KIPUS: REVISTA ANDINA DE LETRAS Y ESTUDIOS CULTURALES,
No. 48 (Julio-Diciembre, 2020), 7-12. ISSN: 1390-0102


PRODUCIR PRESENTE: TOCAR EL CUERPO, ESCRITURA, MUJERES, PAISAJES, AFECTOS Narrativa contemporánea de escritoras en América Latina, II


PRODUCING THE PRESENT: TOUCHING THE BODY, WRITING, WOMEN, LANDSCAPES, AFFECTION Contemporary narratives of writers in Latin America, II


DOI: https://doi.org/10.32719/13900102.2020.48.1



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Clarice Lispector.




Escrituras que expresan marcas de nuestra contemporaneidad


ESTE DOSSIER BUSCA dar continuidad al número monográfico que preparamos y presentamos en Kipus 44 (II semestre 2018).1 La idea es pensar, de manera colectiva, un significativo corpus literario que hace parte de la narrativa contemporánea producida por mujeres en América Latina. No se trata de un trabajo de carácter representativo, menos todavía del trazado de un mapa de aliento exhaustivo. Este proyecto busca reconocer, en diferentes ámbitos geográficos del horizonte latinoamericano y caribeño, escrituras que expresan marcas de nuestra contemporaneidad en la concepción de sus proyectos narrativos, en la enunciación de una postura acerca de lo literario y sus posibilidades creativas al momento de reconocer sus canales de diálogo y proximidad con respecto a otras prácticas de registro, pensamiento y producción de conocimiento.

A propósito del centenario del nacimiento de Clarice Lispector (1920-1977), incluimos un texto en homenaje a su obra que, en palabras de Susana Rosano, autora del ensayo, “se plantea preguntas acerca de la capacidad de la escritura para dar cuenta de la vida, pero de una vida que en muchas oportunidades se escapa al pensamiento racional, y permanece expuesta allí, en su mera existencia”. Se trata de un tributo a Lispector, autora de una obra que ilumina poderosamente los itinerarios experimentados por la escritura literaria en relación a sus devenires, tradiciones, genealogías, búsquedas. Pensar con ella y junto a ella nuestro presente, en el horizonte de una eclosión de propuestas y experiencias de escritura que nos convocan en resonancia con otros momentos de nuestra historia. Resonancias que nos interpelan, nos ponen en movimiento, nos invitan a pensar e imaginar desde un pasado que no deja de acontecer en la inagotable potencia de su decir. De esa manera, el tiempo se sale de su libreto lineal y cronológico para invitarnos a volver nuestra mirada hacia atrás y entrar en empatía con una poderosa voz, la de Clarice, que no deja de sorprendernos en todo lo que tiene que decir, agregar, revelar, desnudar: instalarnos con ella en la lectura, escribir con el cuerpo, avanzar paulatinamente, atentas a los susurros que hay entre los hechos.

Un significativo corpus narrativo contemporáneo nos compromete desde un seductor entramado que coloca en el centro de la reflexión literaria la pregunta por la escritura. Textos que problematizan y rompen toda pretensión de distinción genérica: narrativas que propositivamente se salen de un lugar claramente definido para expandir sus posibilidades de trabajo con diferentes y múltiples registros de escrituras. Así, la imaginación literaria se abre a la marca testimonial, a la referencialidad propia de la crónica, al trabajo con el “dato” que proviene de la exploración en archivos de la historia, a la impronta autobiográfica, a la reflexión metaliteraria en la bifurcación de escrituras que en la escenificación que hacen de ellas mismas generan instancias de producción de conocimiento acerca de la escritura y sus derivas. Se trata de escrituras descentradas que vuelcan su potencia creadora en la configuración de universos que apelan a más de un lugar desde donde leer, indagar, pensar, imaginar, significar. Proyectos de escrituras que problematizan la posibilidad que tiene el lenguaje para nombrar lo que no tiene nombre, como anuncia el título de la novela de Piedad Bonnett: “Daniel se mató, repito una y otra vez en mi cabeza, y aunque sé que mi lengua jamás podrá dar testimonio de lo que está más allá del lenguaje, hoy vuelvo tercamente a lidiar con las palabras (2013, 18). Y justamente en ese esfuerzo por dar testimonio de lo que está más allá del lenguaje, la narración elabora cortes en el entramado del curso anecdótico e instala en la lectura pausas reflexivas: ramales que orientan hacia otros cauces la historia relatada para entrar en diálogo con voces que provienen de bibliotecas personales y archivos literarios. Otra vez Bonnett: “‘La vida es física’. Siempre me gustó ese verso de Watanabe. Y también este de Blanca Varela: ‘[...] es la gana del alma/que es el cuerpo’. A pocas horas de su muerte lo que me empieza a hacer falta hasta la desesperación son las manos de Daniel...” (23). Como si la escritora necesitara del acompañamiento de otros textos para suturar sus heridas y elaborar respuestas, en la creación de una escritura que se vuelve comunitaria. La literatura entonces se instala para abrirse a otras escrituras en el trabajo de mutuos alumbramientos y convivencias.

Dice la escritora venezolana Jacqueline Goldberg, con respecto a su novela Las horas claras (2012):

Me interesan las novelas, los reportajes, todo texto que tenga conciencia del uso de la palabra poética. En todo caso, aunque un repaso fragmentario del libro resalte frases que son propias de la poesía, insisto en que se trata de una novela: la escribí pensando en ella como tal, con la firme resolución de contar una historia. De no haber existido el Premio Transgenérico que ganó el libro y gracias al cual se publicó, se habría entendido simplemente como novela y el término ‘transgenérico’ quizá no habría aparecido. Pero me siento cómoda con él. Muchos libros de este siglo podrían perfectamente alinearse a esta etiqueta, que nada tiene de novedosa. (Goldberg, en Payares 2014)

Me interesa resaltar aquello de que dicho término “nada tiene de novedoso”, para volver los ojos a esa inmensa obra que es La nave de los locos (1984) de Cristina Peri Rossi. Esa nave tan colmada de poesía, de textos aparentemente descosidos que organizan un pensar profundo acerca de la condición de extranjeridad, que dan cabida a objetos, cuadros, películas, revelaciones oníricas, citas de periódicos y diarios, retazos del archivo de la historia, un hombre que viajó a la luna y un hermoso niño caballero del Santo Grial, buses que trasladan a mujeres embarazadas para abortar, paréntesis y notas a pie de página, historias marcadas por la dictadura y las desapariciones forzadas, así como la reiterada lectura de un tapiz medieval, en el curso de una narración en donde los personajes se encuentran en estado de partida, exiliados todos de algo o de alguien. Novela andrógina que socava el logos fálico, y a la vez porta “esa rara belleza de las cosas que subsisten fragmentadas, vacías de finalidad, desprovistas de función” (Peri Rossi 1995, 135).

Y es justamente a partir del debate en torno a la inespecificidad, la errancia y la apertura de la literatura y el arte, que Gina Saraceni aborda, en este dossier, el proyecto estético de Goldberg en Las horas claras, con el propósito de mostrar

los modos cómo esta novela, mediante su condición transgenérica, interviene la historia oficial y propone una poética de la no pertenencia a partir del gesto de fisurar el topos de la casa como espacio común del habitar humano, que es también un modo de intervenir el habitar literario descentrando sus límites hacia otras experiencias y saberes como la arquitectura, la botánica, la culinaria.

Alrededor de un corpus narrativo del Cono Sur, el artículo de Áurea María Sotomayor Miletti propone una mirada que articula lugares, habla, comunidad, réplica, documento. Los textos que constituyen el corpus de “ficción documental”, objeto de estudio, son: Naciste pintada (1999), de Carmen Berenguer; un segmento de un expediente judicial, Puño y letra (2005), de Diamela Eltit; una acción política devenida acción de arte local que se exporta a Venecia, El romance de la negra rubia (2014), de Gabriela Cabezón Cámara, y un territorio contaminado habitado además por el delirio agónico de quien lo narra, Distancia de rescate (2014), de Samanta Schweblin. Las narrativas estudiadas proponen otro modelo en que si bien la violencia es documentada, la pregunta respecto al devenir violento se centra en las hablas que la distribuyen.

En el contexto de una reflexión acerca de las relaciones entre género, viaje y escritura, Yanna Hadatty sugiere que para las autoras latinoamericanas contemporáneas, el viaje realizado por exploración personal dentro de un marco semiautobiográfico resulta una temática central. A partir de la revisión de algunas novelas publicadas en el curso del presente siglo, la autora señala que la representación del cuerpo femenino en desajuste y de viaje aparece como constante en la escritura de mujeres. Particular atención dedica Hadatty a la lectura de Volverse palestina (2013), crónica de viaje de la chilena Lina Meruane, y Body Time (2003), de la ecuatoriana Gabriela Alemán, leída en clave de “campus novel” feminista.

El texto de Juan Duchesne parte por problematizar la convencional mirada acerca de “la jovencita” como sujeto social e histórico, desde una mirada que invita a “escucharla hablar” y “a pensar con ella”. Desde allí, y desde una puesta en práctica de una “teoría deseante”, el artículo analiza varias narraciones emblemáticas para apreciar una “tesitura antiedípica” de las jovencitas que las protagonizan: la protagonista de “Emma Zunz”, de Jorge Luis Borges; algunas fábulas y poemas en prosa de Marosa di Giorgio; la novela Papi (2005), de Rita Indiana. Especial atención dedica Duchesne a la novela de la boliviana Giovanna Rivero, 98 segundos sin sombra (2016), y a sus relatos del libro Para comerte mejor (2016).

El artículo de Massimiliano Carta tiene como propósito fundamental analizar la situación de las mujeres y de los homosexuales en las religiones sincréticas de ascendencia africana y católica, a partir de la lectura de tres novelas de escritoras caribeñas: Nuestra Señora de la Noche (2006), de la puertorriqueña Mayra Santos Febres; Negra (2013), de la cubana Wendy Guerra; y La Mucama de Omicunlé (2015), de la dominicana Rita Indiana. Observa el autor que las protagonistas y las complejas tramas narrativas de las tres novelas seleccionadas se relacionan con los principales Orishas femeninos de la cosmogonía yoruba.

Dafne Duchesne-Sotomayor se centra en la lectura de La muerte feliz de William Carlos Williams (2015), de la escritora puertorriqueña Marta Aponte. La novela de Aponte ficcionaliza la búsqueda del poeta por un American Idiom o “expresión americana” y sus lazos con su madre, Raquel Helena Hoheb Monsanto, nacida de padres originarios de las Antillas Menores en Mayagüez, Puerto Rico. El artículo explora la compleja relación entre el legado cultural y la memoria que lo sustenta con respecto a la lengua que materializa y trae a la escritura esa herencia recibida, allí en donde la lengua materna se reinventa en el tránsito de viajes, exilios, despojos: entre el deseo de fuga y la necesidad de arraigo.

En diálogo con la novela de Diamela Eltit, Sumar (2018), Julio Ramos vuelve sobre la pregunta ¿cómo se juntan o se separan vida, literatura y política? En su lectura, Ramos interroga las formas y las categorías que integran los cuerpos de una suma política, en el marco de una ficción especulativa y entorno escópico, sobre las transformaciones del trabajo y de la vida en regímenes cibernéticos y farmacológicos contemporáneos. Ramos observa que la novela de Eltit se distancia de las prácticas más reconocibles de la metaficción contemporánea, y más bien repotencia la escritura de la ficción como un “trabajo artesanal de la lengua mediante el relevo de voces como materia misma del acto de novelar”.

Cerramos el dossier con la lectura que propone María Auxiliadora Balladares acerca de Sanguínea, de la ecuatoriana Gabriela Ponce Padilla (2019), una novela que muestra el resquebrajamiento del universo afectivo de una mujer en proceso de separación y el apego a las pulsiones eróticas que rigen su vida. Balladares observa que ese registro de lo que está aconteciendo, de lo que no cesa, se inscribe en lo que Blanchot denominó “el desastre”, lo que “arruina todo al tiempo que deja todo tal cual”. En esta línea de pensamiento, el ensayo sugiere que vivir en el cuerpo la inminencia del desastre es el trabajo más importante de la protagonista de esta novela, y abre paso a registros escriturales que se oponen a la narración como escritura intocada y definitiva respecto de la realidad o la verdad: “la lista es uno de estos registros, quizá el que privilegia Ponce por sobre otros y el que con más claridad nos enfrenta a la ausencia de narración”. *

Alicia Ortega Caicedo
Área de Letras y Estudios Culturales
Universidad Andina Simón Bolívar
Quito Ecuador




NOTAS


1 El mencionado dossier incorpora los siguientes textos: “La muerte me da (2007), de Cristina Rivera Garza. Cuerpos desmembrados y de(s)generamiento o instrucciones para leer una novela”, de Adlín Prieto Rodríguez; “Perturbando certezas: exilio, cuerpo y ficción en la obra de Margarita García Robayo”, de Karina Marín Lara; “Matate, Débil, Precoz: derivas del lenguaje en la trilogía de Ariana Harwicz”, de Gabriela Ponce; “Relatos salvajes: animalidad y migrancia en Nombres y animales de Rita Indiana”, de Miguel Aillón Valverde; “Trabajar el fragmento, ser la ruina. Lectura de un tríptico de Antropofaguitas de Gabriela Ponce”, de María Auxiliadora Balladares; “Sobre el poder de la literatura. La obra de Laura Alcoba y otras producciones artísticas de hijos de militantes en la Argentina”, de Susana Rosano; “Linaje, territorio e imagen en Ramal de Cynthia Rimsky”, de Daniela Alcívar Bellolio; “De cuerpos-territorio y disidentificaciones lesboeróticas. Las encrucijadas subjetivas en la narrativa de Yolanda Arroyo Pizarro”, de Diego Falconí Trávez; “Cartografías espaciales y estéticas corporales en Guadalupe Santa Cruz, Lina Meruane y Diamela Eltit”, de Mónica Barrientos; “Nefando de Mónica Ojeda Franco. La infancia tiene una voz muy baja y un vocabulario impreciso: escribir, perturbar, decir lo indecible”, de Alicia Ortega Caicedo. Accesible en impreso y virtual: http://repositorio.uasb.edu.ec/handle/10644/6730.


Lista de referencias


Bonnett, Piedad. 2013. Lo que no tiene nombre. Quito: Alfaguara.

Ortega Caicedo, Alicia. 2018. “Producir presente: tocar el cuerpo, escritura, mujeres, paisajes, afectos”. Kipus. Revista Andina de Letras y Estudios Culturales, n.º 44. https://revistas.uasb.edu.ec/index.php/kipus/article/view/1033/930.

Payares, Gabriel. 2014. Entrevista a Jacqueline Goldberg. “La casa es lo único que nos queda”. http://historico.prodavinci.com/blogs/jacqueline-goldberg-la-casa-es-lo-unico-que-nos-queda-por-gabriel-payares/.

Peri Rossi, Cristina. 1995. La nave de los locos. Barcelona: Seix Barral.

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