Tema central
Andares: Revista de Derechos Humanos y de la
Naturaleza
No. 10 (Julio-Diciembre, 2026), pp. 49-63. e-ISSN: 2953-6782
DOI: https://doi.org/10.32719/29536782.2026.10.4
Fecha de recepción: 3 de febrero de 2026 -
Fecha de revisión: 14 de abril de 2026 -
Fecha de aceptación: 4 de mayo de 2026 - Fecha
de publicación: 7 de junio de 2026
Escuela Politécnica Nacional, Quito, Ecuador
lorena.perez01@epn.edu.ec
WWF Ecuador, Quito, Ecuador
marianaduquegualpa@gmail.com
WWF Ecuador, Quito, Ecuador
andrea.bravo@wwf.org.ec
WWF Ecuador, Quito, Ecuador
mariaines.rivadeneira@wwf.org.ec
Resumen
La conservación de la biodiversidad suele relegar las dimensiones sociales a un plano secundario. No obstante, la efectividad de la conservación depende directamente de las condiciones de vida, la dignidad y las decisiones de las comunidades que habitan y cuidan los territorios. Entre 2004 y 2025, el Fondo Mundial para la Naturaleza llevó a cabo un proceso de caracterización y respuesta frente al consumo problemático de alcohol en cuatro comunidades indígenas kichwa y shuar de la Amazonía norte de Ecuador, con la finalidad de fortalecer la gobernanza comunitaria y la conservación inclusiva. En el marco del proyecto "Consolidando Paisajes Sostenibles de Vida en Ecuador-DGD", financiado por la Dirección General de Cooperación para el Desarrollo y Ayuda Humanitaria de Bélgica, se empleó una metodología participativa e intercultural, basada en entrevistas, grupos focales y procesos de formación de promotores de salud integral. Los hallazgos muestran que el consumo problemático es mayoritariamente masculino y responde a normas de género, presiones sociales y procesos de mestizaje, con efectos diferenciados en mujeres y niñas: mayores cargas de cuidado y violencia que restringen su participación en la gobernanza ambiental. Se concluye que abordar esta problemática desde el género, los derechos humanos y la interculturalidad fortalece el tejido comunitario y es indispensable para la conservación de la biodiversidad con un enfoque de cuidado de los cuerpos-territorios y "una sola salud".
Palabras clave: consumo problemático de alcohol, poblaciones indígenas, salud integral, conservación de la biodiversidad, gobernanza basada en derechos humanos, violencia de género, promotores de salud, integral
Abstract
Biodiversity conservation often relegates social dimensions to a secondary level. However, its effectiveness depends directly on the living conditions, dignity, and decisions of the communities that inhabit and steward these territories. Between 2004 and 2025, WWF carried out a process to assess and respond to problematic alcohol consumption in four Kichwa and Shuar Indigenous communities in northern Ecuador's Amazon, with the aim of strengthening community governance and inclusive conservation. Within the framework of the project "Consolidating Sustainable Living Landscapes in Ecuador - DGD", funded by the Belgian cooperation, a participatory and intercultural methodology was applied, based on interviews, focus groups, and the training of community health promoters. The findings show that problematic alcohol consumption is predominantly male and is driven by gender norms, social pressures, and processes of cultural change, with differentiated impacts on women and girls, including increased caregiving burdens and exposure to violence, which limit their participation in environmental governance. The study concludes that addressing this issue through a gender, human rights, and intercultural lens strengthens the social fabric and is essential for effective biodiversity conservation with an approach centered on the care of cuerpos-territorios and One Health.
Keywords: problematic alcohol consumption, indigenous people, Amazonia, comprehensive health, rights-based governance, gender violence, comprehensive health, promoters
Cómo citar: Pérez Azúa, Lorena, Mariana Duque Gualpa, Andrea Bravo Aguilar y María Inés Rivadeneira Herrera. «Consumo problemático de alcohol, violencia de género y conservación de la biodiversidad: Diagnóstico y respuesta comunitaria en el norte de la Amazonía ecuatoriana». Andares: Revista de Derechos Humanos y de la Naturaleza, n.° 10 (2026): 49-63. https://doi.org/10.32719/29536782.2026.10.4
La conservación de la biodiversidad está directamente vinculada a la calidad de la gobernanza ambiental. Esta depende, a su vez, del bienestar, la cohesión social y la participación efectiva de todas las personas en las decisiones sobre su territorio y los beneficios derivados del uso de los recursos de la biodiversidad. En contextos de violencia, desigualdad de género y limitada participación de mujeres y juventudes, se debilitan las capacidades colectivas para decidir, cumplir acuerdos y gestionar el territorio, lo que afecta la legitimidad de las iniciativas de conservación. Por ello, la conservación debe entenderse como un proceso socioecológico, en el que dinámicas sociales y ecológicas son interdependientes.
En la Amazonía ecuatoriana, esta relación es crucial por la coexistencia de alta diversidad biológica y cultural con múltiples presiones so-cioambientales: extractivismo, deforestación, tala y cacería ilegal, expansión productiva insostenible, contaminación hídrica, incendios forestales y pérdida de flora y fauna. Estas presiones configuran un escenario de vulneración acumulada con implicaciones directas para los pueblos indígenas,1 que dependen estrechamente del bosque para su subsistencia y para la reproducción de sus sistemas sociales, culturales y espirituales. En este contexto, la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental comprometen el ejercicio de derechos fundamentales como la salud, la alimentación y el acceso a un ambiente sano. Al respecto, la gobernanza inclusiva es crítica para enfrentar estos desafíos desde la participación efectiva, la transparencia y el reconocimiento de las comunidades como actoras centrales en el cuidado del territorio.2
Las provincias de Sucumbíos y Orellana expresan con particular intensidad estas tensiones, en tanto allí convergen altos índices de pobreza multidimensional,3 presiones socioambientales y violencia contra las mujeres. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres (ENVIGMU), el 64 % de mujeres indígenas ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, con una mayor prevalencia en el ámbito de pareja (42,8 %).4 Desde la teoría de la violencia estructural de Galtung, estas condiciones pueden comprenderse como expresiones de violencia directa y normalizada que restringen la satisfacción de necesidades básicas, limitan las oportunidades de bienestar y contribuyen a configurar problemáticas psicosociales como el consumo problemático de alcohol y la violencia basada en género (VBG).5
El consumo problemático del alcohol no es una realidad aislada en los territorios amazónicos; por el contrario, se inscribe en una problemática más amplia de salud pública y bienestar comunitario.6 La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que el Ecuador está entre los diez países con el mayor número de homicidios atribuibles al alcohol en la región: entre 2003 y 2013 se registraron 6042 muertes.7 En poblaciones indígenas, esta problemática adquiere características particulares debido a condiciones históricas de desatención estatal, desigualdad y exposición temprana al consumo, así como debido a su relación con los suicidios y la VBG.8
Aunque en Ecuador existen pocas investigaciones sobre esta temática en comunidades indígenas, algunos estudios indican que el consumo de alcohol adquiere significados sociales diferenciados según el género. En el caso de los hombres, puede operar como un rito de paso hacia la adultez y como una práctica asociada a mandatos de masculinidad, mientras que, en el caso de las mujeres, suele darse en contextos de mayor exposición social, como festividades o relaciones de pareja, en las que además son frecuentemente ubicadas en roles de cuidado.9 Esta dimensión relacional permite comprender que el consumo nocivo de alcohol no puede analizarse únicamente como una conducta individual, sino como un fenómeno socialmente situado, atravesado por desigualdades de género, relaciones de poder y condiciones estructurales de vulnerabilidad.
En relación con cómo el consumo problemático del alcohol profundiza situaciones de VBG, la evidencia10 revela que los hombres ejercen violencia hacia su pareja en mayor proporción en estado etílico que sobrios. Además, los autores mantienen que este consumo incrementa la frecuencia de la violencia ejercida, lo que se vuelve un factor de riesgo y predictor de conductas violentas. A su vez, la tendencia muestra que los hombres violentos presentan un mayor consumo de alcohol. Estas dinámicas de violencia limitan de manera particular la participación de las mujeres en espacios comunitarios de toma de decisiones, incluidos aquellos relacionados con la planificación territorial, el manejo de recursos y las acciones de conservación.
Desde esta perspectiva, el análisis del consumo problemático de alcohol y de la VBG resulta relevante para comprender las condiciones comunitarias que favorecen o dificultan los procesos de conservación. El enfoque del feminismo comunitario y la noción de cuerpo-territorio permiten reconocer que las violencias que afectan los cuerpos, los vínculos familiares y la vida comunitaria no están separadas de las dinámicas de explotación, dominación y violencia que atraviesan los territorios.11 Esta teoría sostiene la importancia de la comunidad como un núcleo de resistencia y transformación frente a presiones externas: allí se construye una visión colectiva y solidaria entre las personas y el territorio que habitan.12
Para aportar al campo de discusión de estas problemáticas en relación con la gobernanza ambiental, el cuidado del territorio y la conservación inclusiva en comunidades amazónicas, este artículo analiza cómo el consumo problemático de alcohol y la VBG inciden en las condiciones comunitarias necesarias para la conservación inclusiva en comunidades kichwa y shuar de las provincias de Sucumbíos y Orellana. A partir de los resultados de un estudio diagnóstico y de una posterior experiencia de formación de promotores comunitarios, se examinan las relaciones entre bienestar, cuidado de los cuerpos, participación de las mujeres, gobernanza territorial y cuidado del territorio. Si bien el diagnóstico no tuvo como propósito medir impactos ecológicos directos, sus hallazgos permiten comprender de qué modo determinadas problemáticas psicosociales afectan dimensiones sociales relevantes para la sostenibilidad de las acciones de conservación.
Durante los años 2023 y 2024, WWF Ecuador llevó a cabo análisis rápidos de género con enfoque de conservación inclusiva (ARG-CI) en veintitrés nacionalidades, organizaciones y comunidades indígenas y campesinas de la Amazonía norte y centro del país. El ARG se utilizó como herramienta para recoger información estratégica sobre la situación diferenciada que enfrentan hombres y mujeres en su diversidad en el acceso y control de los recursos naturales, materiales y culturales, en el contexto de la conservación de la biodiversidad. Uno de los hallazgos en común para cuatro comunidades - Martinica, Zancudo Cocha, Charap y Taikua- de las nacionalidades kichwa y shuar fue que el consumo nocivo de sustancias alcohólicas incide en eventos de VBG y en prácticas insostenibles en el territorio, de acuerdo con los testimonios de mujeres y hombres. Por ejemplo, algunas mujeres recurren a actividades como la deforestación para cultivos de palma con el fin de generar ingresos que les permitan salir de contextos de violencia en sus hogares, asociados al consumo problemático de alcohol de sus parejas. Esto es relevante para el ámbito de la conservación de la biodiversidad debido a que la salud y el bienestar integral de las personas son condiciones sine qua non para que los esfuerzos de conservación sean efectivos y sostenibles en el tiempo.
Las intervenciones de este pilotaje se realizaron en el marco del proyecto "Consolidando Paisajes Sostenibles", implementado por WWF Ecuador y financiado por la Dirección General de Cooperación para el Desarrollo y Ayuda Humanitaria (DGD) de Bélgica, con el objetivo de caracterizar la problemática y promover respuestas integrales. En este artículo se presentan los resultados del abordaje inicial, orientado a reducir las brechas de género en la gobernanza ambiental. Este esfuerzo multidisciplinario constituye una vía de intervención integral que articula las dimensiones sociales y ambientales, al tiempo que promueve la igualdad de género, la interculturalidad y el empoderamiento comunitario en las acciones de conservación.
Dados los contextos interculturales en que se desarrolló el proceso, se empleó una metodología cualitativa de orientación participativa. El vínculo previo de WWF con las dirigencias comunitarias facilitó la coordinación de visitas, la convocatoria de participantes y la realización de entrevistas y grupos focales en espacios comunitarios. El ingreso a las comunidades respetó los canales organizativos locales y reconoció la mediación de las dirigencias como condición clave para garantizar pertinencia cultural, legitimidad del proceso y participación comunitaria.
Inicialmente se llevó a cabo un sondeo exploratorio en las comunidades de Martinica, Zancudo Cocha, Taikua y Charap, con el propósito de comprender cómo se percibe la problemática del consumo nocivo de alcohol, cuáles son sus principales efectos en la vida comunitaria y qué expectativas existen respecto de su abordaje, cuyos resultados se encuentran descritos en la Tabla 1. La recolección de información se organizó en dos niveles:
Tabla 1. Levantamiento de información
| N.° | Comunidad | Actividad | Población | Caracterización de persona con consumo problemático |
|---|---|---|---|---|
| 1 | Martinica | Grupo focal (GF) con dirigencia14 de la comuna | GF: 8 personas (5 hombres y 3 mujeres); EI: 1 hombre; EF: 2 mujeres y 2 hombres; EP: 1 mujer (vicariato) y 2 hombres (doctor y psicólogo del hospital) | EI: hombre, 45 años, casado, 4 hijos, desempleado |
| 2 | Zancudo Cocha | Entrevista a persona con consumo problemático de alcohol (EI) | GF: 5 personas (1 hombre y 4 mujeres); EI: 1 hombre; EF: 2 mujeres; EP: 1 hombre, (tenencia política), 2 mujeres y 4 hombres (profesores o técnicos en educación de WWF) | EI: hombre, 48 años, casado, mamá kichwa, papá shuar, emprendimiento de turismo |
| 3 | Taikua | Entrevista a familiar de persona con consumo problemático de alcohol (EF) | GF: 15 personas (5 hombres y 10 mujeres); EI: 1 hombre; EF: 2 mujeres; EP: 3 mujeres (MSP-Playa de Cuyabeno), 2 hombres y 2 mujeres (profesores), 1 hombre (vicariato) | EI: hombre, 48 años, casado, 4 hijos, dirigente |
| 4 | Charap | Entrevista individual o grupal a profesional o persona vinculada a la comuna (EP) | GF: 10 personas (4 hombres y 6 mujeres); EI: 1 hombre; EF: 2 mujeres; EP: 1 hombre (vicariato) | EI: hombre, 30 años, casado, 5 hijos, jornalero, agricultor |
Fuente y elaboración propias.
Se implementaron salvaguardas éticas para garantizar el consentimiento informado, la confidencialidad, el resguardo de la identidad y la seguridad de las personas participantes, bajo principios de respeto, no daño y pertinencia cultural.
Para las categorías de estudio se contempló la caracterización de la población que más consume alcohol, en relación con el género, la edad, la situación laboral y el entorno familiar. Luego se profundizó en cinco unidades de análisis:
Con los resultados del diagnóstico, se convocó a una mesa interdisciplinaria de expertos, mediante un webinar, para analizar la problemática desde la salud, la sanación comunitaria, la conservación y la gobernanza territorial. Este diálogo permitió delinear una propuesta formativa para la respuesta en territorio.
En una segunda fase del proyecto, se realizó la formación de promotores de salud comunitaria integral, que constituyó un esfuerzo colectivo orientado a fortalecer las capacidades locales para abordar las problemáticas identificadas en el territorio de las cuatro comunidades indígenas amazónicas: Martinica, Zancudo Cocha, Taikua y Charap. El programa se construyó a partir de un proceso de investigación y diálogo que incluyó tres momentos clave correspondientes a la primera fase: 1. el diagnóstico situacional; 2. un encuentro de saberes en la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador; y 3. la devolución y validación del diagnóstico a las comunidades.15 Estos espacios permitieron identificar necesidades específicas y generar estrategias contextualizadas para promover la salud y el bienestar comunitario.
El enfoque del programa de formación reconoce que la salud comunitaria abarca dimensiones sociales, emocionales, culturales, ecológicas y territoriales. Desde una perspectiva de interdependencia entre cuerpo y territorio16 vinculada al enfoque "Una sola salud",17 no es posible hablar de bienestar cuando los cuerpos, las relaciones comunitarias y los ecosistemas que sostienen la vida se encuentran afectados. En este sentido, se consolidaron grupos locales comprometidos con el acompañamiento y la respuesta a las problemáticas identificadas en cada comunidad.
Los contenidos de la formación se organizaron en seis módulos, centrados en los siguientes temas:
El programa abrió un espacio de aprendizaje colectivo y diálogo de saberes para construir estrategias culturalmente pertinentes. Reconoció el valor del conocimiento local y las prácticas ancestrales en la salud comunitaria y la conservación territorial. Así, fortaleció capacidades individuales y el tejido comunitario mediante redes de cuidado, prevención y acción frente a desafíos socioambientales. La metodología del curso tuvo una base constructivista, orientada al aprendizaje colectivo. Para sostener el proceso, se promovió el compromiso con:
El consumo problemático de alcohol fue identificado principalmente como una práctica asociada a los hombres. No obstante, también se señaló el consumo de alcohol en mujeres, aunque con trayectorias y significados diferenciados. En estos casos, el consumo se asoció con la convivencia con parejas consumidoras y experiencias afectivas o familiares complejas.
El inicio del consumo se situó entre los 13 y 14 años, con continuidad hacia la adultez en algunos casos. El consumo temprano se asoció con el aprendizaje social, la exposición familiar o comunitaria al alcohol, la curiosidad y el escaso acompañamiento adulto. Más que una decisión individual, se vinculó con entornos donde el consumo se normaliza y niñas, niños y adolescentes quedan expuestos a prácticas de riesgo.
Las respuestas pueden organizarse en las siguientes subcategorías:
1a) Historia del consumo local: En todas las localidades se hace referencia a que la problemática del consumo no siempre fue así. Se habla que en la actualidad la situación se ha agravado por el tipo de consumo, las edades de las personas que consumen (hoy empiezan a menor edad) y los problemas económicos relacionados.
Causas exógenas
1b) Aprendizaje social: El entorno social y familiar consume licor de manera recurrente; mirar a otras personas consumir puede generar curiosidad.
1c) Representación cultural: Las festividades y los encuentros sociales y recreativos (campeonatos de fútbol) o comunitarios (minga) son eventos vinculados al consumo de chicha, que con el ingreso del licor industrializado (aguardiente) complejiza la dinámica sociocultural.
1d) Presión social: Se manifiesta en expresiones como "malos amigos" y "amigos inquietan", o en estigmas asociados a no consumir, vinculados a la idea de ser "menos hombre", mediante apelativos como "mandarina".18 De este modo, se construye un imaginario del estatus que otorga el consumo de licor; es decir, se considera necesario hacerlo para no sentirse inferior o quedar mal, lo que perpetúa una noción de virilidad que genera seguridad en sí mismo y en las relaciones que puedan entablar, principalmente con mujeres.
1e) Falta de trabajo: Puede ser un disparador para el consumo.
1f) Falta de actividades y espacios de ocio: Se conecta con la subcategoría anterior, pero se relaciona con la carencia de espacios físicos y actividades para pasar el tiempo libre o entretenerse. Se señala también la pérdida de espacios comunitarios vinculados a prácticas culturales y actividades en la naturaleza, como mingas, actividades deportivas o encuentros en el territorio, que anteriormente fortalecían la cohesión social.
1g) Migración: En la mayoría de los casos se relaciona con la movilidad a otras ciudades por estudios. En este contexto, las personas entrevistadas refieren que, cuando jóvenes, no son "controlados" o cuidados por las personas adultas.
1h) Invitaciones de personas de otras localidades: Pueden darse por festividades o porque los centros que comercializan licor están en otras poblaciones.
1i) Políticos e industrias extractivas que incitan el consumo: Durante las campañas electorales, se reconoce que personas vinculadas a la política visitan las localidades con licor y realizan eventos para ganar los votos de la población. Estas prácticas para apaciguar y convencer a la población también fueron utilizadas por las empresas extractivas; no obstante, es una dinámica que no se reconoce como actual.
Causas endógenas
1j) Soledad: Sentimiento de desesperanza que se experimenta debido al abandono físico y/o emocional por parte de una figura relevante para la vida de la persona (pareja, familia, etc.).
1k) Enojo: Emoción que conduce a salir del entorno en el que no se siente comodidad ni comprensión.
1l) Frustración y despecho: Está mayormente relacionado con las limitaciones económicas.
1m) Carencias afectivas: En general, en las entrevistas individuales se identifican dificultades vinculadas con las figuras de cuidado inicial.
1n) Problemas de pareja: Pueden ser infidelidades, malentendidos vinculados a dificultades en la comunicación o maltratos intrafamiliares físicos y psicológicos.
1ñ) Búsqueda de la felicidad: Se refiere a querer sentir el efecto de bienestar que las personas consumidoras pueden proyectar durante su estado de embriaguez.
1o) Violencia de género: Genera frustraciones, dolores y sufrimientos tanto en las víctimas, como en su entorno, por lo que el consumo de licor puede ser una salida a esas vivencias.
Individual
2a) Salud física: Si bien se reconoce este daño corporal, no se detallan los tipos; solamente hubo una persona que reconoció los impactos en la salud, al referir sus problemas de corazón.
2b) Accidentes: Muchas de las veces son ahogamientos, que en algunos casos han resultado en fallecimientos.
2c) Suicidios: En dos localidades, los grupos focales identificaron casos de suicidio vinculados al consumo del alcohol.
2d) Dependencia o adicción al consumo: Da cuenta de una afectación patológica.
2e) Pérdida de productividad laboral y desempleo: El consumo de alcohol provoca irresponsabilidad en el trabajo; por ejemplo, la persona no se presenta o se presenta en estado de embriaguez.
Familiar
2f) Peleas entre familias: Como de manera generalizada el consumo es entre familiares, las peleas también se extienden a estos grupos.
2g) Rompimiento de relaciones de pareja: Suele darse debido al adulterio.
2h) Resignación familiar: Bajo esta postura, no hay posibilidad de diálogo ni de acercamiento, tanto para tramitar las molestias como para indagar en la situación de su familiar.
2i) Maltrato infantil: Se ejerce sobre hijos e hijas, y puede ser físico, psicológico (gritos) o negligencia relacionada al descuido y abandono físico y emocional; como consecuencia, se infieren los graves casos de desnutrición infantil reportados.
2j) Violencia intrafamiliar: Implican insultos, humillación, golpes y agresiones que, si bien no se sostienen únicamente por el consumo, se potencian bajo este.
Socioeconómicas
Estas categorías pueden ser replicadas en otros ámbitos:
2k) Gastos económicos centrados en la adquisición de licor: Genera y sostiene la pobreza, ya que no hay un control económico.
2l) Robos: Ocurren durante el estado de embriaguez o de manera previa, para comprar y consumir licor.
Comunitaria
2m) Debilitamiento de la acción comunitaria: Se mencionan la falta de interés y motivación y el debilitamiento de los liderazgos comunitarios, lo que reduce la capacidad de las comunidades para organizarse frente a diversas problemáticas (por ejemplo, la toma de decisiones, la gestión de recursos naturales y territorio, la repartición justa de beneficios de la conservación, etc.).
2n) Irrespeto a las autoridades: Se fragmentan los liderazgos.
2o) Debilitamiento de la gestión del territorio: Hay menor participación en asambleas, mingas y acuerdos comunitarios, entre ellos los relacionados con el uso de recursos naturales, lo que incrementa la vulnerabilidad a amenazas ambientales.
2ñ) Peleas con amigos y conocidos: La agresividad se extiende al grupo social próximo.
3a) Violencia a las mujeres y niñas: Además de lo descrito en las categorías anteriores, en este punto se pone énfasis en las afirmaciones de que quienes más consumen son los hombres y de que las acciones machistas terminarán afectando e incluso lastimando a sus parejas, hijas y madres.
3b) Abuso y acoso: Las violencias sexuales afectan directamente a mujeres y niñas.
3c) Rol de cuidado de quien consume: Se menciona sufrimiento, intranquilidad y dificultades para dormir, derivadas de la preocupación constante por el retorno de la persona; como consecuencia, las madres refieren problemas en su salud, lo que da cuenta de conductas de codependencia, principalmente en las mujeres de la familia.
3d) Testigos de las violencias de género: Los niños y niñas presencian las violencias de sus padres hacia sus madres, lo que deja una marca significativa en su psique.
3e) Sobrecarga de trabajo y limitación de la participación: Cuando los hombres presentan consumo problemático de alcohol, las mujeres asumen de forma simultánea labores productivas, reproductivas y de cuidado, lo que incrementa su carga de trabajo y reduce su tiempo y sus posibilidades de participar en espacios comunitarios de toma de decisiones, incluidos aquellos relacionados con la gestión del territorio y las acciones de conservación.
Individuales
4a) Por uno mismo: Tiene que ver con lo que uno va pensando y reflexionando en tanto es testigo de las pérdidas fuertes de otras personas, o cuando la persona va adquiriendo madurez emocional.
4b) "Ya no quiero ser esa persona de antes": Hay un cuestionamiento sobre los daños experimentados en el pasado o vistos en terceros.
4c) Dedicación del tiempo personal a actividades: Puede ser el trabajo, el ocio o actividades tradicionales como pesca, caza u otras vinculadas al cuidado del territorio. Esto implica que la persona tenga oportunidades para ser productiva y hacer productiva su vida, lo que la aleja del consumo problemático de licor. Por ejemplo, se mencionó la frase: "Él lo que quiere es trabajar"
4d) Haber alcanzado una edad avanzada: La edad marca la idea del cambio. Muchas veces el consumo problemático está asociado a edades jóvenes; en este sentido, no está bien visto "tomar de viejo".
4e) Las experiencias en la infancia: Los padres alcohólicos, no presentes y/o despreocupados implican una motivación para no hacer lo mismo, para "ser todo lo contrario".
Familiares
4f) Apoyo familiar: El soporte del sistema familiar puede ser un importante recurso para reducir el consumo. Asimismo, este puede disminuir cuando se reciben consejos o cuando se tiene consciencia de las afectaciones que dicho consumo genera en los hijos e hijas.
4g) Prohibición: Suele darse de padres a hijos e hijas, pero es contradictorio si los padres son consumidores. Si bien no quieren lo mismo para sus hijos e hijas, les proyectan un ejemplo ambiguo.
4f) Cuando nacen los hijos e hijas: La paternidad puede generar consciencia sobre la priorización de los gastos económicos.
Comunitarios
4h) Asambleas: A veces, en las asambleas comunitarias se presentan casos que demuestran las consecuencias del consumo problemático de alcohol. No obstante, si la persona afectada no recurre a la dirigencia, esta no necesariamente considera actuar.
Institucionales
4i) Apoyo por parte del vicariato: Se suele buscar consejo de las hermanas que visitan a las localidades.
4j) Profesionales de la salud: En algunas localidades se identificó a un grupo de profesionales de la salud comprometidos con soluciones y acciones en proceso.
5a) Reuniones, consejos: Hacen alusión a la necesidad de tener espacios para reflexionar. Se mencionó la modalidad del taller, que sea motivante y vivencial.
5b) Fortalecer capacidades de la gente: Se refiere a que las personas tengan espacios de formación en los que puedan ver otras posibilidades de vida.
5c) Generar espacios de ocio y de encuentro en el territorio: Esto permite que las personas de la comunidad tengan alternativas frente al consumo problemático de alcohol, y que fortalezcan la relación con la naturaleza y la identidad comunitaria.
5d) Cambios en la familia: Se reconoce la necesidad de trabajar con las familias, tanto en el tema vincular como en la empatía.
Mirada de tos profesionales y del personal de instituciones
5e) Comunidades terapéuticas: Se pueden crear espacios para tratar a las personas que voluntariamente quieran ayuda, así como trabajar con las familias en visitas domiciliarias.
5f) Diálogos y redes interinstitucionales: Se puede plantear una red de instituciones públicas y privadas para reducir el consumo problemático de alcohol.
Este diagnóstico ofrece una visión integral del consumo problemático de alcohol en las comunidades analizadas, así como de sus causas y efectos en los ámbitos individual, familiar y comunitario. Además, identifica factores estructurales, comunitarios y personales, lo que evidencia la necesidad de una intervención holística, multidimensional y pertinente para cada contexto. Con base en ello, se propuso diseñar e implementar un curso de formación para promotores comunitarios de salud integral y conservación, con énfasis en la prevención del consumo de alcohol.
A partir de los resultados de la primera fase se propuso implementar un piloto de intervención participativa que incorporó los enfoques de género, interculturalidad y derechos humanos. En este proceso se articuló a diversos actores locales e instituciones, con el objetivo común de desarrollar actividades conjuntas orientadas a prevenir y reducir el consumo problemático de alcohol y la VBG, al igual que a contribuir a la toma de decisiones favorables para la conservación de la biodiversidad.
El curso tuvo una duración de sesenta horas académicas, distribuidas en dos sesiones de tres días, realizadas un fin de semana al mes entre febrero y abril de 2025, con una asistencia promedio de diecisiete personas. Aunque hubo deserciones, la participación sostenida sugiere condiciones favorables para dar continuidad a las acciones. En la Figura 1. se evidencian las asistencias en los encuentros y las personas aprobadas por comunidad.
Elaboración propia.
Figura 1. Asistencia y aprobación del curso
Como requisito y acuerdo del proceso, las personas participantes realizaron réplicas comunitarias de los contenidos aprendidos, cuyos resultados fueron socializados. En las tres comunidades se enfrentaron resistencias iniciales para abordar la problemática. En la comuna kichwa Martinica, la réplica se realizó principalmente con jóvenes; en la comuna shuar Taikua, se aprovechó una minga comunitaria para convocar a personas interesadas; y en la comuna kichwa Zancudo Cocha, el tema fue trabajado con madres y padres de familia en un espacio convocado por la escuela.
Los tres grupos coincidieron en que, al tratarse de un tema sensible, resulta más efectivo abordarlo en encuentros comunitarios o actividades cotidianas, mediante conversaciones informales, antes que convocar reuniones específicas. La actividad evidenció que las personas participantes adquirieron competencias para replicar espacios tipo taller y mostró su compromiso inicial como promotoras comunitarias. El proceso culminó con la certificación de trece participantes, en su mayoría mujeres, y con el diseño, la diagramación y la impresión de cuarenta folletos guía para apoyar la réplica de los módulos en sus comunidades.
Los resultados del estudio sugieren que el consumo problemático de alcohol en las comunidades participantes no puede comprenderse únicamente como una conducta individual ni como un problema aislado de salud pública. Por el contrario, aparece como una problemática situada, vinculada con mandatos de género, dinámicas familiares, desigualdades estructurales y formas de debilitamiento de la cohesión comunitaria. Esta relación es relevante para los procesos de conservación inclusiva, en tanto afecta las condiciones sociales necesarias para la gobernanza ambiental, como la participación de las mujeres, el sostenimiento de acuerdos comunitarios, el cuidado de los vínculos y la corresponsabilidad en las decisiones sobre el territorio.
A partir de las categorías planteadas y de aquellas emergentes en el diálogo con las comunidades, se evidencia que el consumo problemático de alcohol se asocia con la gravedad de sus impactos, la frecuencia y la edad de quienes lo practican. En contraste, el consumo considerado no problemático se percibe como esporádico, vinculado a la diversión, a la presión social y a la ausencia de conflictos bajo sus efectos, siempre que la persona mantenga responsabilidades económicas hacia la familia. Asimismo, se reconoce un componente cultural, expresado en la ingesta de chicha durante mingas y festividades locales.
Esta percepción revela procesos de normalización social que, desde el feminismo comunitario, pueden entenderse como prácticas y expresiones de violencia simbólica y estructural legitimadas socialmente. En estas dinámicas, los cuerpos y, en consecuencia, los territorios son vulnerados, lo que afecta el bienestar comunitario y el entramado socioecológico. En este sentido, la normalización del consumo constituye un precursor de desigualdades sociales y de género en las comunidades indígenas amazónicas.
Los referentes de masculinidad hegemónica existentes en las dinámicas socioculturales de las comunidades indígenas promueven el consumo excesivo del alcohol. Los hallazgos muestran que la población con consumo nocivo es predominante masculina y que son los hombres quienes deciden sobre los recursos de la biodiversidad y el territorio. Las representaciones culturales y sociales de la masculinidad en estos contextos han configurado normas de género sobre lo que significa ser hombre, para ejercer una presión -muchas veces ineludible- a consumir licor. En este contexto se visibilizan las graves desigualdades que persisten en las comunidades indígenas estudiadas. Mientras que los hombres son presionados a consumir alcohol para probar su masculinidad, las mujeres soportan las consecuencias directas e indirectas del consumo.
No obstante, al momento hay un incremento de mujeres que mantienen un consumo nocivo, posiblemente como consecuencia de dinámicas sociales y familiares. La igualdad en el consumo entre sexos ha sido reportada desde 2015 por la OPS y la OMS:19 las mujeres beben cada vez más y presentan la prevalencia más alta en el continente respecto a trastornos relacionados al alcoholismo.
Respecto del rango etario, a nivel nacional más de 900 000 personas consumen alcohol; de ellas, el 4,5 % corresponde a población indígena. La edad mínima de inicio se sitúa en 12 años, y el consumo se concentra mayoritariamente en hombres (89,7 %).20 Se puede inferir que el consumo de alcohol en la adolescencia es una conducta transmitida de forma intergeneracional. Este problema afecta el bienestar y los derechos de niñas y niños, quienes suelen enfrentar violencia intrafamiliar y negligencias en el cuidado, con consecuencias como la desnutrición infantil. También incide en las decisiones sobre los medios de vida, lo que reduce las oportunidades de las juventudes en el futuro cercano.
Además, se identifica que el problema del alcohol involucra a la familia, especialmente a las mujeres, quienes se ven inmersas en una situación de sobrecarga emocional que llega incluso a consecuencias vinculadas a la codependencia, en tanto adquieren conductas de sobreprotección y disculpa al consumidor, lo que afecta su autoestima. Además, asumen comportamientos de control hacia otras personas o circunstancias y su salud física se ve deteriorada por el nivel de estrés y angustia que atraviesan. En palabras de las esposas y madres, padecen insomnio y problemas de salud por la preocupación, entre otros impactos.
El consumo nocivo de alcohol suele ser el detonante de situaciones de violencia comunitaria e intrafamiliar, ejercidas predominantemente por padres o esposos, lo que se agrava por el limitado acceso al tratamiento.21 Por lo tanto, es un factor de riesgo que profundiza la vulnerabilidad de infancias y juventudes,22 grupo que puede ser víctima de múltiples formas de violencia, acoso y abuso. Si el territorio comunitario es el único bien de las comunidades, su destrucción, incluyendo la deforestación, la degradación ambiental y la contaminación, se puede considerar como una forma de violencia al patrimonio de los más jóvenes.
La violencia se relaciona con dinámicas de poder y control; el abuso, con situaciones de vulnerabilidad; y el acoso se distingue por su persistencia y por el propósito de menoscabar la dignidad.23 Estas dinámicas refuerzan un ciclo de desigualdad en el que los roles tradicionales de género y las relaciones de poder perpetúan la adicción y las violencias, lo que puede tener consecuencias graves como el femicidio o el suicidio.24 En este contexto, el aprendizaje social constituye un factor clave que debe ser abordado. Un estudio mostró que varios hombres con consumo excesivo de alcohol habían crecido en hogares donde sus padres ejercían violencia contra sus madres. Esta exposición favorece la reproducción intergeneracional de patrones de consumo y violencia, que pueden ser interiorizados como formas de resolver conflictos o relacionarse con la pareja.25
Los hallazgos permiten interpretar que el consumo nocivo de alcohol es una práctica configurada por condiciones estructurales de desigualdad, exclusión social y falta de oportunidades, así como por factores de vulnerabilidad personal. Estos elementos desencadenan hábitos nocivos de consumo que funcionan como mecanismos de afrontamiento ante situaciones emocionales difíciles en los territorios amazónicos.
Asimismo, los resultados permitieron identificar causas endógenas relacionadas con el consumo que incluyeron sentimientos de soledad, frustración, carencias afectivas y problemas de pareja. Estos factores complejizan aún más la recuperación cuando no se cuenta con apoyo emocional y psicológico adecuado.
También se observó una fuerte influencia cultural, con festividades y eventos comunitarios en que el consumo es normalizado. El consumo esporádico de bebidas fermentadas tradicionales en momentos asociados con la agricultura, la espiritualidad y los ciclos de vida de los pueblos indígenas se ha transformado con la introducción de bebidas comerciales, resultado del mestizaje en los territorios rurales.26 Se identifican cambios en la percepción de los riesgos del consumo excesivo, lo cual incide directamente en la motivación de consumir.27 La carencia de alternativas de ocio, espacios recreativos y servicios de contención psicológica agrava la situación, al dejar a las personas expuestas a la aparente única alternativa del alcohol.
En Ecuador, las personas en situación económica vulnerable, con menor acceso a salud y mayor exclusión social -asociada con baja escolaridad, pobreza por ingresos y desempleo- enfrentan mayor riesgo de consumo excesivo de alcohol.28 Así, la exposición y los hábitos de consumo responden a factores de vulnerabilidad personal de edad, sexo, antecedentes familiares, roles de género y nivel socioeconómico, además de condiciones sociales como nivel de desarrollo, cultura, normas sociales y contexto de consumo. En particular, jóvenes, personas con antecedentes familiares de consumo problemático y sectores empobrecidos enfrentan mayores riesgos, mientras que las mujeres pueden sufrir daños diferenciados por los efectos del consumo masculino en contextos de desigualdad de género.
El consumo nocivo de alcohol es una problemática multidimensional. A nivel individual, destacan problemas de salud física, dependencia y accidentes, con casos extremos de suicidios. Acuña relaciona el suicido en comunidades indígenas amazónicas con las transformaciones socioculturales aceleradas tras el contacto con actividades extractivas, así como con la normalización histórica de la muerte y la violencia.29 Un escenario similar sucede con los casos reportados de situaciones de violencia o muertes por consumo excesivo de alcohol.
En el ámbito comunitario, la cohesión social se ve fragmentada, lo que debilita la acción y participación colectiva, incluida la capacidad de las comunidades para sostener acuerdos y compromisos sobre el uso del territorio, realizar vigilancia comunitaria y participar en iniciativas productivas y de conservación de la biodiversidad, factor que se agrava en un contexto que presenta vulnerabilidades comunitarias, con limitaciones en el acceso a distintos derechos (alimentación, trabajo digno, salud, ambiente sano, entre otras).
Frente a las dificultades que se evidencian en el diagnóstico, surgen mecanismos de afrontamiento que se concentran en el ámbito individual. Aunque existe cierto soporte familiar, este se ve limitado por dificultades de comunicación y expresiones de reclamo u hostilidad hacia la persona consumidora. A nivel comunitario, pese a contar con espacios como las asambleas, las dirigencias suelen esperar que los casos sean expuestos por las personas implicadas, quienes muchas veces carecen de herramientas o condiciones para hacerlo. Por ello, resultan más efectivos los acompañamientos individualizados de actores externos, como el vicariato y profesionales de salud.
En la formación de promotores de salud integral comunitaria participaron personas con interés en compartir y aprender sobre esta problemática en sus comunidades. El primer tema a tratar fue el fortalecimiento organizativo, que se construye con la participación activa y consciente de todos y todas. Esta formación permitió comprender que el liderazgo debe ser colectivo y que cada persona, sin importar su edad, género o condición, tiene un rol fundamental en la toma de decisiones. Recuperar el sentido de comunidad es también recuperar la capacidad de organizamos para transformar las realidades que nos afectan.
Los proyectos de conservación con enfoque inclusivo promueven iniciativas para fortalecer el liderazgo en asuntos ambientales y la autonomía de las mujeres y juventudes, de modo que tengan voz y voto en los procesos y puedan participar en igualdad de condiciones en el diálogo y la toma de decisiones sobre la gobernanza de sus territorios, así como para que puedan influir en las decisiones que determinarán el futuro de sus familias y de sí mismas. Lamentablemente esta participación puede verse limitada a causa de situaciones de VBG, y particularmente en contextos de consumo problemático de alcohol.
A lo largo del proceso, se evidenció que las problemáticas como el alcoholismo no pueden abordarse desde la sanción o el juicio, sino desde la escucha, el acompañamiento y la construcción de acuerdos familiares y comunitarios. El aprendizaje clave ha sido que la transformación nace del diálogo, del reconocimiento mutuo y del seguimiento constante. Los promotores, más que replicar mensajes, deben ser puentes que conecten saberes, experiencias y esperanzas, articulando acciones entre actores internos y externos para que el bienestar comunitario sea una meta compartida y sostenida en el tiempo.
Durante el acercamiento a las masculinidades, se reconoció que ser hombre no implica negar las emociones ni sostener roles tradicionales de poder, sino abrirse a nuevas formas de ser y convivir. La reflexión colectiva permitió desmontar constructos que han limitado históricamente a los hombres, como la idea de que "no deben llorar" o que deben demostrar valor a través del consumo de alcohol. Se comprendió que aportar al fortalecimiento organizativo requiere de hombres conscientes, solidarios y cuidadosos, tanto en los espacios comunitarios como en los del hogar, promoviendo una masculinidad que sume al bienestar común.
El análisis de las prácticas cotidianas visibilizó el modo en que la presión social moldea comportamientos que muchas veces resultan dañinos, tanto para los hombres como para quienes los rodean. Al nombrar las conductas negativas y reconocer los estereotipos que cargan desde la infancia, surgió un espacio de reflexión importante. La formación dejó como aprendizaje que es posible construir nuevas formas de ser hombre, más afectivas, más humanas, y que esto no solo es legítimo, sino necesario para una vida comunitaria más justa, equitativa y libre de violencias: una masculinidad que ponga en el centro los cuidados hacia otras personas y hacia su entorno.
En torno al tema de los cuidados, se comprendió que cuidar es una forma de relacionarse con respeto, atención, equidad y corresponsabilidad. Las reflexiones permitieron reconocer que el cuidado ha sido asumido históricamente por las mujeres de manera silenciosa y no remunerada, mientras que los hombres se han mantenido alejados de las labores domésticas y afectivas. Esta toma de consciencia es el primer paso para transformar los roles tradicionales y construir relaciones más justas, en las que el cuidado por las personas, las comunidades y la naturaleza sea compartido y valorado como base del fortalecimiento familiar, comunitario y territorial. Dicha mirada puede influir positivamente en el ámbito de la conservación, por cuanto la participación de las mujeres en iniciativas de conservación es débil, consecuencia de la falta de tiempo y de las violencias de género que sufren, lo que afecta procesos de gobernanza más inclusivos.
El proceso evidenció que, aunque suelen cuidar a otras, muchas veces las personas descuidan su propio bienestar. En este sentido, si alguien no tiene los recursos para cuidar de sí mismo, se verá limitado al momento de proteger su territorio y sus diferentes formas de vida. Reconocer las emociones, pedir ayuda y asumir responsabilidades afectivas sigue siendo un reto, especialmente para los hombres, marcados por una cultura que niega la sensibilidad. Las dinámicas de autocuidado y reflexión emocional fueron fundamentales para pensar en sanar. Fortalecer las potencialidades para la vida es primordial en el proceso de resignificación de la problemática.30 Se consideró que cuidar y cuidarnos es un acto de dignidad, y que transformar la comunidad pasa por cambiar nuestras formas de vincularnos y expresarnos, a nivel íntimo, pero también cuando nos referimos al cuidado y la conservación de los territorios y entornos.
Durante el ciclo formativo, se reafirmó que la transformación comunitaria parte del reconocimiento propio: qué me gusta, qué valoro, cómo aporto. Al mirarnos con afecto, aprendemos a mirar a las otras personas con respeto y empatía. Las actividades permitieron entender que la identidad y la autoestima son claves para sostener los vínculos comunitarios.
Por otro lado, las experiencias compartidas sobre los distintos tipos de violencia revelaron afectaciones que muchas veces fueron perpetradas desde la infancia. En la formación se configuró un espacio seguro que sirvió para reconocer que esas violencias, a pesar del dolor que causan, pueden convertirse en puntos de partida para sanar, mejorar y no repetir los mismos patrones. Al hablar de lo vivido y lo que se quiere transformar, cada persona empezó a construir caminos hacia una dinámica sanadora. Nombrar el dolor es un acto que implica dejar de cargarlo en silencio.
El círculo de palabra y las reflexiones compartidas mostraron que no estamos solos ni solas en nuestras luchas. Las historias personales entrelazadas con las realidades comunitarias revelaron que muchas formas de violencia se repiten, pero también que existe una fuerza colectiva dispuesta a cambiar esas historias. El conocimiento ancestral, los valores, la fe y el amor familiar se reconocieron como perlas valiosas para construir una vida más digna. Existe evidencia positiva en América Latina respecto a acciones preventivas y rehabilitadoras implementadas desde la sanación con perspectiva cultural y enfoque diferencial, que tenga en cuenta las particularidades de los grupos étnicos (cosmogonía, perspectiva frente al consumo, abordajes realizados en las comunidades, etc.).31
El cambio es posible cuando se construye desde las raíces culturales, la creatividad y la participación de todos y todas. Por lo tanto, actividades de ocio libres de alcohol no solo son viables, sino que pueden ser espacios para reencontrarse, compartir saberes ancestrales y fortalecer el sentido de pertenencia. Las prácticas culturales son saberes que permiten superar dificultades, así como sanar. Las acciones comunitarias, en este sentido, permiten tejer nuevas formas de convivencia más sanas, alegres y conscientes entre las personas y también con el territorio.
Los hallazgos muestran que el consumo nocivo de alcohol en territorios amazónicos debe comprenderse desde tres ámbitos articulados. Primero, como una forma de violencia que atraviesa los cuerpos-territorios, vinculada a la desigualdad estructural, la exclusión, la falta de oportunidades y la normalización cultural del consumo, con impactos en la autoestima, los vínculos familiares y la capacidad de decisión. Segundo, como un problema de cuidados y salud integral comunitaria, pues las causas identificadas -soledad, frustración, carencias afectivas, conflictos de pareja y ausencia de apoyo emocional- evidencian la necesidad de respuestas que integren salud, acompañamiento psicosocial, sanación y prevención. Y, finalmente, como un desafío de cuidados en comunidad, ya que fortalecer la identidad, el autocuidado, las masculinidades no violentas y la corresponsabilidad afectiva permite reconstruir vínculos, sostener la vida comunitaria y proteger el territorio y sus formas de vida desde el enfoque de "una sola salud".
El consumo problemático de alcohol constituye un factor estructural que incide de manera directa en la reproducción de violencias de género, el debilitamiento del tejido social y la erosión de las capacidades comunitarias para la gobernanza del territorio. Estas dinámicas no solo vulneran derechos humanos fundamentales, sino que también afectan los procesos colectivos de toma de decisiones, la organización comunitaria y la gestión sostenible de los recursos de la biodiversidad, lo que configura un escenario de alta vulnerabilidad socioecológica.
Desde una perspectiva de conservación inclusiva, los hallazgos confirman que la efectividad de las estrategias de protección de la biodiversidad depende de las condiciones de bienestar, cohesión social y toma de decisiones inclusiva en las comunidades indígenas. La sobrecarga de cuidados que enfrentan las mujeres -junto con su exclusión de los espacios de liderazgo y planificación territorial, influenciada por el consumo problemático de alcohol- limita sus aportes a los procesos de gestión ambiental y su participación en los beneficios, pese a su rol central en la reproducción de la vida comunitaria y el sostenimiento de prácticas cotidianas de cuidado del territorio.
La experiencia piloto de formación de personas promotoras de salud integral comunitaria demuestra que el abordaje del consumo problemático de alcohol puede fortalecer capacidades locales, promover liderazgos colectivos y activar redes comunitarias de cuidado y prevención. Estos procesos contribuyen a recomponer el tejido social, reactivar espacios de diálogo y fortalecer mecanismos de acción colectiva, elementos clave para la gestión territorial y la protección de los ecosistemas.
Por otro lado, el estudio sostiene que la prevención de violencias, la redistribución de los cuidados y el fortalecimiento de la organización comunitaria no deben entenderse como acciones complementarias a la conservación, sino como componentes estructurales de cualquier estrategia orientada a la protección de la biodiversidad. En territorios atravesados por presiones extractivas, desigualdades históricas y limitaciones en el acceso a derechos, cuidar a quienes cuidan el territorio emerge como una de las formas más efectivas y éticamente necesarias de conservar la naturaleza, al tiempo que se promueven la justicia social, la autodeterminación comunitaria y la resiliencia socioecológica.
Por último, al tratarse de una problemática compleja y estructural, no puede abordarse desde una única dimensión, sino que requiere respuestas integrales y la colaboración de diversos actores, incluyendo instituciones públicas, ONG, profesionales de la salud y la propia comunidad. Se destaca la importancia de generar espacios de diálogo, formación y reflexión, así como el establecimiento de redes interinstitucionales para articular una respuesta integral basada en los cuidados de los cuerpos-territorios.
Las autoras declaran no tener ningún conflicto de interés financiero, académico ni personal que pueda haber influido en la realización del estudio.
1 Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Informe Planeta Vivo 2024: Un sistema en peligro (Gland, CH: WWF, 2024).
2 Omar Becerra y María de Jesús Méndez, "Gobernanza ambiental y derechos humanos: Construyendo un futuro sostenible y equitativo", Revista Binacional Brasil Argentina 15, n.° 1 (2025), https://doi.org/10.22481/rbba.v15i1.16904.
3 La pobreza multidimensional en Ecuador es un indicador que mide privaciones simultáneas en educación, trabajo, salud, seguridad social, vivienda y agua. Es decir, va más allá de los ingresos.
4 Ecuador Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres (ENVIGMU) (Quito: INEC, 2019), 7-8, https://n9.cl/b1ah.
5 Daniel La Parra y José María Tortosa, "Violencia estructural: Una ilustración del concepto", Documentación Social 131 (2003), https://n9.cl/b1pba.
6 Karla Meneses, María Victoria Cisneros y Milton Braganza, "Análisis socioeconómico del consumo excesivo de alcohol en Ecuador", Revista Ciencias de la Salud 17, n.° 2 (2019), https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/revsalud/a.7938; Milton Braganza, "Determinantes sociales y económicos del consumo de alcohol en Ecuador" (tesis de pregrado, Universidad de Las Américas, Ecuador, 2017), https://n9.cl/vvoxs.
7 En El Comercio, "604 personas mueren al año por exceso de licor en Ecuador", El Comercio, 14 de diciembre de 2015, https://n9.cl/4escjt.
8 OPS y Organización Mundial de la Salud (OMS), Informe de situación regional sobre el alcohol y la salud en las Américas (Washington, DC: OPS / OMS, 2015)
9 Ecuador Ministerio de Salud Pública (MSP), Situación de salud de los y las jóvenes indígenas en Ecuador: VIH y sida, y embarazo en adolescentes. Informe Ecuador (Quito: MSP, 2010), 41 y 65.
10 C. Llopis, M. Rodríguez e I. Hernández, "Relación entre el consumo abusivo de alcohol y la violencia ejercida por el hombre contra su pareja en la unidad de valoración integral de violencia de género (UVIVG) de Sevilla", Cuadernos de Medicina Forense 20, n.° 4 (2014), https://doi.org/10.4321/S1135-76062014000300002.
11 Laura Cogua y Luisa Malaver, "Feminismo indígena comunitario: De la teoría a la acción en las comunidades", Nueva Época 57 (2021): 61-3, https://doi.org/10.18041/0124-0013/nuevaepoca.57.2021.9105.
12 Silvia Castellanos, "Género y salud en la Amazonía ecuatoriana", Revista de Ciencias Sociales 34, n.° 54 (2025): 4, https://doi.org/10.61303/0718-3631.v34i54.294.
13 El número de entrevistas y grupos focales está detallado en la Tabla 1.
14 La convocatoria se dirigió principalmente a personas de las dirigencias comunitarias; no obstante, en algunas localidades también participaron integrantes de la comunidad.
15 En este trabajo se presentan los resultados del proceso diagnóstico y del proceso de formación de promotores. No obstante, también se realizaron el encuentro de saberes y la devolución del diagnóstico, procesos que permitieron consolidar la estrategia de acompañamiento y la posterior formación.
16 La noción de cuerpo-territorio de Lorena Cabnal, desde el feminismo comunitario territorial, vincula la defensa del cuerpo de las mujeres con la defensa del territorio-tierra, mostrando cómo ambos son espacios de violencia, despojo, memoria y resistencia política. Lorena Cabnal, Feminismos diversos: El feminismo comunitario (Madrid: Asociación para la Cooperación con el Sur [ACSUR]-Las Segovias, 2010).
17 El enfoque "Una sola salud" (One Health) reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal, vegetal y ambiental, y promueve respuestas integradas e intersectoriales ante riesgos sanitarios y socioecológicos. ONU Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) et al., One Health Joint Plan of Action (2022-2026): Working Together for the Health of Humans, Animals, Plants and the Environment (Roma: FAO / Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA] / OMS / Organización Mundial de Salud Animal [OMSA], 2022).
18 Término local que hace referencia a que el hombre es subordinado o controlado por una mujer.
19 OPS y OMS, Informe de situación regional.
20 Ecuador INEC, Censo Nacional del Ecuador (Quito: INEC, 2022)
21 Ibíd., 41.
22 Bertha Melo, "El impacto de la violencia de género en las comunidades indígenas: Desafíos y soluciones para garantizar el derecho de las mujeres indígenas a vivir una vida libre de violencia", Huella de la Palabra 18 (2025), https://doi.org/10.37646/huella.v18i18.629.
23 Ibíd., 159.
24 Ibíd.
25 Llopis, Rodríguez y Hernández, "Relación entre el consumo abusivo de alcohol".
26 Luis Berruecos, "Las bebidas indígenas fermentadas y los patrones de consumo de alcohol de los grupos étnicos", Et Cotidiano 22, n.° 146 (2007), https://n9.cl/f4y2d.
27 Adriana Pedroza et al., "Consumo de alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas de los adolescentes de un territorio indígena en la Amazonía colombiana", Revista Colombiana de Psiquiatría 49, n.° 4 (2020), https://doi.org/10.1016/j.rcp.2019.06.002.
28 Braganza, "Determinantes sociales y económicos".
29 Ángel Acuña, "El suicidio de Epaa, mujer huaorani de la Amazonía ecuatoriana", AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana 16, n.° 3 (2021), https://n9.cl/pg0w9.
30 Pedroza et al., "Consumo de alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas".
31 Ibíd.
Declaración de autoría Lorena Pérez Azúa, Mariana Duque Gualpa, Andrea Bravo Aguilar y María Inés Rivadeneira Herrera participaron en la conceptualización, investigación, redacción, revisión y edición del artículo.
Acuña, Ángel. “El suicidio de Epaa, mujer huaorani de la Amazonía ecuatoriana”. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana 16, n.º 3 (2021): 559-82. https://n9.cl/pg0w9.
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Pedroza, Adriana, Adriana Pulido, Adriana Ardila, Silvia Mora, Patricia González, Levinson Niño y César Piñeros. “Consumo de alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas de los adolescentes de un territorio indígena en la Amazonía colombiana”. Revista Colombiana de Psiquiatría 49, n.º 4 (2020): 246-54. https://doi.org/10.1016/j.rcp.2019.06.002.