera tener eventos históricos o hechos históricos lineares como los conocemos hoy en día. Incluso se puede a llegar a las sociedades antihistóricas. Hegel había dicho “no ocurre nada nuevo en la naturaleza”. Todo pasa. En la naturaleza todo se repite. Y en esta repetición no hay miedos y se logran soportar los sufrimientos y seguir viviendo. “La historia nombra sin nombrar nada” nos dice Ivonne Gordon en un verso. O “la historia cambia según el arrebato de las sombras”; “la historia es un recuento / de espumas y señales”. La historia está a nuestros pies, y un pie conversa con el otro.

Dione dio a luz a Afrodita y Afrodita produce desatinos. Suceden peleas, guerras y castigos. Había un karma, en los pueblos antiguos para explicar el sufrimiento y para darle una significación normal a los acontecimientos históricos. Encontraban en la llamada economía divina una explicación para todo, ya sea para lo comunitario o para lo personal. Lo cual ayudaba y hacía soportable la vida. Esta idea tiene resonancia amplia y vale la pena estudiarla, va más allá de todo, presupone incluso resurrección después de la muerte.

¿Qué significa entonces vivir hoy en estas sociedades neoliberales? ¿Cómo el hombre se va a enfrentar a las catástrofes, a los desastres, a la represión militar, a la injusticia social vinculada a la estructura misma de la sociedad, a las desgracias personales, nombremos algunas como ejemplo: la demencia, la muerte, el cáncer y otras enfermedades? Por eso es interesante ver cómo lo soportaba el hombre arcaico, cómo sufría hasta la mala suerte que le tocaba, personal o colectivamente. En cambio, hoy la exageración del individualismo egoísta no nos permite ver a otras gentes, el hombre se encierra en un infantilismo cultural, la superficialidad emocional y espiritual negando al Creador, viviendo culturas mercuriales, con períodos de atención mínimos y búsqueda compulsiva de impresionar de cualquier manera. Una piedra es un pálpito, dice la poeta en su libro; el sol es el centro, decían los filósofos grecolatinos.

El postulado es que todavía existen los dioses. Y que el Paraíso o Jardín existe, que tiene raíces y que yace en nosotros mismos, así atisba en su magnífico poema “El Paraíso”. El hecho de que estas diosas vengan es el reencuentro, entre otras cosas, con lo más eminente, nuestra parte humana, la que nos da energía.

Este final del poemario sorprendentemente podría ser una introducción. La defensa además del derecho de la poeta de crear y recrear. Zurita ha dicho que la naturaleza y la poesía van juntas. La naturaleza es un mundo más suave, porque está llena de diosas que van y vienen. Entre ellas también sucede el lenguaje. ¿Qué sería la vida sin el sonido? El poema “Secreto” es muy revelador del destino del lenguaje. “Palabras silenciosas se funden con la llama del fuego. / Un sentido mira a otro desde dentro. Se descubren / Gaia y Urano se nombran en conjugaciones de otras lenguas. / Son un alfabeto silente / son huesos / Guardan para siempre el lenguaje de los sabios”. ¿Qué sería de esta hermosa poesía sin él?

Diosas prestadas es un libro que nos entrega una nueva manera de conocer, más profunda, más allá de la cotidianeidad. Hay versos que hacen palpitar el corazón, los dioses no son monstruos, sino una relación fluida con la belleza orgánica, el amor. “El amor es la única salvación de los dioses”. La poeta sabe, intuye, revela y nos dice que hay otro mundo, sobrenatural y prestado.

El maravilloso poema “Itaca” revela el trabajo de la poeta que tiene ojos vaticinadores y que ubica el puesto de las diosas/dioses en el universo y el propio. Como la pléyade Maya, la poeta y nosotros somos errantes. Maya fue condenada a ser viajera permanente por los dioses. Buscamos Itaca. Estamos en Itaca. Veamos el poema:

Ítaca

Al buscar dioses y diosas en el Olimpo encuentra paz entre los olivos, silencio entre la sal /
plenitud en el aire del pueblo sereno del Egeo. /
Quiere volver a Ítaca y termina regresando de Ítaca. /
Busca a Poseidón y se encuentra con Afrodita recién salida del mar con la luz templada. /
Quiere revivir los mitos, y termina reviviendo. /
Quiere tanto y cuando se quiere así, es fácil olvidar que todo ya está allí aguardando como amante inquieto. /
Sobre una peña el viento espera. /
Sobre la quietud de las casas blancas la luz espera. / Sobre la campana de la iglesia bizantina el sonido espera. /
Vuelve para volver, porque en el regreso a Ítaca está la esperanza de una arena vasta, /
tan vasta que un cíclope le entrega la matriz del templo.

Así es, todo lo que tenemos es prestado. Todo pasa. Va y vuelve, probablemente, aunque sea en diferentes formas, así debemos mirarlo y pensarlo de otro modo. De nuevo, para sostenernos.

Un gran libro de poesía sobre el que hay mucho para decir y pensar.

Eugenia Toledo-Keyser
Temuco (la Araucanía), Chile