Tema central


Andares: Revista de Derechos Humanos y de la Naturaleza n.° 9 (Enero - Junio 2026), 27-38. e-ISSN: 2953-6782


La bioética del transhumanismo o la bioideología neoliberal


The Bioethics of Transhumanism or Neoliberal Bioideology


DOI: https://doi.org/10.32719/29536782.2026.9.3


Recepción: 24/07/2025 - Revisión: 01/08/2025 - Aceptación: 06/10/2025 - Publicado: 05/01/2026




Xavier Brito Alvarado ORCID

Universidad Técnica de Ambato / Universidad de Málaga Quito, Ecuador lx.brito@uta.edu.ec


Ana María Sedeño Valdellós ORCID

Universidad de Málaga Málaga, España aldellos@uma.es

RESUMEN

Este ensayo analiza el impacto del transhumanismo y las biotecnologías en la configuración contemporánea de la vida humana. Se parte de la premisa de que, en el contexto del neoliberalismo, estos avances han dejado de ser únicamente procesos científicos para convertirse en instrumentos ideológicos y económicos que transforman los conceptos y las prácticas de la bioética, la política y la dignidad humana. El objetivo es examinar el transhumanismo desde una perspectiva crítica e histórica para identificar los riesgos bioéticos y biopolíticos de las biotecnologías en el contexto neoliberal. Se trata de un ensayo teórico y crítico basado en una cartografía bibliográfica interdisciplinaria (filosofía, sociología, bioética y estudios de ciencia y tecnología). La estrategia hermenéutica permite confrontar los postulados del transhumanismo con los riesgos bioéticos y políticos derivados de su aplicación en este contexto.

Palabras clave: bioética, transhumanismo, bioideología, biotecnologías


ABSTRACT

This essay analyzes the impact of transhumanism and biotechnologies on the contemporary configuration of human life. It starts from the premise that, in the context of neoliberalism, these advances have ceased to be solely scientific processes and have become ideological and economic instruments that transform the concepts and practices of bioethics, politics, and human dignity. The objective is to examine transhumanism from a critical and historical perspective in order to identify the bioethical and biopolitical risks of biotechnologies in the neoliberal context. This is a theoretical and critical essay based on an interdisciplinary bibliographic mapping (philosophy, sociology, bioethics, and science and technology studies), and the hermeneutic strategy allows us to confront the postulates of transhumanism with the bioethical and political risks derived from its application in this context.

Keywords: bioethics, transhumanism, bioideology, biotechnologies






Introducción


Bienvenidos a Gattaca. Bienvenidos a una sociedad donde una sola gota de tu sangre puede determinar a qué edad morirás, con quién deberías casarte o qué trabajo deberías desempeñar porque es el más apropiado para tu constitución genética. Una sociedad donde una persona no genéticamente mejorada tiene muy pocas posibilidades de triunfar, o donde un diseño erróneo puede marcarte para toda la vida.

Andrew Niccol, Gattaca

Vivimos tiempos de incertidumbre y falta de certeza. El relato del progreso de la ciencia y del conocimiento originados en la modernidad ha puesto en duda el proyecto humanista. Los rápidos avances científico-técnicos han causado una incapacidad de reflexión sobre su injerencia en el cuerpo y la psiquis. La visión darwiniana del Homo sapiens como cúspide de la evolución humana está en duda; todo parece indicar que estamos en camino al "Homo silicium", una forma de vida que no solo sería nuestro futuro en el planeta, sino un paso para la colonización de otros planetas, el sueño de la ciencia y de la ficción. En este sentido, conceptos como transhumanismo, poshumanismo e inteligencia artificial cada día reconfiguran nuestra cotidianidad, y empujan a buscar nuevos horizontes epistemológicos para entender la relación humano-máquina.

Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci (1490), fue quizás la primera obra en plasmar la figura idealizada del cuerpo humano perfecto, una simetría anatómica que hoy buscan las biotecnologías. El relato científico de la modificación corporal dejó los relatos de ficción para situarse en una realidad que provoca una aceleración evolutiva, pero no biológica, sino tecnológica, que ha dado como resultado lo que Paula Sibilia ha llamado "el hombre posorgánico", un ser cuyas características es poseer un cuerpo permeable, proyecta-ble y programable genéticamente. 2 Para Herminio Martins, la era de la tecnociencia tiene como objetivo central superar la condición humana con el fin de encontrar un ser ideal, aséptico, artificial, virtual e inmortal. 3

La irrupción de la genética, la nanotecnología y la microelectrónica crean escenarios donde la capacidad de reflexión humana se ve limitada, de modo que no logra dilucidar las consecuencias de la reproducción artificial de la vida. Esta situación provoca el aparecimiento de temores sobre la dirección que están tomando las biotecnologías, un tema que no es nuevo; ya lo habían anunciado en la literatura Goethe, con Fausto (1790), y Mary Shelley, con Frankenstein (1818).

Thomas Kuhn sostiene que los avances científicos implican un elemento rupturista de los contextos históricos en que se originan. 4 En el caso de la revolución de las biotecnologías, muchas se pueden ubicar en el ámbito de la ficción, lo que dio lugar a una serie de narrativas utópicas y distópicas que han abierto el debate acerca de las posibles consecuencias sobre la vida. Cualquier perspectiva sobre el futuro de la humanidad se ve matizada por la realidad de que lo biológico y lo tecnológico se fusionan en un nuevo ser humano, de manera que los avances científicos se colocan en una línea tenue con respecto a la ética.

Como ha sostenido Martins, la superación de las ideas reduccionistas de la ciencia y la tecnología posibilita abrir las reflexiones y los análisis críticos sobre los discursos ideológicos de quienes promueven, producen, financian y controlan la experimentación tecnológica. 5 Esta visión evoca una postura fáustica cuyo fin es superar la condición humana. No cabe duda de que los nuevos avances biotecnológicos han transformado de manera significativa a la humanidad, lo que lleva a preguntarse: ¿cuál es el ser humano que se proyecta para mañana?

La filosofía de Martin Heidegger marcó un punto de inflexión en el humanismo, al cuestionar la noción de "sujeto" como fundamento último. Heidegger mostró que el ser humano es un ser-en-el-mundo atravesado por la finitud y la técnica, y no un ente absoluto, lo que crea una tensión con el transhumanismo, que busca superar la condición humana. 6

Otra crítica a las ideas transhumanistas proviene de Claude Lévi-Strauss, quien, desde el estructuralismo, continuó erosionando la confianza en el humanismo clásico. Al situar al ser humano como un elemento más dentro de los sistemas simbólicos y culturales, desmontó la idea del individuo soberano. 7 El transhumanismo puede pensarse como una estructura ideológica en la que el discurso de la ciencia y la tecnología funciona como un sistema que ordena, clasifica y define lo humano y lo que puede llegar a ser, con lo que sitúa al sujeto en un conjunto de códigos genéticos y algoritmos tecnológicos.

Michel Foucault, desde el posestructuralismo, llevó más allá esta crítica, al declarar la "muerte del hombre" como categoría epistemológica, lo que conlleva la conversión de la vida en objeto de poder y control y la inauguración de la era de la biopolítica, clave para entender las dinámicas de control de las biotecnologías. Jean-François Lyotard, desde la perspectiva posmoderna, proclamó la crisis de los grandes relatos, incluido el humanismo. 8 La fragmentación y la incredulidad frente a los metarrelatos dieron paso a múltiples narrativas que hoy encontramos en la utopía transhumanista, como la promesa de la inmortalidad, las sociedades perfectas o la fusión definitiva con la máquina. No obstante, es importante tener en cuenta que todo esto podría dar lugar a procesos de poder y exclusión social.

Desde esta perspectiva filosófica, el debate actual sobre el transhumanismo puede entenderse como el último capítulo del ocaso del humanismo. Lo que está en juego no es solo la definición de lo humano, sino la posibilidad de que la vida quede absorbida por estructuras tecnocientíficas que reducen al ser a la categoría de recurso biopolítico y económico. Dentro de estas miradas también se alza el proyecto filosófico propuesto por Éric Sadin, que implica un ejercicio reflexivo y crítico -desde lo ontológico, lo ético y lo epistémico- sobre esta nueva era tecnológica, presentada como la gran utopía del "mundo perfecto", pero en cierto modo desbocado e inseguro, un espacio donde se erigen los nuevos totalitarismos tecnológicos, que dejan a los sujetos en una situación de fragilidad. 9

Las posiciones a favor o en contra del uso de las biotecnologías parecen ubicarse dentro de la esfera del "tecnorromanticismo" que se forma a partir de un entretejido tecnófilo, de idealismo, de los temores y la nostalgia por una sociedad tecno-logizada que nos presenta un nuevo ethos para la humanidad: una utopía en que las biotecnologías ayudarán a construir sociedades justas y solidarias; y la distopía oscura de un futuro aterrador en que la civilización está dominada por tiranos tecnológicos. De esta forma, el transhumanismo y el poshumanismo conducirían al ser humano a un asunto técnico antes que biológico y psicológico, lo que cambiaría el nivel ontológico, social y del ecosistema humano que Sadin llama "mundo posantropocéntrico". 10

Para Nick Bostrom, después de la publicación del Origen de las especies (1859) de Charles Darwin, cada vez se hizo más real y cercano el hecho de que la evolución natural no es el punto final de la humanidad, sino que esta puede pueda ser cambiada por la tecnología. 11 "La promesa de Silicon Valley de '¡Innovar o morir!' pasó a '¡Mejorar o morir!', un eslogan seductor para millones de personas, donde las biotecnologías, la cibernética y la ética enfrentan nuevos desafíos", 12 que deben ser abordados por fuera de las posiciones radicales a favor o en contra.


Notas sobre el transhumanismo


El transhumanismo no es un concepto nuevo, pero se ha convertido en una moda académica aupada por una serie de discursos mediáticos propios del New Age: el agnosticismo fusionado con la física cuántica, la medicina paracelsista, la criogenia y la teosofía, que han difundido ideas, muchas de ellas fantasiosas, tergiversando su sentido epistémico, social y tecnológico.

El transhumanismo es una filosofía de moda, la utopía del momento. Algunos llegan a considerarla como la cosmovisión de la época posmoderna, dominada por el culto a la técnica; el único gran relato posible tras el descrédito en el que han caído todos los demás. 13

Considerar el transhumanismo como algo nuevo es engañoso. Desde la Grecia clásica se pensaba que el cuerpo era una especie de depósito de la mente; sin embargo, no fue hasta la modernidad cuando este discurso cobró fuerza. La novela La nueva Atlántida, de Francis Bacon, aludía en el siglo XVII a una búsqueda para la prolongación de la vida mediante "baños de plantas", lo que dio origen a una larga tradición filosófica que planteaba que el ser humano es un animal enfermo y que debía encontrar una solución a esta vida "miserable". 14

El transhumanismo como concepto apareció en 1926 cuando el biólogo John Haldane empezó a promover la necesidad de mejorar biomédicamente las condiciones biológicas del ser humano, para controlar los procesos evolutivos de la humanidad. 15

El biólogo y eugenista británico Julian Huxley defendía una nueva creencia destinada a superar las condiciones biológicas de los humanos. 16 El objetivo de sus reflexiones era orientar la creación de un humanismo científico similar a una religión secular y evolutiva. El humanismo científico de Huxley se enfocaba en un sentido práctico basado en la moral de Francis Galton sobre la eugenesia, que buscaba dar una solución a la degradación biológica que sufría la sociedad aristocrática vic-toriana. 17 Galton promovía una política de carácter religioso y deontológico de la eugenesia; defendía su normalización y práctica para facilitar los nacimientos de sujetos más aptos y capacitados para recuperar la hegemonía internacional del Imperio británico. En sus reflexiones, Huxley intentó justificar la eugenesia como una forma humanística y científica necesaria para purificar la mente y el cuerpo tanto a nivel individual como social.

Otro de los precursores del transhumanismo fue el jesuíta y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin, quien incluyó variables tecnológicas para el mejoramiento humano; sin embargo, confiaba en la trascendencia de Dios como máxima expresión de vida. 18 Para Teilhard de Chardin, los avances científicos estaban dando lugar a la creación de una superhumanidad en que los saberes y las tecnologías se integraban y unificaban con el fin de crear personas éticas y biológicamente superiores.

Las principales claves para acceder a dicho objetivo se identifican en la ciencia y la tecnología, en todas sus variables, como marcos existentes, emergentes y especulativos, desde la medicina regenerativa hasta la nanotecnología, la extensión radical de la vida, la transferencia mental, la criogenia, entre otros campos. 19

En sus trabajos artísticos y filosóficos, el futurista iraní estadounidense Fereidoun M. Esfandiary utilizó el término transhuman para describir a una persona "que, gracias a su uso de la tecnología, valores culturales y estilo de vida, es un eslabón de la era poshumana". 20 Esfandiary incluso cambió su nombre a FM-2030 con la idea de

borrar su registro humano, codificado en su nombre de familia (apellido), en el cual se guardaba su pasado humano, y cambiarlo por la cifra 2030, cuando cumpliría 100 años [...]. FM-2030, más que un nombre, funcionaba como indicador de la esperanza en la inmortalidad; él estaba convencido de que en 2030 ya estaría lista la criogenia. 21

Otro trabajo germinal del transhumanismo fue el del filósofo Ihab Hassan, quien afirmaba que la humanidad debía buscar nuevas formas de evolución motivadas por dos aspectos: la imaginación y la ciencia. 22 La interpretación del transhumanismo de Hassan se inspiraba en la crítica posmoderna al ideal humanista, iniciada por Michel Foucault, Jacques Derrida y Gilles Deleuze, quienes pretendían superar la noción de sujeto como categoría filosófica. Por ello, el transhumanismo tiene sus raíces en otros pensamientos: el espejismo, el eco-logismo radical y el tecnofeminismo. Este último desprecia la diferencia sexual y aspira a superarla con la tecnología. 23

En su sentido más amplio, el transhumanismo es un movimiento intelectual que desafía los límites naturales de la biología y la anatomía humanas, y propone superarlos mediante las biotecnologías.

Sus partidarios a menudo se asocian con movimientos futuristas como la transferencia mental y la criogenia. Sin embargo, se diferencia de estos movimientos al centrarse en el presente, utilizando la ingeniería genética, la nanotecnología, la informática y la neurología como pilares fundamentales. Así, se presenta como un paso evolutivo hacia un estado posbiológico en el que biología y tecnología se fusionan en un cuerpo híbrido que abre la puerta a una serie de disputas biopolíticas, económicas y culturales. El cuerpo se convierte en un objeto de experimentación radical que puede despojar al ser humano de su capacidad ontológica.

Este pensamiento se articula en tres postulados: 1. la humanidad en su forma "natural" es obsoleta y debe ser mejorada mediante la biotecnología, para desencadenar una evolución no biológica; 2. la fusión entre el ser humano y la máquina debe ir más allá de una interfaz, buscando una integración continua, lo que implica que la tecnología se convierte tanto en un factor de hominización como en una forma de deshumanización; y 3. la creación de una ideología transhumanista que trascienda otras ideologías tradicionales, con el objetivo de articular una nueva visión de la humanidad y avanzar hacia una especie poshumana.

Frente a este panorama de incertidumbre se alza el riesgo de una ideología neoliberal radical y neocapitalista que, al negar las condiciones naturales de la humanidad, busca mercantilizar la vida en beneficio propio mediante las biotecnologías. "Esa forma inhumana y deshumanizante de falso progreso científico-tecnológico conllevaría el advenimiento de una sociedad poshumana terriblemente desigual, alienante e injusta". 24

El transhumanismo no reflexiona sobre lo que es el ser humano, sino sobre lo que quiere y podría llegar ser; el transhumanismo es el inicio, el tránsito hasta llegar al poshumanismo.

Esta situación ha conducido a una serie de dilemas éticos. Rosi Braidotti argumenta que los cambios biotecnológicos pueden implicar una nueva especie humana, mediada por biotecnologías que diseñan no solo sujetos, sino también sociedades altamente complejas que entrarían en conflicto con otras que no han alcanzado este desarrollo. 25 Esta situación tiende a agravarse por las imposiciones del capitalismo avanzado y sus tecnologías biogenéticas. Gregory Stock 26 y Allen Buchanan, 27 entre otros, han debatido sobre el transhumanismo desde la perspectiva del mejoramiento humano, "[p]ero en ningún caso afirman que entre los objetivos del poshumanismo se encuentre alcanzar la inmortalidad". 28

Para Sadin, el debate transhumanista inaugura la era antropomórfica de la técnica, que se divide en tres escenarios: 1. el antropomorfismo aumentado o radical procura que las capacidades cognitivas funcionen como mecanismos cerebrales para ser más rápidos, eficaces y fiables; 2. el antropomorfismo parcelario establece que la tecnología debe garantizar las tareas para suplir las necesidades humanas; y 3. el antropomorfismo emprendedor propone que las acciones humanas se enfoquen en la automatización de la humanidad. 29

El transhumanismo, de esta manera, se convierte en una postura científica y filosófica que argumenta que la condición humana puede y debe ser potenciada y mejorada por las biotecnologías. Este pensamiento se ha convertido en un continuador del humanismo secular e ilustrado que coloca a la razón y el progreso como los fundamentos principales de la humanidad. Max More y Natasha Vita-More, dos de los defensores más importantes del transhumanismo, aseveran que este concepto no acepta limitaciones humanas como la muerte y las enfermedades, y explora alternativas para mitigar las fragilidades bilógicas de la humanidad. 30

Mark O'Connell lo conceptualiza como un movimiento que tiende a la liberación humana con respecto a la naturaleza, que debe ser transformada empezando por el genoma humano, con el fin de garantizar una mejor calidad de vida y el máximo desarrollo tecnológico. 31 Andy Clark ha señalado que el ser humano es capaz de incorporar una serie de prótesis para mejorar sus condiciones de vida. 32 Para el autor, las prótesis no solo se aplican a las capacidades corporales, motrices y perceptivas, sino que se expanden hacia las capacidades cognitivas y emocionales. Esto convierte al cuerpo en un lugar para aumentar la capacidad productiva, pero también abre la posibilidad de disputas biopolíticas, económicas y culturales que convierten al sujeto en un objeto de experimentación radical a favor de las empresas biotecnológicas, despojándolo de su capacidad ontológica, algo que no es nuevo, sino una práctica recurrente en la historia de la humanidad.

El pensamiento transhumanista se basa en tres postulados. En primer lugar, el ser humano en su sentido natural es obsoleto y debe ser mejorado por la biotecnología, lo que desencadena en una evolución no biológica como prolongación artificial de la hominización, y convierte al cuerpo en un juego biopolítico como "umbral de modernidad biológica", una especie de juego de estrategias políticas; "el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente". 33

Segundo, la fusión humano-máquina debe ir más allá de la interfaz, hasta encontrar una figura híbrida permanente que funcione de manera constante. Según Ray Kurzweil, esta posición implica que el ser humano debe convertirse en parte integral de la máquina para que funcione como un software constantemente reprogramado. 34 "Se trata de la culminación del fetichismo maquinista del movimiento cibernético nacido después de la Segunda Guerra Mundial, tal y como fue encarnado por Norbert Wiener y muchos otros matemáticos y filósofos". 35 De este modo, la tecnología se convierte en el factor de hominización, pero también en la principal forma de deshumanización.

El último postulado implica la creación de una matriz ideológica subyacente a otras ideologías (liberalismo, socialismo, conservadurismo, etc.), que articule las reflexiones sobre una nueva humanidad. La ideología transhumanista promueve nuevos valores basándose en la idea que se trata de un tránsito hacia una especie poshumana.

El transhumanismo implica un "intento de transformar sustancialmente a los seres humanos mediante la aplicación directa de la tecnología". 36 Este concepto posee modelos y criterios entre los que destacan: 1. el tecnocientífico o cibernético, la inteligencia artificial, la ingeniería del software y la robótica, que buscan una hibridación humano-máquina; y 2. el transhumanismo biológico, que pretende llevar a la humanidad a su más alto grado de evolución, y por ello defiende el biomejoramiento basado en la medicina, la farmacológica y la genética.

Sin embargo, en el transhumanismo hay diversas corrientes de pensamiento. Por un lado está la corriente libertaria y democrática, propuesta por Nick Bostrom, Anders Sandberg y Kathryn Aegis, quienes argumentan que un acceso igualitario a las mejoras biotecnológicas no puede estar limitado por las condiciones sociopolíticas. Afirman que la tecnociencia enfocada en lo "poshumano" necesita de lugares para su discusión racional y lógica, la cual debe ser lo más colectiva posible para que las decisiones sean lo más consensuadas posibles, con el fin de evitar cualquier posibilidad de catástrofes biotecnológicas. Apelan a los valores inscritos en el liberalismo: libertad de expresión, Estado de derecho y oposición al autoritarismo.

En segundo lugar, el extropianismo se presenta como un progreso perpetuo, una autotransformación, un optimismo práctico y una tecnología inteligente, destinados a una sociedad abierta y democrática. El concepto de extropía fue acuñado por Max More y T. O. Morrow para diferenciarlo del de entropía y formalizar sus objetivos: 1. la expansión de la vida humana; 2. la colonización espacial; 3. el control sobre la naturaleza; y 4. la convicción de que las transformaciones tecnológicas conducirán a un orden social determinado por la inteligencia. Estos principios conducirían a "apoyar procesos de coordinación social descentralizados y voluntaristas" y a "fomentar la tolerancia, la diversidad, la previsión, la responsabilidad personal y la libertad individual". 37

Por último, el transhumanismo fascista es una contraposición al transhumanismo democrático radical. James Hughes advierte sobre la posibilidad de unir los postulados tecnocientíficos y la idea del "superhombre", lo que facilita el discurso de supremacía racial y económica de grupos que reivindican la selección electiva de los humanos. 38

Para Bostrom, la premisa inicial del transhumanismo es que el ser humano es una especie inacabada; el transhumanismo abre posibilidades para mejorar sus deficiencias y "reconoce y anticipa las alteraciones radicales en las condiciones de nuestra existencia como resultado de varias ciencias y tecnologías como la neurociencia y la neurofar-macología, la nanotecnología, la ultrainteligencia artificial, los hábitats espaciales, entre otras". 39


El difuso concepto de bioética


El siglo XXI es el de la biotecnología, como lo ha denominado Jeremy Rifkin: una revolución que no se inspira en discursos futuristas ni de ficción, sino que implica el presente, donde el conocimiento se instaura dentro de una "matriz operativa" que desde la década de los 50 no ha dejado de ofrecer soluciones a los males que aquejan a la humanidad, pero que también ha abierto las puertas a una serie de interrogantes y miedos sobre los fines de las biotecnologías. 40 La ciencia y todos sus artilugios han creado una serie de imaginarios sobre los miedos y las fantasías que han "colonizado" muchos de los debates sociales perpetuados gracias a las industrias culturales y sus relatos, anclados en un misticismo terrorífico sobre el fin de la humanidad.

Uno de los debates sobre la bioética parte de la premisa de Foucault según la cual, en el siglo XIX, el poder sobre el ser humano condujo a un posicionamiento sobre la vida y la muerte que permitió la instalación de un régimen de soberanía vinculado a la posibilidad de "hacer morir" o "dejar vivir". Hoy, el paradigma de "hacer vivir" y "dejar morir" se ha consolidado como eje de los debates bioéticos.

En este contexto, los entornos biotecnológicos hacen necesaria la novedosa teorización sobre la bioética propuesta por Van Rensselaer Potter, para no quedarse solo en un debate sobre la vida y la muerte, sino para, además, profundizar en las consecuencias políticas y económicas de las biotecnologías que han superado las narrativas de ficción. 41 En este sentido, es más acertado considerar a la bioética como "el estudio sistemático e interdisciplinario de las cuestiones morales, teóricas y prácticas de las ciencias de la vida y de las relaciones de la humanidad". 42

Los principios de la bioética elaborados por Tom Beauchamp y James Childress se engloban bajo la teoría del principalismo: autonomía, beneficencia, maleficencia y justicia, que tienden a difuminarse en el contexto neoliberal por los intereses de las corporaciones biotecnológicas, que consideran a los sujetos como "portadores de códigos genéticos". 43 La bioética ha sido reemplazada por una nueva biopolítica que cobra fuerza al destacar la formación de nuevos circuitos de bioeconomía y de una capitalización de las ciencias biológicas que convierte a los sujetos en portadores de material genético. La vida se convierte así en un objeto de deseo investigativo -de manera particular- de las corporaciones biotecnológicas, formando el fenómeno político-económico llamado biocapi-talismo, que redefine la biopolítica y la bioética de la siguiente manera:

La posibilidad de "manipular más variables y parámetros de la sociedad civil", la tendencia [...] hacia una pérdida de la autoridad estatal porque quedaron menos "bases no políticas -y, por consiguiente, incuestionables e incontrovertibles- de acción de las que puedan derivarse axiomas metapolíticos (en el sentido de lo 'natural' o de lo 'dado') de la política". 44

Como ha sostenido Martins, la superación de las ideas reduccionistas de la ciencia y la tecnología abrió las puertas a reflexiones y análisis críticos que las relacionaban con los discursos ideológicos de quienes promueven, producen, financian y controlan la experimentación tecnológica. 45 Esta visión evoca una postura fáustica cuyo fin es superar la condición humana. No cabe duda de que los nuevos avances tecnológicos han transformado de manera significativa a la humanidad, lo que lleva a preguntarse: ¿cuál es el ser humano que se proyecta para mañana? Los ideales promovidos por el discurso transhumanista tiene el respaldo de corporaciones como Google, a través de 23andMe, dedicada al estudio del genoma humano; Calico, que investiga modos de combatir el envejecimiento, y Calera Genomics, dedicada al estudio del genoma humano; y -la más famosa- Neuralink, que desarrolla interfaces cerebro-computadora, con el objetivo de crear dispositivos que permitan a las personas interactuar con computadoras y dispositivos móviles a través de sus pensamientos.


Bioideologías


Hannah Arendt sostenía que el hombre del siglo XX había alcanzado la emancipación respecto a la naturaleza del mismo modo que lo había hecho respecto a la historia en el siglo XVIII. 46 El pensamiento de Arendt formaba parte de una larga tradición filosófica de la modernidad, que había empezado con la doctrina de la "tabla rasa" de John Locke (1689), el "buen salvaje" de Jean-Jacques Rousseau (1755), el "hombre máquina" de René Descartes (1747) y el "terreno constructivista" de Thomas Hobbes (1651). Todos estos pensamientos colocaron al ser humano en el centro de un paradigma científico-físicalista.

Para los biólogos, los procesos de "evolución" requieren de "mutaciones" necesarias para "sobrevivir" y "adaptarse" a un nuevo "ambiente"; hoy estas "mutaciones" no son naturales, sino que están marcadas por las biotecnologías. Como ha reflexionado Barbara Stiegler, el presente y futuro de la humanidad son inestables, complejos e inciertos. 47 Los fundamentos de la ciencia en los inicios de la modernidad no han desaparecido, pero hoy tienen tres nuevos "herederos": la macrociencia, la nanociencia y las biotecnologías han configurado un nuevo recorrido para la humanidad. "La revolución tecnocientífica no solo ha cambiado las ciencias y las tecnologías. Además, ha contribuido a generar un gran cambio económico y social". 48

Jürgen Habermas argumenta que las biociencias están motivadas por los intereses del mercado capitalista biotecnológico. 49 Por ejemplo, la investigación con células madre desencadena una selección de embriones que plantea un dilema ético sobre la legitimidad de poder disponer de una futura vida humana.

El problema no radica en la intervención genética y sus beneficios, sino en la voluntad de dominio sobre la vida que se inserta en las dinámicas del mercado neoliberal, y que determina las regulaciones sobre el uso de las biotecnologías. Bajo estas ideas, muchos de los postulados transhumanistas asoman como "verdades" tecnocientíficas que no pueden ser refutadas, pero en el fondo construyen una ideología que intenta minimizar o eliminar decisiones sobre la condición humana en favor de las corporaciones, asumiendo al ser humano como un objeto de investigación.

La adopción de teorías biológicas por parte de la política moderna -y, como sostenía Foucault, la presión de la "biohistoria"- ha creado "la era de un biopoder". Este cambio de paradigma tuvo un punto inflexible con el nacionalsocialismo, que descartó la filosofía cartesiana y hobbesiana y se enfocó en la biología; en este sentido, "la experiencia nazi representa la culminación de la biopolítica". 50

Arendt sostenía que las ideologías totalitarias no buscaban transformar la sociedad, sino la naturaleza del hombre. Del mismo modo, las bioideologías persiguen "el poder de algunos hombres para hacer con otros hombres lo que les place". 51 La irrupción masiva del pensamiento político biologicista después de la experiencia nacionalsocialista tuvo lugar con la revolución exacerbadamente biologicista y romántica de mayo de 1968, que coincidió con el baby-boom y el aumento de las masas de jóvenes receptivos a las nuevas ideas, entre ellas la zooideología de la liberación sexual, que al mismo tiempo rompió los lazos humanos primarios y fomentó el individualismo.

De acuerdo con Klaus Schwab, asistimos a la revolución biotecnológica neocapitalista, que parte de las ganancias financieras con el fin de obtener un poder global matizado por las tecnologías físicas, biológicas y digitales, que dan origen a una bioideología apalancada en tres ámbitos: 1. el control de la población para que sea más productiva y eficiente, regulando los nacimientos y las muertes; 2. el control del individuo en sus dimensiones corporales y psíquicas; y 3. la creación de nuevas formas de vida, incluidas las artificiales. 52 De esta forma, los derechos humanos se ubican desde un sentido biopolítico en "individuos definidos exclusivamente por su condición de seres vivientes". 53

Así, se pretende transformar la sociedad bajo un determinismo genético que despliega sus políticas mediante la reivindicación de derechos, la propaganda, las biotecnologías y la ingeniería genética, matizadas por la revolución digital.

Las bioideologías deben más a la reelaboración-superación-abandono del marxismo clásico por la Escuela de Frankfurt, a Gramsci -cuya importancia suele empero sobrevalorarse- y al multiculturalismo, que abandonan la lucha política en torno a la economía llevándola al plano de la cultura. Le interesa más la modificación de la conciencia a través de la cultura que el cambio propiamente dicho de las estructuras. En realidad, se siente muy a gusto en el hiper-capitalismo, que facilita su objetivo de liquidar toda clase de normas. 54

El constante desarrollo de las biotecnologías conlleva el riesgo de una ideología neoliberal radical que reniegue de la condición natural de las personas y, con ello, una mercantilización de la vida humana para el beneficio económico de quien controle la investigación biotecnológica. En el contexto actual de los avances biotecnológicos, comienza a consolidarse una forma de explotación de seres humanos: la creación de cuerpos destinados a ser usados y tirados como cualquier mercancía sin valor, socialmente marginados pero con un exceso de material genético.

La revolución biotecnológica capitalista que vivimos tiene una fase totalitaria que se manifiesta mediante una serie de capacidades para reducir y transformar la naturaleza humana más allá de las condiciones biológicas o anatómicas, llegando incluso a la conciencia. Este poder del capitalismo tecnológico ha demostrado su capacidad para condicionar las formas de vida biológicas y psicológicas, pero su objetivo es continuar un largo proceso histórico destinado a cuantificar y cualificar la vida humana, para lo cual despliega políticas y tecnologías que conforman un nuevo discurso en torno a las bioideologías y se expresa contra la dignidad de las personas, porque actúan de acuerdo con los intereses mercantilistas de las empresas biotecnológicas.

La ideología neoliberal radical del neocapitalismo convierte a los sujetos en productos de mercantilización, los reduce incluso al nivel de manufacturas. Estos procesos crean un escenario de globalización y gobernanza mundial que lleva a nuevas prácticas biopolíticas de gestión y gobierno de la vida.

Albert Cortina y Miquel-Àngel Serra aseveran que las biotecnologías pueden crear una clara superioridad biológica entre los humanos; al negar las condiciones naturales, se busca mercantilizarla en beneficio de pocos, a partir del individualismo reduccionista y materialista. "Esa forma inhumana y deshumanizante de falso progreso científico-tecnológico [...] conllevaría el advenimiento de una sociedad poshumana terriblemente desigual, alienante e injusta". 55

La bioideología ha creado un nuevo gobierno de la vida mediante prácticas biopolíticas de gestión muy alejadas de las que Foucault planteó en el siglo XX: ahora se centra en el control individual de la genética. "[S]i antes el objetivo principal era controlar a los locos, los jóvenes, las mujeres, los nómadas y los anormales, en tiempos recientes este consiste, en cambio, en capturar lo inhumano, lo inorgánico, lo inerte, y en breve, los llamados elementos naturales". 56

La bioideología, en este caso, pretende aliviar y eliminar múltiples problemas de salud física o genética para ayudar al ser humano. En primera instancia, parece una forma de mejorar la calidad de vida de la población; sin embargo, hay muchas preguntas sin respuestas sobre sus bondades: por ejemplo, si estas prácticas se destinarán a la población necesitada o se concentrarán en unos pocos beneficiarios con posibilidades económicas, lo que abrirá una brecha de exclusión social.

Existen debates sociales sobre el desarrollo de la bioideología que van más allá del acceso a sus beneficios y se extienden a sus consecuencias, entre las que sobresalen las inteligencias sintéticas y las formas de convivencia con la humanidad. James Lovelock argumenta que esto abre una nueva era, el Novaceno, en la que humanos y máquinas coexistirán incluso para asegurar la supervivencia mutua. 57

Para la visión transhumanista, los hombres del futuro decidirán convertirse en las células de un organismo mayor, un cerebro planetario, una especie de nube virtual a la que ya no nos conectaremos a través de artilugios tecnológicos, pues cada ser poshumano será en sí mismo un híbrido, una especie de cíborg con telepatía mediante la conexión a ese cerebro colectivo o mente en colmena. 58

Las crisis políticas, económicas, energéticas y medioambientales, entre otras, abonan un terreno fértil para crear un imaginario del apocalipsis que justifique los avances biotecnológicos. Nikolas Rose ha señalado cómo este imaginario ha creado la idea de que la humanidad debe mejorar su futuro mediante la modificación genética y depositando su esperanza en el desarrollo farmacológico. 59 Inaugurando una gubernamentalidad genómica enfocada en la regulación y vigilancia de la genética tecnológicamente asistida, para Sarah Franklin, Celis Lury y Jackie Stacey, los genomas de plantas, animales y humanos -cuyas fronteras había asegurado en el pasado la historia natural- hoy se reaniman como formas de capital corporativo. 60

Según Mary Midgley, esta nueva ideología conlleva una reinterpretación de la bioética tradicional, así como de los derechos humanos y de la naturaleza, que se presentan como algo maleable y sin límites a favor de las investigaciones y de los intereses empresariales. 61

Esta situación ya fue advertida por Bruno Latour, para quien la humanidad está abocada a formar sociedades entre "agentes humanos y no humanos", creando formas de conexiones fluidas que en un determinado momento podrían hacer desaparecer las fronteras entre estos dos "especies", lo que ocasionaría un caos no solo social, sino biológico y genético, pues lo fragmentaría todo. 62

Esto es el resultado de la unión entre el Estado y la corporación privada, que ha dado paso a un superpoder en que la vida queda marginada a un plano de laboratorio; aparece una forma política de "apartheid genético" que limita los derechos humanos, dado que los intereses corporativos prevalecen sobre cualquiera de ellos. Los sujetos inmersos en esta ideología no son actores sociales sino estadísticas, seres manipulados en nombre de la ciencia y la tecnología.

Este nuevo apartheid genético conduce a un totalitarismo que no se ancla en la violencia para doblegar al sujeto, sino que apela a la forma de control silencioso de los deseos, las emociones y los sentimientos, mediante la aplicación de acciones y tecnologías digitales que penetran la vida. Estas acciones solo se pueden llevar a cabo si los sujetos ofrecen su voluntad y permiten que se fragmente su existencia. Para concretar esta política deben eliminarse las instituciones que ejercen de intermediadoras entre sujetos y Estados, como la familia, la educación e incluso la dignidad profesional. Se intenta despojar a los sujetos de su protección ante el totalitarismo corporativo.

Como ya se expresó, según Schwab, la bioideología abarca tres ámbitos, que se desarrollan de esta forma:

1. Control de la población: Hay que gestionarla para que sea más productiva, eficiente y sumisa, de modo que los sujetos no opongan resistencia a las tareas asignadas. En el fondo abarca el control de la natalidad y mortalidad no solo a partir de la aplicación de políticas, sino también mediante la aplicación de procesos biológicos.

2. Control del individuo a nivel corporal y psicológico: En este grupo se sitúan las siguientes bioideologías:

  1. El ecologismo antihumanista, que considera a la humanidad un problema, dado que coloca al ser humano como un depredador al que hay que eliminar.

  2. La ideología de género, que pretende cuestionar el concepto de una naturaleza humana.

  3. La ideología de la salud, que se ubica dentro de los discursos eugenésicos de sacrificar vidas nacientes y terminales a favor de una "calidad de vida".

  4. El transhumanismo y el poshumanismo, que buscan construir otra especie biológica con facultades superiores.

3. Control de la vida misma, en el que la tecnocracia gestiona los procesos biológicos y psicológicos de la especie humana. 63

Hay que asumir las bioideologías desde el poder político de los Estados, que históricamente han intentado controlar cuantitativa y cualitativamente a la población. Lo novedoso es que hoy en día este poder se comparte con empresas privadas, incluidas las armamentísticas. Hay que recordar que las bioideologías asumen un papel hasta cierto punto ocultas, tras acontecimientos que han sido abordados desde otros enfoques, como la geopolítica y la economía. Ejemplos de ello son la utilización de la esterilización forzada y la eugenesia en las primeras décadas del siglo XX en los países escandinavos; el control de la población de discapacitados, negros y homosexuales en Estados Unidos; y la política del hijo único en China, que ha provocado el feminicidio (aborto selectivo de niñas) y alterado el equilibrio poblacional entre hombres y mujeres. No han sido solo los nazis quienes han aplicado políticas de exterminio en nombre de mejorar la raza. Esta práctica ha sido común a lo largo de la historia de la humanidad.




Conclusiones


El análisis del transhumanismo y su relación con las biotecnologías muestra que nos encontramos ante una encrucijada histórica: el ser humano, al expandir sus fronteras biológicas gracias a la tecnociencia, se enfrenta a dilemas éticos sin precedentes que redefinen lo que significa "ser humano" La transición hacia un horizonte poshumano no es solo un proceso técnico, sino un fenómeno profundamente cultural, político y económico que pone en riesgo la dignidad y la equidad social.

En primer lugar, este ensayo permite concluir que las biotecnologías no son neutrales, sino que se inscriben en matrices de poder. El auge del biocapitalismo y de las bioideologías neoliberales orienta la investigación hacia la mercantilización de la vida, anteponiendo los intereses corporativos al bienestar colectivo. Este desplazamiento plantea la amenaza de un "apartheid biológico", en el que los avances en biomejoramiento se conviertan en un privilegio de las élites económicas, lo que aumentaría de manera exponencial las brechas sociales y políticas. Se evidencia que la bioética debe recuperar su rol crítico frente a la lógica del mercado. Ya no basta con discutir sobre la vida y la muerte en abstracto: es imprescindible abordar la forma en que las biotecnologías configuran nuevas formas de desigualdad, control social y vulneración de derechos.

La bioética, en este sentido, debe concebirse como una disciplina interdisciplinaria, capaz de confrontar los discursos de poder y de construir horizontes normativos que defiendan la dignidad humana en contextos de acelerada innovación tecnológica.

Otro aspecto a resaltar es la necesidad de desmitificar el relato transhumanista. La narrativa de superación de los límites humanos encubre riesgos evidentes: la colonización del cuerpo y la conciencia por parte de corporaciones, la reducción del sujeto a mero portador de información genética y la instrumentalización de la vida como recurso económico. El ser humano no puede ser pensado únicamente como objeto de programación biotecnológica; se trata de un ser complejo cuya dimensión ontológica, ética y cultural excede cualquier pretensión tecnocrática.

Por último, la humanidad se enfrenta a una decisión ética colectiva. El dilema no es sobre el tipo de tecnologías que queremos desarrollar, sino sobre qué tipo de humanidad queremos preservar y proyectar. Esta nueva etapa parece sacada de los escritos de Oscar Wilde, para quien las máquinas en condiciones favorables se encargarían de todo trabajo no intelectual. 64 La diferencia es que hoy el trabajo se expande también a lo intelectual.




NOTAS


[1] Este trabajo es parte de la tesis doctoral en comunicación "Metamorfosis y transhumanización del ser humano (posthumanización) en el cine de David Cronenberg", desarrollada en la Universidad de Málaga.

[2] Paula Sibilia, El hombre postorgánico (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008).

[3] Herminio Martins, Experimentum humanum: Civilização tecnológica e condição humana (Lisboa: Relógio D'Água, 2011).

[4] Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2004).

[5] Martins, Experimentum humanum.

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[7] Claude Lévi-Strauss, El pensamiento salvaje (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1964).

[8] Jean-François Lyotard, La condición postmoderna (Madrid: Cátedra, 1989).

[9] Éric Sadin, La humanidad aumentada: La administración digital del mundo (Buenos Aires: Caja Negra, 2017).

[10] Ibíd.

[11] Nick Bostrom, "Una historia del pensamiento transhumanista", Argumentos de Razón Técnica 14 (2011), https://tinyurl.com/34aa7xwj.

[12] Xavier Brito Alvarado, "Transhumanismo y posthumanismo: Cartografías biotecnológicas", Sociología y Tecnociencia 15, n.° 1 (2025): 3, https://doi.org/10.24197/st.1.2025.1-15.

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[17] En 1883, propuso modificar los rasgos hereditarios en la especie humana. Eugenesia significa 'buen nacer' o 'nacer bien'. Francis Galton, Inquiries into Human Faculty and Its Development (Londres: Macmillan, 1883).

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[50] Roberto Esposito, Bíos: Biopolítica y filosofía (Buenos Aires, Amorrortu, 2006), 76.

[51] Stiegler, "Hay que adaptarse", 14.

[52] Klaus Schwab, La Cuarta Revolución Industrial (Madrid: Debate, 2016).

[53] Esposito, Bíos, 78.

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[56] Hayles, How We Became Posthuman, 80.

[57] James Lovelock, Novaceno: La próxima era de la hiperinteligencia (Barcelona: Paidós, 2021).

[58] Cortina, "El transhumanismo como bioideología", 114.

[59] Nikolas Rose, Políticas de la vida (La Plata, AR: Editorial Universitaria, 2012).

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[63] Observatorio de Biopolítica, "Bioideologías: ¿Qué son y cuál es su fundamento filosófico?", Observatorio de Biopolítica, 20 de febrero de 2023, https://tinyurl.com/yc4we7yz.

[64] Oscar Wilde, The Soul of Man under Socialism (Londres: Verso, 2018 [1891]).

[65] Xavier Brito Alvarado y Ana María Sedeño Valdellós participaron en la conceptualización, investigación, redacción, revisión y edición del artículo.


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